viernes, 25 de diciembre de 2009

VIAJE POR EUROPA NOROESTE (Agosto 2005): de Blois a Praga.







Comenzamos levantándonos muy pronto, pero como siempre, se nos hizo muy tarde. Salimos a las 7.45 AM y sobre las 12.00 llegamos al País Vasco, pensamos en comer primero en Zarauz pero la falta de señalización de aparcamientos nos hizo desistir de la idea, luego pasamos por Orio y creímos que era nuestro sitio para comer pero no vimos nada, tampoco por el camino.

Así que paramos en una gasolinera y nos recomendaron un restaurante en Usurbil, pero no lo encontramos y el pueblo era demasiado batasuno para nosotros llevando un coche de matrícula de Madrid, había demasiado signos externos de ello: fotos de etarras, pancartas, etc....

Llegamos entonces a San Sebastián decidimos aparcar y lo hicimos en la calle de Segundo Ispizúa , caminamos un rato y llegamos al Kursaal, atravesamos el Río por el puente y entramos en el casco antiguo, pasando la iglesia de San Martín y bajo la recomendación de un peatón entramos en la calle 31 de Agosto y al no poder comer en un bar de tapas por estar lleno y por la antipatía de su dueño nos sentamos a comer en Alberto Jatetxea, en una sala muy pequeña al igual que la señora que nos atendía, elegimos el menú Enrique y yo: ensalada de atún y tomate para uno y cogollos con anchoas para otro, luego txangurro al horno para dos, todo al “módico precio” de 18,7 € más IVA, los niños eligieron carne con patatas.

Pero la sorpresa llegó, cuando vino el txangurro: atónitos preguntamos a la señora si “eso” era para dos, a lo que la señora respondió taxativamente que sí, mientras mirábamos un pequeño caparazón con un minúsculo relleno. Pedimos postre para los niños (tarta de Santiago) y café para nosotros pagamos los 68 € sin dejar propina. La experiencia donostiarra no nos gustó nada, especialmente a Enrique que era la primera vez que visitaba San Sebastián.
Decidimos no parar hasta Blois, en el Valle del Loira, que era nuestro primer destino, así lo hicimos llegando al acogedor Novotel Blois a las 21.00 de la noche.

El hotel estaba situado en La Chausée Saint Victor, una población residencial pegada a Blois por una calle. El Hotel estaba diseñado especialmente para niños, la habitación la compartíamos y era espaciosa.

Nos levantamos pronto, bajamos a asaltar el buffé casi 12 € por persona , los niños gratis como en toda la cadena, creo que no le éramos rentables al Hotel por lo que comíamos; especialmente mi marido..

Decidimos visitar el Castillo de Chennonceaux, el camino era muy bonito, bordeaba toda la carretera de bosques frondosos con algún lago a la orilla de la carretera, atravesamos dos pueblos preciosos: Pontlevoy y Montrichard. Llegamos a Chennonceaux o Chateau des dames, un castillo impresionante edificado sobre el Río Cher en el siglo XVI, por Catherine de Briçonnet y Thomas Bohier, el hijo de éstos Antoine heredó Chennonceaux pero bajo las intrigas de la corte, el rey Francisco I consiguió que fuera de él, tras conmutar, a cambio del castillo la multa exagerada que le impuso al dueño, por no tener las cuentas en regla.
La edificación era colosal todas las habitaciones disponían de chimeneas monumentales. La habitación de Diana de Poitiers, otra propietaria de Chennonceaux tras regalárselo su amante Enrique II, estaba decorada en azul, para mí la más bonita del castillo, pero en esplendor la supera la cocina dividida en varias estancias, edificada sobre los pilares que sujetan al Castillo sobre el río, con unas vistas preciosas.

Allí todavía se ve el lugar donde se desollaba el jabalí, se cocía el pan y se cocinaban viandas, estaba un poco modernizada tras la 2ª guerra Mundial, donde el Castillo hizo de hospital, cedido por el entonces propietario Gastón Menier. Las escaleras de estilo italiano, están cubiertas por una bóveda con adornos de llaves, frutas y flores, algunos amartillados en la Revolución Francesa, aunque el Castillo fue bastante respetado gracias a Madame Dupin, abuela de George Sand.

Antes de marcharnos de ese lugar encantador, alquilamos una barca y atravesamos el castillo a través del río; hacía un día precioso y el paseo fue muy agradable aunque yo me puse un chaleco salvavidas y mi aspecto no era muy atractivo.
Acabamos pasando de nuevo bajo el castillo por la escalera que comunicaba el río con la cocina para llevar la intendencia al Castillo.Decidimos comer en Chenonceaux en un sitio encantador llamado Relais Chennonceaux, en un jardín muy agradable donde mis niños tomaron crêpes y admiraron al loro blanco que había en la jaula de pájaros.
Al terminar de comer nos dirigimos a Amboise; un pueblo pequeño donde se encuentra la tumba de Leonardo Da Vinci en la capilla de un castillo colosal a orillas del Loira, allí me compré un abanico bordado, un capricho un poco caro tras ver el precio que tendría en Brujas.
Acabamos la tarde en Blois, cuna del mago Robert Houdin, intentamos seguir los 4 símbolos de la ciudad que marcan itinerarios: el puerco espín, emblema de Luis XII que lleva a los jardines reales y al Castillo, la flor de lis que conducen a los palacetes renacentistas del barrio de Puit Chatel, las torres de las abadías de San Nicolás que va por los alrededores del barrio de estudiantes y por último el circuito más largo siguiendo las velas de un barco que nos muestra las vistas más bonitas de la ciudad sobre el río.
El Lunes 8 de Agosto comenzamos el día dirigiéndonos a Chambord; pero antes de llegar a él nos adentramos en un bosque de 5000 hectáreas cerrado por un muro de 32 kilómetros que te hace la idea de cómo vivían los reyes en esa época.

