Comenzamos nuestro viaje el 3 de Abril de 2004; sentíamos una especie de liberación ya que hacía casi 2 años que no salíamos fuera de Madrid. Yo estaba un poco crispada por los últimos acontecimientos que habíamos vivido en el Mundo entero y especialmente en Madrid, donde había fallecido mi prima Lola en el atentado de Atocha del 11-M. Nos dirigimos hacia Zaragoza tras confundirnos en la salida y recorrer 30 kilómetros alrededor de Madrid, allí me reencontré con mi amiga Marisa, su marido y su hijo Juan. Comimos en un restaurante costillas de cordero, charlamos, nos confiamos alguna confidencia, mis niños jugaron a la Game Boy con Juan y más tarde seguimos nuestro camino hacia el Pirineo leridano. Nos costó llegar hasta la casa donde íbamos a vivir durante 7 días, debido a lo tortuoso de las carreteras y a nuestro desconocimiento de la zona, al llegar a la Casa Raons, que es como se llamaba nuestro destino, situado en Torre de Capdella, sufrimos una gran decepción: el apartamento (3ºD) lejos de ser rústico era cutre, aunque gozaba de bonitas vistas y la dueña, Mª Jesús, era encantadora. Intentamos paliar nuestros déficits y nuestra decepción con alegría e ilusión y bautizamos nuestra casa con el nombre de “la mansión”. Cenamos en el restaurante del Hotel del Valle del Fosca en Molinos, donde nos atendió una señora también encantadora, que a mi hija Eva le gustó mucho, pero no fue óbice para que me derramara media botella de vino en el pantalón, jersey y bolso, no olvidemos que en la mansión no había lavadora. Por cierto la encantadora señora no tuvo ningún detalle con nosotros tras el percance.
El Domingo día 4 amaneció un bonito día y nos dirigimos hacia El valle del Boí, yo llevaba muchos años con la ilusión de conocerlo y no me decepcionó. Recorrimos Barruera, Boí, Durro, Eril la Val, la estación de esquí de Boí- Taull, donde se me puso la nariz completamente roja y por último Taull, donde se encuentra la maravillosa iglesia románica de Sant Climent de Taull consagrada nada menos que en 1123: Es un edificio de planta basilical con 3 ábsides y un campanario de 6 plantas, al parecer construido por la influencia de los técnicos lombardos que sembraron el valle de estas torres ya que se pueden ver en Sant Joan de Boí (que no visitamos), La Natividad de Durro (donde hay una reconstrucción muy peculiar de una de las ventanas con arco), Santa María de Taull, Sant Feliu de Barruera, etc, por cierto todas nos costaron 1 euro la visita. Mientras mis hijos y Enrique subían los 6 pisos del campanario de Sant Climent yo me dediqué a leer las leyendas escritas en la iglesia explicando los restos que quedaban, ya que la iglesia bajo la explotación privada ya no es tal sino una especie de museo, donde apenas se contempla El Pantócrator en el altar (y es una reproducción), alguna talla románica y poco más. Al salir descubrimos una pequeña taberna justo al lado de Sant Climent donde había unas mesas en la terraza y se escuchaba música clásica especialmente barroca, era maravilloso pues lucía un sol espléndido y decidimos comer allí unas deliciosas tostas de escalivada, de lomo y de queso acompañadas de una cervecita. Enrique hijo se cayó y se hizo una herida en la rodilla, nos hicimos amigos de un perro (sobre todo Enrique pequeño) que nos acompañó en nuestro paseo por el pueblo donde intentamos sin éxito encontrar un nuevo alojamiento. A volver cenamos en una Brasserie sita en La Pobleta de Bellveí, donde por supuesto sólo comimos carne, a excepción de un exqueisada., el sitio era muy acogedor con una gran chimenea y el señor que lo atendía muy amable y muy interesado en los progresos de catalán de Eva.
