Volamos de Madrid a Edimburgo, en su aeropuerto alquilamos un coche con el que nos desplazamos el resto del viaje, 1600
kilómetros de recorrido.
Llegamos a Inverness una ciudad
cuya pronunciación ya da frío.
Nos alojamos en un bed and
breakfast muy agradable, llamado Ardross Glencairn. Se trataban de casas del
siglo XIX adosadas. Un lugar limpio y bien atendido.
Inverness es una ciudad encantadora, pequeña y recorrida por el río Ness. La vista nocturna de la ciudad
sobre el río es encantadora. Y el paseo paralelo a su río también.
Desde Inverness vistamos el lago Ness, tiene 37 kilómetros de recorrido todo ello precioso, con parada en el Castillo de Urquhart que data del siglo XIII. No entiendo por qué con el frío y la humedad que hay en Escocia, los nobles se construían sus castillos en los lagos. Probablemente algo tendrán que ver las vistas y también la propia defensa.
Degustamos un fish and chips (Monster fish and chips Co) estupendo en Fort Augustus.
El paseo por esta localidad y alrededores del lago es encantador, desde aquí parte el ferry para recorrer el lago Ness, no pudimos ver
a Nessy. La localidad es pequeña, de unos 700 habitantes. En esta zona se
construyó un canal (Canal caledonio) que conecta el mar del Norte con el Océano
Atlántico, debido al desnivel, se tuvo que instalar un sistema de esclusas, una
de esas escaleras se encuentra en Fort Augustus. El paseo por el canal es curioso.
Continuamos por las carreteras de
la costa por la NC500 a Durness desde Inverness. La North Coast 500 es una ruta
panorámica de unos 800 kilómetros que enlaza carreteras de la costa del Norte
de las Highlands. Nuestro objetivo fue llegar a Wick (un poco antes de Durness)
a 240 km de Inverness hacia el mediodía. Por el camino paramos en Cromarty, un
pueblecito de apenas 700 habitantes que se encuentra frente al Mar del norte
compartiendo vistas con una plataforma petrolífera. Las casas frente al Mar
tienen grandes ventanales adornadas muchas de ella con piezas de cerámica en
venta en una tienda próxima. El Mar es de color gris enmarcado por las nubes
cargadas de lluvia.
La carretera es sinuosa a veces
peligrosa con el mar a la izquierda, pocas veces de frente. Atravesamos algún
puente como uno desde Tain También la neblina y la niebla en ocasiones es
compañera de viaje. En las Highlands las carreteras suelen ser single track
road, donde solo cabe un coche, cada ciertos metros a un lado o a otro hay
passing places donde el coche de un sentido permite el paso al de otro sentido
en una especie de repecho.
El paisaje está salpicado de las ovejitas algodonosas, sentadas sobre la hierba de color verde intenso, desde donde éstas contemplan grandes fajos plegados de cereal de forma cilíndrica en la parcela vecina.
Dormimos en Midtown, enfrente del Khile of
Tongue, un lago marino poco profundo. Se trataba de una encantadora casita con maravillosas vistas al Mar. Hay que
acordarse de llevar desayuno y cena, pues solo te proporcionan café, té y leche.
A día siguiente salimos de Midtown, siguiendo la
misma carretera paramos en el lago Eriboll también llamado fiordo de Eriboll ya
que aquí se encuentra un fiordo de 16 kilómetros de largo. Aquí los soldados escoceses se
prepararon para entrar en la Segunda Guerra Mundial.
Siguiendo el contorno de Escocia hacia el oeste y antes de llegar a Durness, vistamos La Smoo Cave. Una cueva construida por la erosión del mar y de un río
con una gran cascada y un puente movedizo. Continuamos por la NC 500 y llegamos a
Durness; el lugar de vacaciones de John Lennon en su infancia, desde los nueve a los 13 años. Dicen que "In my life" está inspirado en este lugar. Es posible habla de lugares que le marcaron tanto como algunas personas, es una de mis canciones favoritas de Beatles.
Continuamos la carretera y tras
180 kilómetros llegamos a Ullapool que tiene una avenida de aspecto marinero, ya que ésta discurre a lo largo de su puerto, llovía, este tiempo es lo que hace de Escocia un lugar tan bonito...
Continuamos por la carretera, ya hacia el Sur hasta la isla de Skye, llegando a ella a
través del puente que cubre el estrecho de Sleat, el Skye bridge. Dormimos en
un Bed and breakfast en Breakish, llamado Strathgorm, muy cerca del puente que
conecta la isla con el resto de Escocia. Sus dueños Allison y Neil eran encantadores y la casa es genial, con unas vistas espectaculares Cenamos en un
pequeño y encantador restaurante llamado Red Skye ubicado en una escuela del
siglo XIX. La comida muy buena, un plato de excelente de salmón con patatas y
espinacas nos costó 24 libras, delicioso.
Al día siguiente subimos al Old man of Storr. The Storr es una colina rocosa en la península de Trotternish en la propia isla de Skye. Escogimos la ruta más dura de 1,7 kilómetros, la alternativa es otra de 1.3 Merece la pena, las vistas son espectaculares La subida es algo dura por la lucha contra el viento, 45 minutos de caminata, la otra alternativa es de 30 minutos. En la cima vemos el old man, una roca de 50 metros de alto. Tras empaparte de la impactante panorámica te sientes muy bien al bajar, la ruta es algo dura.