Chambord es un castillo del siglo XVI, construido por Francisco I, impresionante y mucho más grande que Chennonceaux, varias chimeneas coronan el castillo, a la entrada hay una gran escalera monumental de caracol que comunica los tres pisos del castillo, diseñada en forma de hélice, su amplitud estaba diseñada para que dos personas pudieran subir y bajar las escaleras sin cruzarse, el castillo está lleno de apartamentos pequeños que hacían más acogedor el castillo y por supuesto lleno de chimeneas monumentales renacentistas.
En este castillo Molière representó muchas de sus obras para Luis XIV. El último piso se ha decorado con motivos de caza; no me gustó excepto una habitación en el que en el suelo se proyectaban numerosas ramas y pájaros. De aquí nos fuimos a Orleáns, la ciudad que vio nacer a Juana de Arco, con una catedral gótica del siglo XIII (Santa Cruz), muy parecida a Notrê Dame, la casa de la santa está muy reconstruida, pero resulta bonita.
Acabamos el día visitando Chaumont sur La Loire, el castillo con el que Diana de Poitiers tuvo que conformarse tras devolver Chennonceaux a Catalina de Médicis, era muy bonito, se asomaba espectacularmente sobre el Río; aunque estaba cerrado, pudimos admirar su estructura bien conservada y con esta visita acabamos nuestra jornada.
El último día decidimos visitar Cheverny, en la carretera vimos que estaba señalizado el Castillo de Beauregard (buena vista) así que decidimos visitarlo antes: la entrada de este castillo es espectacular, bordeada de setos recortados.

El diseño del jardín es de Gilles Climent y tiene 60 hectáreas, la edificación es asimétrica, con dos chimeneas a la derecha que parecen añadidas posteriormente, al lado la casa de los Guardianes (¿) y detrás un lago que te hace la idea de cómo vivían los habitantes de este castillo y por qué lo llamaron así. Beauregard es contemporáneo de Cheverny y es famoso por los 327 retratos de reyes y sus amantes de los siglos XIV al XVII.
Cheverny, inspiró a Hergé para crear el castillo de Haddock, el capitán borrachín de Tintín que en el cómic se llama castillo de Moulinsart. El castillo es propiedad de los Hurault, descendientes directos de los constructores del castillo, familia conocida en Blois desde el Siglo XIII, el conde de Cheverny y su esposa Marguerite lo mandaron construir hacia 1620, de estilo vanguardista en la época, con Cheverny se inventa la arquitectura francesa de la primera mitad del siglo XVII.

Los jardines están muy cuidados y es muy agradable su paseo, la tienda instalada en el invernadero es preciosa llena de vajillas decoradas, una de ellas con dibujos de El Principito de Antoine de Saint Exupery, desde la salida de la tienda se contempla la cara posterior del castillo de estilo Luis XIII, llama la atención la blancura de la piedra, llamada de Bourré que se blanquea con el tiempo.

El interior del Castillo es curioso, pues se contemplan fotos de sus actuales propietarios, retratos de sus antepasados y unos frescos en las paredes del comedor, pintados por Jean Monier y en la que se contemplan dibujos sobre el Quijote muy de moda en el Siglo XVII, también impresiona el aparador de roble macizo de un artesano de Blois con el escudo de armas de la familia.
Saliendo del castillo había una iglesia llamada de Saint Etiènne de estilo normando muy bonita en cuyo interior se podían leer los nombres de víctimas de la I Guerra Mundial, familias enteras, como siempre el pueblo es precioso y estaba lleno de flores (village fleuri).
Salimos y decidimos comer en un pueblo llamado Bracieux, entramos en un restaurante que prometía pero el dueño con un mal gesto nos dijo que ya no nos atendía, acabamos al lado del ayuntamiento en un local llamado Le Comerce, barato con buffet de ensaladas, no estaba mal si no entrabas en la “toilette”.
Nos dirigimos al terminar de comer a Beaugency, un pueblo a caballo entre Blois y Orleáns, está catalogado como uno de los paseos más bellos de Francia, y es cierto, posee pequeños canales adornados de flores, una Torre del siglo XI (Torre de César) y un espectacular puente sobre el Loira también del siglo XI que adornaba la vista desde una playa improvisada por sus habitantes. En ésta alquilamos una bici de 4 personas, nos lo pasamos muy bien paseando por el pueblo y bordeando el Loira.
Acabamos cenando en el Hotel. El día 10/08/2005 salimos temprano del Novotel Blois y atravesamos lo que nos quedaba de Francia, pero al llegar a París, nos encontramos con un gran atasco que nos entretuvo una hora.

Nos equivocamos en el camino y tras comer en una vía de servicio, dimos un pequeño rodeo para llegar a Lille, salimos de Francia y como manda el tratado de Schengen, llegamos a Bélgica sin enterarnos, el paisaje era muy verde con vacas sentadas (apreciación de Enrique padre) a ambos lados de la carretera e iglesias normandas en el centro de los pueblecitos ordenados.
Llegamos a Gante, Gent (flamenco) o Gand (francés), ciudad de Flandes, cuna de Carlos I y ciudad sin coches, lo primero que se hace al entrar en la ciudad es dejar el automóvil en los parkings que existen (P2, P9), nos despistamos algo pero un policía municipal que hablaba algunas palabras en castellano derivado de su estancia en la Costa del Sol ; nos ayudó a localizar el Hotel.

Gante es una ciudad maravillosa cuyo símbolo es una soga porque el emperador Carlos V castigó a sus habitantes en 1537 a llevar soga al cuello y de vestimenta una saya y descalzos como castigo por desobediencia y rebeldía. El vigilante de la ciudad es un dragón de 3 metros de largo y más de 400 kilos que se encuentra en la cúspide de la Torre Campanario de estilo gótico con su campana llamada ¨Klokke Roeland.

Gante está cruzado por 4 ríos: el Escalda, el Lys. El Lieve y el Moere que divide a la ciudad en 26 islas, surcando sus calles de numerosos canales, cuando entras en el casco antiguo, donde estaba enclavado nuestro Novotel Gent Centrum, no sabes dónde mirar y hacerte una foto, como los edificios escalonados en su parte más alta, sede de antiguos gremios que miran al canal llenos de flores.

Al lado del Hotel se encontraba la Torre Campanario y la catedral de San Bavón de 1228, románica y gótica, donde se bautizó Carlos I ó V, es lo mismo, en ella se encuentra un púlpito precioso, rococó, de roble y mármol, esta iglesia posee 22 altares y en ella se encuentra La adoración del cordero místico de Jan Van Eyck de 1432, considerada como la cúspide de la pintura flamenca del Siglo XV, también podemos admirar un cuadro de Rubens.