El Lunes día 5 quedamos con nuestros amigos Santiago, Mª Ángeles y sus hijos Miguel y Paloma, decidimos subir al Parque Nacional de Äiguastortes i Estany Sant Maurici desde Espot, allí dejamos los coches y comenzamos la subida de 4 Kilómetros hacia el lago de San Mauricio, fué difícil pues estaba casi todo el camino cubierto de nieve y subir con 4 niños que juegan constantemente en ella es complicado, pero lo conseguimos y llegamos al lago. Nos decepcionó un poco pues estaba cubierto de nieve y no se distinguía que era un lago, pero lo pasamos bien, comimos unos bocadillos con embutido y queso que habíamos comprado en Sort, el paraíso de la Lotería. A la vuelta volvimos por el mismo puerto por el que accedimos a Gerri de La Sal, bastante complicado para conducir, pero Enrique es muy buen conductor y yo una copiloto pesada, pasamos por pueblos como Peramea, Betuí y Montcortés. Esa noche al volver buscamos un sitio para cenar, pero en toda la comarca no encontramos nada, pues o cerraban o sólo era para las personas que se alojaban en las casas rurales u hoteles. Conseguimos que en La Plana de Montrrós un señor (que apenas hablaba) en un restaurante vacío nos friera un par de huevos fritos con una ensalada catalana (con embutidos) y una patatas fritas.
El día 6 quedamos con nuestros amigos para ir a Andorra. Ese día decidimos desayunar fuera; primero paramos en Gerri de la Sal, entramos en un bar donde preguntamos si tenían algo para desayunar y nos contestaron que no, tras la perplejidad llegamos por recomendación de unos vecinos de este pueblo a un restaurante de Baro llamado Les Cassoles de Baro donde nos sirvieron unas tostas con tomate y aceite que nos sentaron de maravilla, luego el dueño nos obsequió con un queso que nos encantó. Tras un largo camino por las montañas llegamos a La Seu de Urgell visitando su catedral románica del siglo XII con pinceladas góticas (arbotantes y vidriera), muy austera pero muy bonita. Visitamos su mercado al aire libre, donde nos llamó la atención sus puestos de bacalao salado y la música flamenca que se vendía e inundaba todo el mercadillo de sonido “caño roto”. Llegamos por fin a Andorra; había una gran cantidad de coches circulando, no nos causó gran impresión, todo estaba lleno de tiendas, muchos restaurantes y poco que ver. Tras el abandono por parte de nuestros amigos con excusas misteriosas, buscamos un pequeño restaurante de tintes italianos con nombre francés (París) y comimos pasta, ya que estábamos un poco hartos de comer carne y embutidos. Luego tras visitar el punto de información turístico y enterarnos que el primer pueblo francés estaba a 45 Kms. de donde nos encontrabamos, decidimos ir a visitar Ordino, un pequeño pueblo andorrano en las montañas, bastante bonito. Volvimos a España tras una hora y media de caravana para salir de Andorra, decidimos no regresar nunca allí. Esa noche no nos dieron de cenar en ningún sitio y nos montamos nuestra propia cena en la mansión.
El día 7 decidimos quedarnos en el Valle Del Fosca y nos sorprendió su belleza; subimos hasta la presa Sallente, un lago artificial que conecta con un teleférico que funciona sólo los meses de verano, llevandote al lago Gento en pleno Aigüastortes (o aguas torpes como decía Eva). Estaba todo nevado, hacía un frío terrible, pero mis hijos y Enrique lo pasaron en grande tirándose bolas de nieve, yo como no sé jugar, me limitaba a mirarlos y a censurarles cuando hacía falta y con ello disfrutaba. El sitio tenía mucho encanto, sobre todo porque estábamos solos. También hicimos una pequeña excursión subiendo una montaña, justo antes de subir a Capdella, donde el río El Flamissell baja en dos vertientes y se convierte en una. Ese día comimos en el Hostal Montseny, situado en Espui, donde no te preguntaban qué querias comer, se limitaban a ponerte una tabla de embutidos catalanes con dos tarrinas: una de queso para untar y otra de paté, a continuación para picar nos pusieron una exqueisada, jamón y morcilla de arroz frita. Luego de segundo tres tipos de carne guisada (uf!) y postre, todo ello con vino, casera y cafés nos costó 63 euros. Después de comer visitamos Pont de Suert un pueblo a medio camino del Valle de Boí, con una extraña iglesia, con tintes dalinianos. Ese día, al volver, improvisamos otra cena en la mansión.