El parking son 5 libras 6 horas. No hay alternativa.
La capital de la isla de Skye es Portree, una
encantadora población, en cuyo puerto las casitas de colores, le dan un toque muy
pintoresco. También podemos visitar las Fairy pools, un paseo muy agradable a través
de pequeñas cascadas, para ello hay que viajar en coche hasta Sligachan, donde
debemos dejar el coche en un parking para iniciar el paseo.
Abandonamos la isla de Skye, un
paraíso. Nada más pasar el puente de la isla de Skye visitamos el castillo de
Eilean del siglo XIII, situado en una isla en la confluencia de tres lagos a 1
kilómetro de Dornie. Es uno de los castillos más fotogénicos de Escocia, para mí
impresionante. Data del siglo XIII; fue reconstruido en el siglo XX,
siguiendo los planos originales.
Nos dirigimos a Glencoe. El trayecto hasta allí está
cuajado de lagos, ríos y montañas, paisajes muy fotogénicos. Aquí se produjo
una matanza entre escoceses en el siglo XVII. El pueblo está rodeado de
montañas esculpidas por glaciares hace
tres millones de años y donde se hizo la señal para comenzar la matanza.
Muy cerca en el Lost Valley caminamos al
pie de las Tree sisters, tres picos de origen volcánico con senderos rocosos y
hacia arriba que yo no pude continuar debido a la altura. Parece que aquí se trasladaron
para esconderse los supervivientes de la matanza de Glencoe.
Visitamos Fort William, la capital de las actividades al aire libre de Reino Unido. Aquí se encuentran algunos lugares donde se rodó Brave heart, también está la montaña mas alta del escocia el Glen Navis.
Tras pasar una noche en Fort William recorrimos la distancia hasta Glasgow, casi tres horas de coche.
El camino es grandioso. Tras dejar el valle de Glencoe todo el
camino nos acompaña el agua. En forma de riachuelos y cascadas que caen de las
montañas o en forma de lagos grandiosos con algún cisne y por supuesto en forma
de lluvia que es el precio que Escocía sea tan verde y preciosa. Y además ahora
en otoño con tonos de ocre espectaculares.
Y así llegamos a Glasgow. Se trata de una ciudad típica
británica con edificios sucios y oscuros, cuyas calles huelen permanentemente a
comida. A pesar de ello pasear por la calle Buchanan y escuchar artistas
callejeros cantar por Cranberries es delicioso.
Paramos ante un pequeño tributo a
los palestinos asesinados en Gaza ante la impasibilidad del mundo. La tristeza
nos invadió como siempre ante estos deleznables hechos.
Es interesante y bonito ver los
murales pintados en muros de la ciudad desde 2014.
Y de Glasgow la parada final de
nuestro viaje fue Edimburgo,, completando el circulo. Preciosa ciudad, aunque nos dio la bienvenida un
día oscuro y con una ciudad llena de gente ya que era sábado.
Pasear por esta ciudad es muy
agradable, sobre todo, si sale un rayo de sol. Recomiendo a parte de lo clásico
de Edimburgo, pasear por el Dean village. Un pequeño paseo que bordea el rio
Water of Leithe donde vemos casas del siglo XVII comienza en el Dean bridge. El
paseo incluso te invita a entrar por la Galería de arte Moderno que tiene un
acceso especial desde el río en ella vimos cuadros de Picasso, Cézanne, pero
pocos, reconozco que el Arte Moderno no es mi debilidad. Por supuesto es
gratis.
De lo clásico lo que que más me gustó fue la visita a la galería Nacional de Edimburgo, donde hay una pared con pinturas de Ribera, Murillo, El Greco, con una muy particular y desconocida para mí del autor grecoespañol, llamado La Fábula, Goya y la maravillosa Vieja friendo huevos de Velázquez.
También
las vistas nocturnas del castillo de Edimburgo, imponente. Al igual merece la
pena la subida a la colina de Calton Hill, sus vistas te hacen una idea integra
de la ciudad.
La visita a la catedral de St Giles, es muy interesante, para ver sus vidrieras y por si, como nos ocurrió a nosotros, tienes la suerte de escuchar una pequeña orquesta de cuerda
Nuestra última noche quisimos
cenar algo escocés. Fuimos a The Ivy y por supuesto terminamos con fish and
chips y Scotch pie, el restaurante es agradable y elegante. En el ranking de todos los fish and chips que
he probado en Escocia queda el ultimo. El mejor el de Fort Augustus sin duda.
Finalizamos nuestro viaje, merece totalmente la pena viajar en coche por las Highlands, si vencemos el miedo de conducir por la izquierda. La idea que te llevas de Escocia es muy diferente si solo visitas Edimburgo, indudablemente preciosa, pero Escocia en otra cosa, es el paraíso del agua, que corre libremente por todos sus paisajes y lo tiñe de un color verde intenso, además en cualquier rincón puedes encontrarte una maravillosa sorpresa.
Muy recomendable.