Atravesando el río Lys desde la Catedral de San Bavón por el puente de san Miguel donde se contemplan las 3 torres de la ciudad (San Bavón, Torre Campanario y San Nicolás), llegamos al barrio de Patershol, cuajada de restaurantes variopintos y coronado por el Castillo de los Condes de Flandes que mostraba a los ganteses quién dominaba la ciudad, data del año 867, frente a él se encuentra la plaza Sint Veerle presidida por una columna de justicia del Siglo XV donde tenían lugar las ejecuciones. Cerca de allí Eva tropezó con un caballero gantés que hablaba perfectamente español, una sorpresa.. Terminamos el día cenando frente a La Iglesia de San Nicolás, ejemplo del gótico belga, construida entre el siglo XIII y XV, lo hicimos en un sitio llamado Faits Divers,
donde tardaron una hora en servirnos y nos cobraron 60 € por un sólo plato cada uno, demasiado caro para tan poca comida y tan mal servicio.
Al día siguiente decidimos pasar el día en Brujas, situado a 45 Km de Gante, tomamos el tranvía nº 1 que salía de la Korenmarckt, llovía bastante pero íbamos equipados, llegamos a la estación de San Pedro y cogimos el tren que nos condujo a Brujas. No sé si éste nombre se debe al embrujo que produce la ciudad al pasear por sus calles, es una ciudad pequeña así que seguimos los itinerarios propuestos por la guía que nos dieron en la información turística y que nos costó un euro, seguimos un itinerario marcado por ellos: pasamos por la plaza Burg y Markt, ésta última llena de edificios cautivadores; con la Torre Campanario, construida entre los siglos XIII y XVI, con 366 peldaños y donde cuelgan 47 campanas de bronce que componen el carillón de Brujas, en ésta misma plaza además de casas típicas de la zona se puede contemplar también el Palacio Provincial de estilo neogótico.
En la Plaza Burg disfrutamos unos minutos de un grupo de músicos del Este que tocaban violines, acordeón, teclado ruso e interpretaron el Ave María de Shubert con una ocarina inca que en este entorno sonaba maravilloso. En esta misma plaza se encuentra la Basílica de la Santa Sangre del siglo XII, con su correspondiente reliquia, el Museo histórico del ayuntamiento también de estilo gótico y uno de los más antiguos de Los Países Bajos, la antigua Escribanía Civil del siglo XVI, de estilo renacentista, el antiguo Palacio “Brugse Vrije” del siglo XVI y por último el Prebostazgo del siglo XVII, barroco, antigua residencia de los presotes de la Catedral de San Donaciano, destruida por los franceses bajo su ocupación en 1799, corona la plaza la estatua de “los amantes”. Seguimos caminando entre tiendas preciosas de chocolate, juguetes y encajes, entramos en la Catedral de San Salvador de los siglos XI al XV, notable el órgano y sobre todo sus vidrieras, aunque había demasiados cuadros flamencos para mi gusto. Comimos en un salón de té llamado Laurent donde nos cobraron 47 € por una botella de agua, 3 bocadillos (panini y croque) y una ensalada, además estábamos en una mesa dónde lució el sol y nos daba de lleno, solamente la hora que duró la comida. Terminamos nuestro paseo por la ciudad, atravesando los canales, llegamos a una fuente que representa las ciudades de Flandes: Brujas, Gante, Amberes y Kortrijk, también hace referencia a los pescadores y a los ciclistas, verdaderos protagonistas de estas ciudades.
Atravesamos un parque que se construyó alrededor de la muralla de la ciudad y que está para deleite de los paseantes y ciclistas, una delicia. En Brujas tuvo lugar el origen de la bolsa; en el siglo XIV debido al auge del comercio se hicieron las primeras operaciones de cambio en el hostal de la familia Van der Beurse que le legó así su nombre para siempre (Beurse en neerlandés es bolsa).Volvimos de nuevo a Gante. Buscamos un sitio donde los niños se tomaran un gofre o Waffle y se lo comieron en una plaza donde charlamos con unos uruguayos.
Después de ir al Hotel, descansar y tomarnos un café, cenamos en un Macdonalds en la Korenmarkt, en el primer piso con una vista privilegiada de Gante, así cuando salimos era de noche; atravesamos el puente de San Miguel y llegamos a la zona del barrio de Patershol, la imagen del puente sobre el Río, las iglesias y las Torres proyectándose sobre el agua era espectacular, por ello se dice que Gante es una de las ciudades mejor iluminadas de Europa, en el paseo tienes la sensación que algún caballero medieval nos saludaría en cualquier momento.
Al día siguiente tomamos de nuevo el tranvía nº 1 para llegar a la estación San Pieter, cogimos un tren para ir a Bruselas. Llegamos a la Estación Central y de allí andando pasamos por unas calles techadas llenas de tiendas y acabamos en la Grand Place, donde se contemplan edificios de diferentes épocas: gótico, barroco..., entre ellas se encuentra el Ayuntamiento con un gran patio central presidida por dos fuentes.
Pasamos por numerosas tiendas, Eva se compró un Milou de Tintín de llavero y una sudadera de recuerdo, Enrique no la quiso porque no le convencía, así que se compró un muñequito con las piernas y los brazos estirables. Pasamos por el edificio de la bolsa y decidimos comer en Exki en la Grasmarkt 93 ó Rue Marchè aux herbes donde se vendían ensaladas y productos frescos sin edulcorantes, allí Eva se empeñó en pedir sacarina en francés y volvió con dos cucharas, pues la señorita no logró entenderla.