El día 8 quedamos con nuestros amigos en Gerri de la Sal, esta vez fuimos por la autovía que pasa a través de La Pobla de Segur. Gerri de la Sal es un pueblo muy pintoresco, con una producción importante de sal, de ahí su nombre, donde visitamos su iglesia-monasterio románico, llamada de Santa María al módico precio de 1.5 euros por persona, excepto niños, lo más llamativo de esta edificación, era el expolio que sufrió en la Guerra Civil, donde se llevaron el coro y quemaron diversos elementos, sólo sobrevivieron 5 sillas del coro que se llevó un señor a su casa y después de la contienda devolvió ( todo esto nos lo explicó el sacristán, con un simpático acento andaluz). Más tarde caminamos por una montañita desde la ladera del río Noguera Pallaresa hasta una ermita muy pequeña que se divisa desde la carretera y donde yo me vuelvo a preguntar cómo en el siglo XI pudieron llevar los materiales de construcción hasta allí. Decidimos reservar en Les cassoles de Baro donde su dueño Xavi nos trató de maravilla y comimos excelentemente por el mismo precio que en Hostal Montseny pero a la carta, tengo que destacar sobre todo su maravillosa escalivada. Después de comer nos desplazamos a Sort donde todos nos compramos camisetas en una tienda llamada La Samarreta, luego fuimos a la casa de nuestros amigos situada en Les Llagunes, un bonito pueblo de diseño situado entre montañas. Su casa resultó preciosa, allí merendamos una especie de tarta de Sort rellena de manzana y crema, muy rica, mientras nevaba fuera, era un paisaje muy parecido a la Navidad.
El día 9 estuvimos por la mañana tirando bolas de nieve otra vez en la presa de Sallente, pero esta vez con mucha gente, bajamos hasta la preciosa ermita de Sant Martí de la Torre de Capdella del siglo XI, aunque debido a sus dimensiones es posible que se trate de un edificio inacabado o derruido en su día. A la hora de comer quedamos de nuevo en Les cassoles de Baro donde Xavi nos dio de comer muy bien pero tratando de reparar los déficits que tuvo, ya que se desbordó por la festividad, con una botella de cava llamado Maset del Lleó, cuyo sabor nos sorprendió; al menos a mí, ya que no tenía nada que ver con los que había probado hasta el momento. Después de comer nos desplazamos hasta Llagunes donde acompañados de un guía fuimos primero con coche y después andando hasta un poblado medieval llamado Santa Creu de Llagunes, situado en la cima de una montaña, donde hacía un frío terrible y soplaba mucho el viento. Me gustó la respuesta del guía a mi pregunta de por qué vivían en sitio tan inhóspito, fué que la seguridad en aquellos tiempos primaba sobre la comodidad, desde luego seguros estaban, ya que es un sitio inexpugnable. Luego nos condujeron hasta un pequeño museo que el propio guía y su mujer habían montado en su casa, donde colocaron diversos restos encontrados en el poblado, incluso del Paleolítico y fotos del estado del poblado antes de la reconstrucción, nos despedimos del guía pagandole 10 € por familia. Acabamos el día de nuevo comiendo la misma tarta, nos despedimos de nuestros amigos y volvimos a la mansión, donde nos arreglamos con una pequeña cena.
El día 10 nos levantamos pronto y tras despedirnos de nuestra casera y comprar diversos bollos del lugar nos marchamos de la Torre de Capdella. Desayunamos en Senterada, un pueblo con farmacia que nos vino muy bien días antes para combatir los visitantes de Eva y por ende los nuestros también, la señora de “Casa Leonardo” nos ofreció dos tipos de tarta casera, una de manzana con crema y una especie de bizcocho de chocolate, estaban buenísimas. Más tarde decidimos parar en Lleida y allí contemplamos su conjunto románico que los ilerdenses llaman “El castillo”, nos llamó la atención los accesos que eran muy buenos, pero la catedral vieja estaba un poco deteriorada, aunque no la pudimos visitar pues estaban cerrándola por ser la hora de comer. El conjunto era impresionante. Volvimos a coger el coche y comimos en un lugar recomendado por la guía CAMPSA llamado El patio de Goya, haciendo referencia a la proximidad de Fuendetodos, cuna de Goya, aunque la localidad donde se encontraba era La Almunia de Doña Godina. Nos encantó la comida, sobre todo la sinfonía de setas y el revuelto de morcilla, exquisito, mis niños comieron de maravilla.
De allí nos fuimos al Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, lugar donde nos hospedamos Enrique y yo hacía 11 años y nos apetecía volver a visitar, pero esta vez con nuestros hijos. Es precioso, estaba un poco cambiado, después de pagar la entrada y pasando la tienda de productos monacales; divisamos el claustro herreriano de 1582, donde se contemplan dos estatuas de dos obispos; el de Sigüenza y el arzobispo de Toledo, mientras nos hacíamos fotos el portero del Monasterio nos llamó la atención porque, según él estábamos perdiendo el tiempo (tenía prisa por cerrar). Habían puesto ventanas al claustro, desde luego hacía menos frío pero le quitaba bastante encanto..
Luego visitamos el otro claustro plateresco, la sala de los conversos, la cocina monumental, la iglesia, con su preciosa vidriera y sus sepulcros, la cilla o almacén, el refectorio, etc... Nos marchamos de allí y decidimos pasar por Medinaceli, aunque oímos a un visitante que hacía mucho frío en la ciudad del cielo. Subimos encontrándonos primero con su arco romano, cubierto por andamios, pues estaban reconstruyéndolo. Mis niños se encontraron con unos columpios y no pudieron evitar montarse en ellos a pesar del frío. Paseamos por sus preciosas calles, por la Plaza Mayor, pasó un cortejo procesional ya que era Sábado de Gloria. Cuando ya estábamos apunto de marcharnos, Enrique descubrió una casa que vendían del Siglo XVI, por supuesto ya ha llamado y le ronda la cabeza comprarla, no sé en qué quedaremos.
Subimos a nuestro coche dirigiéndonos hacia nuestra preciosa casa, felices por haber pasado unos días tan estupendos y yo muy contenta por haber disfrutado de mi marido y mis hijos al 100%. Son mi vida.
El Domingo día 4 amaneció un bonito día y nos dirigimos hacia El valle del Boí, yo llevaba muchos años con la ilusión de conocerlo y no me decepcionó. Recorrimos Barruera, Boí, Durro, Eril la Val, la estación de esquí de Boí- Taull, donde se me puso la nariz completamente roja y por último Taull, donde se encuentra la maravillosa iglesia románica de Sant Climent de Taull consagrada nada menos que en 1123: Es un edificio de planta basilical con 3 ábsides y un campanario de 6 plantas, al parecer construido por la influencia de los técnicos lombardos que sembraron el valle de estas torres ya que se pueden ver en Sant Joan de Boí (que no visitamos), La Natividad de Durro (donde hay una reconstrucción muy peculiar de una de las ventanas con arco), Santa María de Taull, Sant Feliu de Barruera, etc, por cierto todas nos costaron 1 euro la visita. Mientras mis hijos y Enrique subían los 6 pisos del campanario de Sant Climent yo me dediqué a leer las leyendas escritas en la iglesia explicando los restos que quedaban, ya que la iglesia bajo la explotación privada ya no es tal sino una especie de museo, donde apenas se contempla El Pantócrator en el altar (y es una reproducción), alguna talla románica y poco más. Al salir descubrimos una pequeña taberna justo al lado de Sant Climent donde había unas mesas en la terraza y se escuchaba música clásica especialmente barroca, era maravilloso pues lucía un sol espléndido y decidimos comer allí unas deliciosas tostas de escalivada, de lomo y de queso acompañadas de una cervecita. Enrique hijo se cayó y se hizo una herida en la rodilla, nos hicimos amigos de un perro (sobre todo Enrique pequeño) que nos acompañó en nuestro paseo por el pueblo donde intentamos sin éxito encontrar un nuevo alojamiento. A volver cenamos en una Brasserie sita en La Pobleta de Bellveí, donde por supuesto sólo comimos carne, a excepción de un exqueisada., el sitio era muy acogedor con una gran chimenea y el señor que lo atendía muy amable y muy interesado en los progresos de catalán de Eva.