Al acabar de comer, vimos una estatua de Don Quijote y Sancho Panza quisimos hacernos una foto, pero un transeúnte se ofreció amablemente a hacérnosla, al marcharse éste comprobamos con la digital que no había sacado a nuestros ilustres personajes de Cervantes, por lo que se la saqué yo a Enrique y a los niños con ellos . Nos volvió a caer un chaparrón, nos dirigimos a la Catedral de Bruselas, de estilo gótico, del siglo XIII, pero con muchas cosas barrocas y del siglo XIX como las vidrieras, poseía además un púlpito tallado en roble del siglo XVIII, impresionante; donde se representaba a Adán y Eva, tras escribir una nota en el libro de visitas: “no entiendo como una especie que hace cosas tan impresionantes, cometa tantas atrocidades”, salimos y tras dar otro paseo por la Grand Place, llegamos al Manneken Pis.
Convencimos a Enrique para comprarse una sudadera como la de Eva y al llegar a la tienda, el dependiente nos sorprendió diciéndonos que la sudadera en dos horas había subido 6, por supuesto no la compramos.
Nos marchamos de nuevo a Gante, donde cenamos en un Restaurante que reservamos la noche anterior que estaba lleno, se llamaba De Gekroonde Hoofden, en la calle Burgstraat 4, donde se podían comer todas las costillas que quisieras por 13 € “a volonté”, la carta estaba toda en flamenco pero la señorita era amabilísima y nos lo explicó en inglés, tomamos también las croquetas típicas de Flandes, nos costó todo 89.40. El sitio era bonito y estaba al lado del Castillo de los Condes de Flandes; desde allí nos fuimos paseando para despedirnos de Gante, atravesando la calle Grasles hacia el Puente de San Miguel y como fondo escuchando Unchained Melody, no pude evitar llorar ante tanta belleza, adiós Gante, nunca te olvidaremos...
Lo que más nos sorprendió de Bélgica es lo poco que se habla francés, todo está en flamenco, incluso te piden que te expreses en inglés mejor que en francés, excepto en Bruselas, donde todo está en francés y flamenco. El sábado salimos pronto de Gante y cogimos la autovía hacia La Haya o Den Haag; Decidimos salir de la autovía y cogimos la Nacional, pasamos por pueblos que habían crecido horizontalmente y por ello estaban uno detrás de otro, las calles eran muy anchas, con carriles para tranvías, bicis, coches y peatones, con casas preciosas con tejados inclinados. Entramos en Holanda, el país con más museos por metro cuadrado del mundo y la primera ciudad holandesa que visitamos fue Breda, ya en Holanda, una ciudad hecha para las personas, donde los coches no tienen apenas cabida, tras dejar el nuestro en un parking, paseamos por sus calles peatonales llenas de gente, con tiendas, algunas con nombre español, quizás por su relación hace siglos con España. Compramos a Eva unas deportivas por 15€ y a Enrique un juego de Game Boy por 10, (barato, ya era raro). Comimos en un sitio llamado Subway donde había bocadillos y ensaladas, el señor que nos cobró era muy amable. A Enrique le costó pasar del francés que se empeñó en hablar en Bélgica al inglés, pero al final como siempre, impecable. Después de comer tomamos un café en una terraza frente a una torre muy alta correspondiente a la Iglesia de Nuestra Señora de 1566, el café se llamaba Simón Levelt y estaba en la Veermarktstraat .
Siguiendo nuestro camino llegamos a Rotterdam, ciudad grande donde las haya, el puerto más importante del mundo que dista 30 Km del mar, varios puentes cruzaban la ciudad, alguno imitando un barco vikingo, intentamos llegar al centro pero la mala señalización y un acontecimiento deportivo nos hizo decidir marcharnos de la ciudad. Llegamos, por fin a La Haya, nos costó llegar al Den Haag Centrum Novotel, situado al lado de una calle techada del siglo XVIII , llena de tiendas entre ellas una de Ágata Ruiz de la Prada, dimos un paseo por la ciudad lo hicimos por las proximidades del Parlamento (Binnnenhof) donde había un cuadro de Rembrandt con estatuas de tamaño real.
Cenamos en el Hotel, el restaurante estaba decorado con motivos cinematográficos, tenía apenas 5 mesas, la señorita nos indicó que estaba lleno y que nos avisaría a la habitación, así lo hizo y comenzamos la odisea de la cena, tardó mucho tiempo en servirnos y cuando lo hizo, no trajo la cena a los niños, nos extrañó se lo dijimos y al cabo de mucho rato, trajo un solo menú, enfadados, protestamos y por fin pudimos cenar todos juntos, la señorita vino a disculparse, no entendimos que ocurrió y aceptamos sus disculpas.
A la mañana siguiente fuimos a visitar el Museo Maurithuis, situado en la plaza Hofvijer, en un edificio clasicista construido en 1640. En el Museo se podían contemplar cuadros como La joven con pendientes de perla de Vermeer, la clase de anatomía del Dr. Nicolás Culp de Rembrandt , Jane Seymour de Holbein, el pintor de Enrique VIII de Inglaterra y otros cuadros preciosos de retratos y curiosos como El paraíso terrenal y la caída de Adán y Eva, pintado al alimón por Rembrandt y Jan Brueghel, los retratos por el primero y los animales por el segundo, firmados por ellos en su lado correspondiente (descubierto por mi hijo Enrique). El Maurithuis se llama así porque el primer habitante del edificio le dio su nombre (John Maurits, conde de Nassau-Siegen, gobernador de Brasil holandés).
Enrique padre descubrió que el cuadro El Toro de Potter estaba desproporcionado el fondo con el primer plano, luego lo comprobamos en los comentarios. Me gustó mucho la decoración del Museo y sus dimensiones, muy recomendable para iniciar a los niños en el arte. Después fuimos a pasear por la ciudad, por el canal y pudimos ver un pequeño rastrillo de antigüedades junto a las embajadas de varios países entre ellos España, de allí salía un precioso paseo lleno de estatuas al aire libre.
Comimos en el hotel unos bocadillos y una ensalada que compramos en un sitio cercano al hotel llamado “an to go”, después de descansar un rato, nos dirigimos en el tranvía nº 1 al Tribunal Internacional de La Haya, es un edificio muy bonito con dos torres muy esbeltas coronadas por cucuruchos de tejados negros, la portada estaba lleno de flores y a la derecha estaba la llama de la paz mundial donde nos hicimos unas fotos, además le explicamos a nuestros hijos a qué tipo de personas se juzga en este tribunal.