El Lunes día 5 quedamos con nuestros amigos Santiago, Mª Ángeles y sus hijos Miguel y Paloma, decidimos subir al Parque Nacional de Äiguastortes i Estany Sant Maurici desde Espot, allí dejamos los coches y comenzamos la subida de 4 Kilómetros hacia el lago de San Mauricio, fué difícil pues estaba casi todo el camino cubierto de nieve y subir con 4 niños que juegan constantemente en ella es complicado, pero lo conseguimos y llegamos al lago. Nos decepcionó un poco pues estaba cubierto de nieve y no se distinguía que era un lago, pero lo pasamos bien, comimos unos bocadillos con embutido y queso que habíamos comprado en Sort, el paraíso de la Lotería. A la vuelta volvimos por el mismo puerto por el que accedimos a Gerri de La Sal, bastante complicado para conducir, pero Enrique es muy buen conductor y yo una copiloto pesada, pasamos por pueblos como Peramea, Betuí y Montcortés. Esa noche al volver buscamos un sitio para cenar, pero en toda la comarca no encontramos nada, pues o cerraban o sólo era para las personas que se alojaban en las casas rurales u hoteles. Conseguimos que en La Plana de Montrrós un señor (que apenas hablaba) en un restaurante vacío nos friera un par de huevos fritos con una ensalada catalana (con embutidos) y una patatas fritas.
El día 6 quedamos con nuestros amigos para ir a Andorra. Ese día decidimos desayunar fuera; primero paramos en Gerri de la Sal, entramos en un bar donde preguntamos si tenían algo para desayunar y nos contestaron que no, tras la perplejidad llegamos por recomendación de unos vecinos de este pueblo a un restaurante de Baro llamado Les Cassoles de Baro donde nos sirvieron unas tostas con tomate y aceite que nos sentaron de maravilla, luego el dueño nos obsequió con un queso que nos encantó. Tras un largo camino por las montañas llegamos a La Seu de Urgell visitando su catedral románica del siglo XII con pinceladas góticas (arbotantes y vidriera), muy austera pero muy bonita. Visitamos su mercado al aire libre, donde nos llamó la atención sus puestos de bacalao salado y la música flamenca que se vendía e inundaba todo el mercadillo de sonido “caño roto”. Llegamos por fin a Andorra; había una gran cantidad de coches circulando, no nos causó gran impresión, todo estaba lleno de tiendas, muchos restaurantes y poco que ver. Tras el abandono por parte de nuestros amigos con excusas misteriosas, buscamos un pequeño restaurante de tintes italianos con nombre francés (París) y comimos pasta, ya que estábamos un poco hartos de comer carne y embutidos. Luego tras visitar el punto de información turístico y enterarnos que el primer pueblo francés estaba a 45 Kms. de donde nos encontrabamos, decidimos ir a visitar Ordino, un pequeño pueblo andorrano en las montañas, bastante bonito. Volvimos a España tras una hora y media de caravana para salir de Andorra, decidimos no regresar nunca allí. Esa noche no nos dieron de cenar en ningún sitio y nos montamos nuestra propia cena en la mansión.
El día 7 decidimos quedarnos en el Valle Del Fosca y nos sorprendió su belleza; subimos hasta la presa Sallente, un lago artificial que conecta con un teleférico que funciona sólo los meses de verano, llevandote al lago Gento en pleno Aigüastortes (o aguas torpes como decía Eva). Estaba todo nevado, hacía un frío terrible, pero mis hijos y Enrique lo pasaron en grande tirándose bolas de nieve, yo como no sé jugar, me limitaba a mirarlos y a censurarles cuando hacía falta y con ello disfrutaba. El sitio tenía mucho encanto, sobre todo porque estábamos solos. También hicimos una pequeña excursión subiendo una montaña, justo antes de subir a Capdella, donde el río El Flamissell baja en dos vertientes y se convierte en una. Ese día comimos en el Hostal Montseny, situado en Espui, donde no te preguntaban qué querias comer, se limitaban a ponerte una tabla de embutidos catalanes con dos tarrinas: una de queso para untar y otra de paté, a continuación para picar nos pusieron una exqueisada, jamón y morcilla de arroz frita. Luego de segundo tres tipos de carne guisada (uf!) y postre, todo ello con vino, casera y cafés nos costó 63 euros. Después de comer visitamos Pont de Suert un pueblo a medio camino del Valle de Boí, con una extraña iglesia, con tintes dalinianos. Ese día, al volver, improvisamos otra cena en la mansión.
El día 8 quedamos con nuestros amigos en Gerri de la Sal, esta vez fuimos por la autovía que pasa a través de La Pobla de Segur. Gerri de la Sal es un pueblo muy pintoresco, con una producción importante de sal, de ahí su nombre, donde visitamos su iglesia-monasterio románico, llamada de Santa María al módico precio de 1.5 euros por persona, excepto niños, lo más llamativo de esta edificación, era el expolio que sufrió en la Guerra Civil, donde se llevaron el coro y quemaron diversos elementos, sólo sobrevivieron 5 sillas del coro que se llevó un señor a su casa y después de la contienda devolvió ( todo esto nos lo explicó el sacristán, con un simpático acento andaluz). Más tarde caminamos por una montañita desde la ladera del río Noguera Pallaresa hasta una ermita muy pequeña que se divisa desde la carretera y donde yo me vuelvo a preguntar cómo en el siglo XI pudieron llevar los materiales de construcción hasta allí. Decidimos reservar en Les cassoles de Baro donde su dueño Xavi nos trató de maravilla y comimos excelentemente por el mismo precio que en Hostal Montseny pero a la carta, tengo que destacar sobre todo su maravillosa escalivada. Después de comer nos desplazamos a Sort donde todos nos compramos camisetas en una tienda llamada La Samarreta, luego fuimos a la casa de nuestros amigos situada en Les Llagunes, un bonito pueblo de diseño situado entre montañas. Su casa resultó preciosa, allí merendamos una especie de tarta de Sort rellena de manzana y crema, muy rica, mientras nevaba fuera, era un paisaje muy parecido a la Navidad.