Después tomamos otro tranvía comprando otro billete (entre los dos viajes más de 6 €) y nos dirigimos a la playa, ésta era enorme con un mar oscuro (Mar del Norte) y un viento terrible, estaba muy bien cuidada y limpia, después de dar un paseo y jugar con los niños nos dirigimos de nuevo en tranvía al “centrum”, el conductor nos indicó que no debíamos sacar un nuevo billete, pues el de la vez anterior nos servía, agradecimos su detalle.
Esa noche decidimos cenar en un italiano y elegimos La Lanterna en la Groenmarkt 36, cenamos estupendamente por 55 €, nos gustó, satisfechos nos dirigimos al Hotel bajo una lluvia incipiente, comentando que nunca habíamos estado en un italiano fuera de Italia que casi todos los empleados fueran italianos.
Nuestro último día en Holanda decidimos pasarlo en Ámsterdam; lo que no sospechábamos era la odisea que nos esperaba: había una huelga o un problema no sabíamos cuál; el caso era que la estación Central de Ámsterdam no se podía alcanzar directamente, así que fuimos de Den Haag Central hasta Leiden, de allí al aeropuerto de Schiphol y de allí a Duivendrecht y por último de aquí a Ámsterdam Central Station, total dos horas para recorrer apenas 90 kilómetros, en la estación se encuentra un parking de pago de cientos de bicicletas.
Nosotros estuvimos en Ámsterdam hacía 5 años, por ello pudimos ir a la plaza Dam o Dam Centrum sin plano, pues nos habíamos hospedado en el Hotel Victoria que estaba frente a la estación; estaba muy sucia, había dos mimos con bastante mala uva vestidos espectacularmente(si les parecía que era poco dinero lo que le echabas no te dejaban hacer las fotos con ellos), esta plaza se hizo famosa en los 70 porque en plena guerra de Vietnam en ella se congregaban los hippies para protestar, se encuentra presidida por el Palacio Real y la iglesia Nieuwkerk convertida en sala de exposiciones, el Monumento a la liberación de 1956 que contiene en su interior tierra de todas las provincias holandesas incluida Indonesia y cómo no el Hotel Krasnapolsky.
Ámsterdam (algo así como dique del río Amstel) tiene 156 canales y 1292 puentes, convirtiendo la ciudad en pequeñas islas. Fuimos caminando y dando un paseo por los canales, la ciudad estaba llena de gente, pero a pesar de ello las bicicletas seguían siendo como las vacas en la India: sagradas.
Paseando nos encontramos con un sitio inédito para nosotros: La Place Mangerie: la marchè du monde; en la Kalverstraat: había comida de todo tipo: carne y pescado fresco, verduras, ensaladas, frutas, bollería, tú lo cogías y ellos te lo cocinabas como querías, tenía dos pisos, pero no pudimos quedarnos porque había mucha gente y debíamos movernos los 4 juntos.
 Pasamos por In de Waag en la Nieuwmarkt 4 un edificio del año 1488, antiguo “teatro anatómico” donde los cirujanos daban clases de anatomía y donde Rembrandt pintó “Lección de anatomía del Dr. Nicolás Culp” y que habíamos admirado en el Mauritshuis, especialmente Enrique, mi hijo. Ahora es un restaurante donde cenamos hace 5 años, iluminado por más de 300 velas, se encuentra a las puertas del famoso barrio rojo de Amsterdam.
Acabamos de nuevo en “αn to go” comiendo bocadillos y ensalada. Terminamos nuestro paseo en la plaza Dam de nuevo, donde tomamos un café en un lugar llamado Nieuwe, Eva y yo fuimos al baño y nos sorprendió y divirtió que la cisterna del baño se disparara sola, eso sí previo pago de 25 céntimos de euro. Dirigiéndonos a la estación le compramos a Enrique su sudadera de Ámsterdam, al llegar a la estación preguntamos si se había solucionado el problema, la respuesta fue no, sólo nos ahorramos un trasbordo: Ámsterdam Central-Duivendrecht-Leiden Central –Den Haag. Llegamos a La Haya descansamos un poquito y nos fuimos de nuevo a cenar a La Lanterna donde nos trataron estupendamente, dimos nuestro último paseo por La Haya por las calles vacías y en semipenumbra de la elegante Den Haag.
El día del cumpleaños de Evita, el día 16 de Agosto, fuimos de viaje hacia Berlín, salimos temprano de La Haya y a través de las instrucciones del Mappy y siguiendo la autovía, por cierto gratis desde que salimos de Francia. Llegamos a Alemania, seguía todo verde, con bosques espesos y las vacas seguían sentadas, y en efecto; las vacas de España siempre están de pié, probablemente porque tienen que buscar y aquí tiene pasto por donde quiera que mires. Comimos en un sitio muy agradable de carretera pasando Hannover, tuvimos nuestro primer contacto con los alemanes, la señora que nos atendió era muy amable, hablaba poco inglés y con un fuerte acento alemán, pero nos entendimos.
Llegamos a Berlín, nos orientamos muy bien (Mappy), pero cuando creíamos que nos habíamos perdido, preguntamos a un motorista y éste nos llevó hasta el Hotel, se llamaba Novotel Dorin Mitte Berlín, se encontraba en el lado Este, en el barrio de Mitte, a unos 2 Km de la Puerta de Brandenburgo. Dejamos nuestras cosas y fuimos a pasear; antes de llegar a la Alexander Platz nos encontramos con el Ayuntamiento Rojo, llamado así por no por su ubicación en el lado Este sino por el color de su ladrillo.
Caminando llegamos hasta la puerta de Branderburgo, no pudimos contemplarla bien pues la Avda Unter den Linden se encontraba en obras, nos impresionó las amplísimas avenidas berlinesas que tanta veces habíamos visto en las películas de nazis llenas de gente. Llegamos al hotel caminando a través del barrio de San Nicolás y su peculiar iglesia. Cenamos muy bien en el hotel a buen precio y con una chica atendiéndonos encantadora. Eva terminó su cumpleaños derramando todo el jabón de manos del baño que era verde, sobre el lavabo, el baño y las toallas.

Al día siguiente nos dirigimos a la oficina de turismo, en los bajos de la Torre de TV, símbolo del avance tecnológico de la RDA, mide 365 metros con la antena, es el edificio más alto de Berlín, data de 1965-1969, su terraza panorámica gira cada 30 minutos, como decía fuimos a la oficina de turismo en la Alexander Platz, allí compramos una guía en español, los billetes de transporte en tren, tranvía y metro por valor de 28 € para los dos días. Intentamos coger un tranvía para ir al Reichstag, una señora mayor nos observaba desde su asiento de espera para tomar el tranvía, veía nuestras dificultades pues todo está en alemán, así que trató de ayudarnos en alemán, nos decía que tomásemos el autobús de la vuelta de la calle, así lo hicimos y llegamos en un autobús de dos pisos al Reigstag, donde había una cola enorme, desistimos y nos marchamos a la Puerta de Brandenburgo que está al lado, en el camino contemplamos las cruces con flores que representaban algunos de los fallecidos a tiros que intentaron cruzar el Muro durante 27 años, era impresionante; sus historias, sus caras, un horror, les contamos la historia a nuestros hijos.
 De allí nos fuimos a la Postdamer Platz, de camino visitamos El Memorial del Holocausto dedicado a los judíos europeos, son grandes bloques de hormigón de hasta 4 metros que ocupan una extensión de 20.000 metros cuadrados y representan los judíos europeos muertos en Holocausto, también se lo hicimos saber a nuestros hijos.
 La Postdamer Platz de mucho interés para los arquitectos por los edificios modernos que allí contemplamos, parece ser que esta plaza era le centro de Berlín antes de la Guerra, confluían 600 tranvías en los años 20, allí, parece ser estuvo enclavado el búnker de Hitler (en la Voβstrasse), actualmente están los edificios como el Sony Center y el Hotel Hyatt de Rafael Moneo, también vemos algunos trozos de Muro de los cuáles sólo uno está en su emplazamiento original, aquí se celebra la famosa Berlinale.
Tomamos un metro desde allí y nos equivocamos, corregimos y nos dirigimos a la Friedirichtraβe, cerca de la cual estaba el Museo de Pérgamo, un museo interesante, construido por el Kaiser Guillermo II, donde podemos destacar la Puerta de Ishtar (Babilonia, siglo VI AC) y los frisos que se encontraban en la vía que conducía a la Puerta, la puerta del mercado de Mileto y el altar de Pérgamo que da nombre al Museo; parece ser que se consiguió este Museo comprando estas piezas a precio de saldo a personal corrupto que se confirma cuando ves un techo de madera perteneciente a La Alhambra y el comentarista del audio te dice que se consiguió con el consentimiento de las autoridades españolas de entonces. El precio del Museo era de 16 € los dos adultos, niños gratis, pero todos con derecho a audio en español, cosa que les encantó a mis hijos e hizo despertar su interés por el Museo.
Decidimos comer en una taberna enfrente del Museo, llamado Pergamunkeller, nos tomamos por 4.5 € cada uno una gran salchicha con patatas y ensalada, pero la clavada vino en la bebida, por dos vasos de agua sin envasar nos cobraron 5.70 €, alucinados nos cogimos un autobús y fuimos de nuevo al Reichstag, decidimos esperar la cola y tardamos 45 minutos en alcanzar la entrada. Mereció la pena la visita: la obra de Norman Foster, el contraste de ésta con el estilo neobarroco, obra de Paul Wallot entre 1884-1894, me gustó. El edificio antiguo estuvo olvidado durante tiempo por hallarse en el límite de la división de la ciudad, en La reunificación y a partir de 1991, coincidiendo con la capitalidad de Berlín, cobró protagonismo de nuevo y más aún con la burbuja de Norman Foster, el paseo por ella es precioso, se divisan vistas muy bonitas de la ciudad sobre el Río Spree.
Saliendo del Reigstag, cogimos un autobús, el 100 de nuevo y llegamos a Gloβe Stern para contemplar la Columna de la Victoria (Sieguesäule), al lado había una estatua colosal de Bismarck, donde nos hicieron una foto una pareja de españoles, la Columna de la Victoria es una columna jónica rodeada de cañones dorados que conmemoran las victorias de Prusia contra Dinamarca, Austria y Francia, entre los años 1864-1873, está coronada por un ángel que simboliza la victoria y al que se puede llegar subiendo285 escalones para contemplar la Tiergarten un inmenso parque de Berlín. En la parada del autobús nos volvimos a encontrar a la pareja catalana y nos comentaron que se marchaban a Cracovia. Acabamos el día cenando en el Hotel, nos costó 32 alucinantes euros, pues el servicio y la cocina eran impecables.
El último día que pasamos en Berlín lo comenzamos con el atracón en el buffet, el mejor de todos los hoteles donde estuvimos alojados y donde los niños se hacían gofres, después bajamos a la Alexander Platz, llamada así por la visita del zar Alejandro en 1805 y visitamos la iglesia de Santa María (Marienkirche) de 1420, aunque sus orígenes son de 1294, con dos peculiaridades: una el fresco más antiguo de la ciudad de 1484 llamado “la danza de la muerte” que ilustra de cómo la muerte trata igual a todas las personas sin condición social, la pintura realmente está en muy mal estado y la otra es el órgano donde tocó Johann Sebastian Bach.
Luego tomamos el Metro y nos dirigimos a la porción del Muro más largo que se conserva, mide 1 kilómetro y se encuentra en la estación Warschaver St, según se sale el Muro se encuentra bajando a la izquierda de la estación, en este lugar se siente más el Este: enfrente del Muro había descampados o bloques de pisos de arquitectura sobria, además había muchas obras de
remodelación de carreteras, caminamos hasta el final del Muro y allí desde la estación anterior nos dirigimos al Museo Egipcio a ver el busto de Nefertiti, pero nuestra sorpresa fue que se había trasladado al Museo Antiguo, cerca de nuestro Hotel y al lado de la Catedral protestante de Berlín (Berliner Dom), así que aprovechamos y vimos el Palacio de Charlottenburg que estaba enfrente.
 Volvimos a trasladarnos en metro hasta la Pinacoteca de Berlín, en el camino nos encontramos con un señor que descubrimos hablaba español tras llevar un rato Enrique conversando con él en inglés para preguntar por el Museo ya que se ofreció a acompañarnos, así que aprovechamos y nos contó cosas de Berlín: que había disminuido la población, que los pisos eran baratos, el zoo de Berlín, nos confirmó que las líneas de metro son “S” ó “U” si van por superficie o no, etc.…