El día 9 estuvimos por la mañana tirando bolas de nieve otra vez en la presa de Sallente, pero esta vez con mucha gente, bajamos hasta la preciosa ermita de Sant Martí de la Torre de Capdella del siglo XI, aunque debido a sus dimensiones es posible que se trate de un edificio inacabado o derruido en su día. A la hora de comer quedamos de nuevo en Les cassoles de Baro donde Xavi nos dio de comer muy bien pero tratando de reparar los déficits que tuvo, ya que se desbordó por la festividad, con una botella de cava llamado Maset del Lleó, cuyo sabor nos sorprendió; al menos a mí, ya que no tenía nada que ver con los que había probado hasta el momento. Después de comer nos desplazamos hasta Llagunes donde acompañados de un guía fuimos primero con coche y después andando hasta un poblado medieval llamado Santa Creu de Llagunes, situado en la cima de una montaña, donde hacía un frío terrible y soplaba mucho el viento. Me gustó la respuesta del guía a mi pregunta de por qué vivían en sitio tan inhóspito, fué que la seguridad en aquellos tiempos primaba sobre la comodidad, desde luego seguros estaban, ya que es un sitio inexpugnable. Luego nos condujeron hasta un pequeño museo que el propio guía y su mujer habían montado en su casa, donde colocaron diversos restos encontrados en el poblado, incluso del Paleolítico y fotos del estado del poblado antes de la reconstrucción, nos despedimos del guía pagandole 10 € por familia. Acabamos el día de nuevo comiendo la misma tarta, nos despedimos de nuestros amigos y volvimos a la mansión, donde nos arreglamos con una pequeña cena.
El día 10 nos levantamos pronto y tras despedirnos de nuestra casera y comprar diversos bollos del lugar nos marchamos de la Torre de Capdella. Desayunamos en Senterada, un pueblo con farmacia que nos vino muy bien días antes para combatir los visitantes de Eva y por ende los nuestros también, la señora de “Casa Leonardo” nos ofreció dos tipos de tarta casera, una de manzana con crema y una especie de bizcocho de chocolate, estaban buenísimas. Más tarde decidimos parar en Lleida y allí contemplamos su conjunto románico que los ilerdenses llaman “El castillo”, nos llamó la atención los accesos que eran muy buenos, pero la catedral vieja estaba un poco deteriorada, aunque no la pudimos visitar pues estaban cerrándola por ser la hora de comer. El conjunto era impresionante. Volvimos a coger el coche y comimos en un lugar recomendado por la guía CAMPSA llamado El patio de Goya, haciendo referencia a la proximidad de Fuendetodos, cuna de Goya, aunque la localidad donde se encontraba era La Almunia de Doña Godina. Nos encantó la comida, sobre todo la sinfonía de setas y el revuelto de morcilla, exquisito, mis niños comieron de maravilla.
De allí nos fuimos al Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, lugar donde nos hospedamos Enrique y yo hacía 11 años y nos apetecía volver a visitar, pero esta vez con nuestros hijos. Es precioso, estaba un poco cambiado, después de pagar la entrada y pasando la tienda de productos monacales; divisamos el claustro herreriano de 1582, donde se contemplan dos estatuas de dos obispos; el de Sigüenza y el arzobispo de Toledo, mientras nos hacíamos fotos el portero del Monasterio nos llamó la atención porque, según él estábamos perdiendo el tiempo (tenía prisa por cerrar). Habían puesto ventanas al claustro, desde luego hacía menos frío pero le quitaba bastante encanto..
Luego visitamos el otro claustro plateresco, la sala de los conversos, la cocina monumental, la iglesia, con su preciosa vidriera y sus sepulcros, la cilla o almacén, el refectorio, etc... Nos marchamos de allí y decidimos pasar por Medinaceli, aunque oímos a un visitante que hacía mucho frío en la ciudad del cielo. Subimos encontrándonos primero con su arco romano, cubierto por andamios, pues estaban reconstruyéndolo. Mis niños se encontraron con unos columpios y no pudieron evitar montarse en ellos a pesar del frío. Paseamos por sus preciosas calles, por la Plaza Mayor, pasó un cortejo procesional ya que era Sábado de Gloria. Cuando ya estábamos apunto de marcharnos, Enrique descubrió una casa que vendían del Siglo XVI, por supuesto ya ha llamado y le ronda la cabeza comprarla, no sé en qué quedaremos.
Subimos a nuestro coche dirigiéndonos hacia nuestra preciosa casa, felices por haber pasado unos días tan estupendos y yo muy contenta por haber disfrutado de mi marido y mis hijos al 100%. Son mi vida.
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