Después de la visita a la pinacoteca y comprar mi póster, cogimos en el Tiergarten el autobús 200 y nos fuimos a la entrada del zoo a ver la Kaiser Wilhelm Gedächtriskirche o iglesia memorial al emperador Guillermo I, construida por Guillermo II entre 1891 y 1895, en memoria de su abuelo Guillermo I, fue parcialmente destruida por los bombardeos de 1943 y los berlineses decidieron dejarla así rota, como símbolo de las consecuencias de la Guerra, es impresionante verla porque piensas si así se ha quedado la iglesia qué pasaría con la gente de alrededor. Al lado se encuentra “la polvera” y “el pintalabios”, la iglesia nueva, que a mí me pareció horrible.
Comimos en un Mcdonalds y de camino al metro nos compramos un par de maletas por 50 €, de allí nos fuimos al Hotel, después de descansar un rato nos fuimos paseando a la Unter den Linden o paseo bajo los tilos, una avenida del siglo XVI, llamada así por los tilos que sobrevivieron a los nogales que sembró en 1675 el Gran Elector Federico Guillermo. Antes de llegar a ella visitamos la Gendarmenmarkt , una plaza con una iglesia francesa, otra alemana y un teatro que ahora es sala de conciertos y que se inauguró en 1821 con Ifigenia de Goethe, todos de estilo parecido y presidido en el centro por una estatua de Shiller, el poeta alemán.
 Seguimos caminando y al entrar en la Bebelplatz, un hombre en bici comenzó a hablar a Enrique en alemán señalando el suelo, no le entendíamos, no sabía inglés, no sabía francés, pero el hombre gesticulaba y señalaba el suelo y los niños, nos asomamos y vimos que bajo una rosa roja fresca que había sobre una baldosa de cristal se podían apreciar unos nichos pequeños. Entendimos que en aquella plaza el 10 de Mayo de 1933 se hizo la quema de libros por los nazis y en esos nichos se guardaban los libros que se salvaron de la quema. Nos estremecimos, el hombre señalaba a los niños para que se lo contásemos, quizás para que esto no vuelva a ocurrir en generaciones futuras, tras explicárselo a nuestros hijos, éstos se sentaron un rato en silencio junto a la rosa, fue estremecedor…
La Bebelplatz está limitada por: la portada de la Universidad de Humboldt, la Facultad de Derecho de ésta, la catedral católica de Santa Euduvigis con una cúpula curiosa (1773) y la ópera construida entre 1741 y 1743 de estilo neoclásico. En la portada de la Universidad de Humboldt se podía leer una placa referente a Max Planck, el padre de la física quántica, allí mis hijos compraron unos collares a una peruana mientras nosotros hojeábamos libros en alemán muy curiosos. Bajamos la Unter den Linden hacia la Alexanderplatz y pudimos contemplar: El Memorial de los mártires de la Guerra de 1818 que en principio era una especie de garita para controlar entradas y salidas de palacio, con una “pietá” en el centro sosteniendo un soldado muerto que parece ser era el retrato del hijo de la escultora Kathë Kolwitz, muerto en la 2ª Guerra Mundial, enfrente se encuentra el Café de la Ópera y el palacio del príncipe heredero de 1663-64 y donde nació el último kaiser de Alemania, Guillermo II.
Cruzamos el Puente de Palacio sobre el Río Spree con figuras de mármol de Carrara de 1850, no sin antes contemplar El arsenal de armas de estilo barroco de 1695-1730 y que sobrevivió a los bombardeos de la última contienda, tras el puente nos encontramos la Catedral protestante o Berliner Dom y al lado El Mueso Antiguo, la casa actual de Nefertiti. Cruzamos la Unter den Linden y atravesamos de nuevo el típico barrio centroeuropeo de San Nicolás, tan agradable para cenar por la noche, pero nosotros lo volvimos a hacer en el Hotel, pues nos sentíamos muy a gusto allí.
Berlín es una ciudad que impresiona más por su historia que por su monumentalidad, me ha gustado por sus amplísimas avenidas y sus enormes plazas y por la sensación que tienes cuando estás allí de encontrarte en una ciudad herida que se recupera poco a poco...
Las ciudades del Norte de Europa están creadas para las personas, no para los coches y la especulación inmobiliaria como en España. También nos llamó la atención la poca y cuidadosa iluminación de estas ciudades y sus edificios que le dan aspecto de encontrarte en un sueño maravilloso.
Salimos pronto del Hotel a la mañana siguiente y sin ningún problema de Berlín gracias a las indicaciones del Mappy, recorrimos los pocos más de 200 Km hasta la frontera checa y nos adentramos en un país tras el paso de la frontera que lleva poco más de un año en la Unión europea, la carretera estaba llena de camiones y sobre todo de algo que nos impactó: la prostitución que había a ambos lados de la carretera y Cinovec primer pueblo checo que casi todos los bajos a pié de carretera estaban llenos de clubes nocturnos o diurnos, pasado este tramo llegamos a otro lleno de tenderetes de chinos que vendían varios artículos, compramos una casita de pájaros por 10 €, comimos enfrente en una casa típica centroeuropea, donde el dueño hablaba inglés, yo me comí una ensalada extraña llena de pimiento, pepino y agua.
Llegamos por fin a Praga, la primera impresión que tuve de esta ciudad es que era muy ruidosa, algo sucia, las estatuas estaban negras y las calles mal señalizadas, llegamos al Hotel, era el más caro de las vacaciones y el peor, se llamaba Novotel Praha City, dejamos las cosas y nos dirigimos hacia la Praga dorada, se nos hizo de noche, pero eso le dio mayor encanto a la plaza de la Ciudad Vieja; estaba preciosa, había un Festival de danzas regionales, era muy bonito, pero mis hijos estaban cansados, así que nos fuimos al Hotel donde cenamos.
Praga se divide en: Stare Mesto (Ciudad Vieja), Nove Mesto (Nueva Ciudad), Josefav (Barrio judío,) Hradcany (Castillo de Praga) y Mala Strana (Barrio pequeño).
Nuestro primer día en Praga lo comenzamos caminando hacia la plaza de San Estanislao (Nove Mesto) que preside el Museo Nacional que data de 1885 y donde han tenido lugar protestas célebres como la Primavera de Praga de 1968, bajando la plaza, que realmente es una calle con una pequeña pendiente, hasta Ná Mustku había plantadas esculturas modernas de todo tipo desde coches desguazados, unos cuantos señores desnudos y un Superman estrellado entre otros, de allí y tras comprar una guía en la oficina de turismo, nos dirigimos hacia la plaza de La Ciudad Vieja traspasando la Torre de la Pólvora una de las 13 torres de la muralla que rodeaba La Ciudad Vieja y de estilo gótico flamígero de 1475, llamada así porque fue utilizada como polvorín, de allí y por la calle Celetná cuajada de palacios entramos en la Plaza de la Ciudad Vieja donde seguía el festival de danza. En la plaza se encuentra la iglesia de la Virgen de Týn del siglo XIV, cuyas torres son características de Praga, encontrándose plantada entre las torres una estatua de oro de la Virgen, enfrente el Ayuntamiento con la capilla y la torre del siglo XIV, en su parte sur, inconfundible pues hay un montón de gente mirando hacia arriba como si ocurriese algo; se encuentra el Reloj Astronómico que todavía funciona, creado en 1410 y en el cual de 8 de la mañana a 10 de la noche en las horas aparecen los doce apóstoles por sus ventanas, además se ven figuras de la Avaricia, Muerte, Vanidad y El Turco.
En la parte Norte de la plaza se puede ver la Iglesia de San Nicolás, barroca de 1732-1735, detrás de ella se encuentra el acceso al Guetto judío. De allí nos dirigimos al Puente de Carlos sobre el Río Moldava, el camino estaba cuajado de tiendas de recuerdos y de gente que repartía publicidad para acudir a los infinitos conciertos que se celebran en Praga tanto en iglesias como en edificios atractivos, llegamos al Puente a través de la Torre del Puente de la Ciudad Vieja, gótica de finales del Siglo XIV, con esculturas de San Vito. El Puente de Carlos es precioso, grandioso, llamado así porque lo mandó construir Carlos IV y no tuvo la suerte de ser santo, mide 520 metros de largo por 10 de ancho, descansa sobre 16 arcos y posee 28 estatuas, la más antigua y mejor conservada es la de San Nepomuceno que se encuentra justo desde dónde tiraron al Santo, por orden del rey Wenceslao por no querer revelar la confesión de su esposa la emperatriz, parece ser que hay que tocar esta estatua cuando vienes a Praga, las estatuas fueron colocadas desde 1683 a 1928.
El Puente estaba lleno de gente: turistas, pintores de retratos y caricaturas y variados músicos: dos cieguitas que cantaban fenomenal, un grupo de jazz, etc.. A través del puente llegamos pasando por la Torre del Puente de la Ciudad Vieja del siglo XIV al barrio de Malà Strana, en la plaza del mismo barrio donde podemos ver el palacio de Smiricky comienza el ascenso al Castillo de Praga por la Calle Nerudova, comimos en un restaurante italiano de nombre La Chiave D´Oro, en el nº 27 de esta misma calle, allí fuimos testigos del robo a unos españoles de su cartera, cosa que se advierte constantemente en Praga, la calle Nerudova recibe su nombre del poeta Jan Neruda, que más tarde Neftalí Reyes tomó su apellido para convertirse en Pablo Neruda.
El Castillo de Praga del sigloVIII ha sido desde hace más de 1200 años el Centro político del Estado, es una sucesión de edificios del siglo X al XX unidos por patios, Niccola Pacassi unificó los distintos palacios en esta construcción del siglo XVIII, posteriormente fue remodelado en 1920-1934, entramos a él por la Puerta de San Matías de 1614, donde se encuentra la Guardia de Palacio y hacen relevos anacrónicos cada cierto tiempo, existen varios patios y uno de ellos nos lleva a la Catedral de San Vito, la catedral gótica más vieja de Europa Central, donde descansa San Wenceslao en una capilla de 1367, para mí es una de las catedrales más bonitas que he visto nunca, las vidrieras son espectaculares, algunas del siglo XX. Una de las puertas de la Catedral es la llamada Puerta de Oro, decorada con un mosaico de la época de Carlos IV de 1371, creada por artistas venecianos, casi enfrente se halla la estatua de San Jorge matando al dragón. En las aristas de la Catedral las salidas de agua están terminadas por curiosas gárgolas. En el segundo patio un hombre sacaba con un imán monedas que los turistas tiraron a la fuente.
Detrás de la Catedral encontramos la callejuela de Oro, con pequeñas casas construidas al lado de la Muralla para los artesanos y donde trabajó en los años 1916-1917 en la casa nº 22 Frank Kafka . Saliendo del recinto por la puerta de San Matías, podemos divisar una vista espectacular de los tejados de Mala Strana, en esta plaza siempre algún músico toca o encontramos algún coche de época para pasearnos por Praga o un cómico montado sobre sus altas calzas ocultas bajo un caballo de cartón, anunciándonos un espectáculo, bajamos de nuevo por la Calle Nerudova y solicitamos un retrato de Eva y Enrique a un pintor en el Puente de Carlos por 1800 coronas checas, unos 60 euros, mientras unos trompetistas medievales salieron por las almenas de la Torre del Puente de Mala Strana y nos tocaron unas piezas.
Paseando llegamos a la Ciudad Nueva y comenzó a llover, esta vez no llevábamos impermeables y nos cobijamos en una tienda, yo presumiendo de mi instinto de orientación, les llevé por callejuelas durante un buen rato, convencida que estábamos cerca del Hotel, pero al llegar a una calle principal descubrimos que estábamos cerca del Puente de Carlos!!!!, o sea no habíamos avanzado nada, pero gracias a ello conocimos la Casa Bailarina en la calle Resslova, edificio muy curioso y de lo más moderno que hay en Praga. Llegamos gracias a Enrique al Hotel y con ello terminamos nuestra jornada.
El último día en Praga lo comenzamos en el Museo Nacional construido entre 1885-1890, entramos en el hall, decorado lujosamente, pasamos a la tienda para hacernos una idea qué se exponía en el Museo, vimos
que se trataba de una especie de Museo de Ciencias Naturales y decidimos no entrar, bajamos de nuevo la Plaza de San Estanislao (Vacloviste Nam), por la calle Na Mustiku y por la plaza Staromestke Namesti, llegamos al barrio judío, entre éste y la plaza se encuentra la calle más elegante y cara de Praga, con tiendas de Chanel, Prada, Ermenegildo Zegna, Hermes, etc..), entramos en el Barrio judío, tenía numerosas inscripciones en hebreo y tiendas de recuerdo, para entrar en el Cementerio judío y las sinagogas había que pagar, así que desistimos de entrar. De allí llegamos al Puente de Letná, en el Monte que está pegando al Puente , se aprecia el cronómetro gigante que sustituyó a la estatua colosal de Stalin que se encontraba allí y que se quitó por razones obvias.
De allí bordeando el Río Moldava (Vltlava), subimos por una escalera interminable de nuevo al castillo de Praga, donde se apreciaban vistas espectaculares de la ciudad, una vez arriba los niños se tomaron un perrito caliente en un chiringuito que había montado una señora en su propia casa y atendía desde una ventana, bajando la Calle Nerudova compramos una lámina de un pintor checo y comimos en una taberna , donde el dueño hablaba algo de español porque había hecho surfing en Tarifa. Atravesando el Puente de Carlos comenzó a nublarse y de nuevo llovió, pero esta vez nos pilló con impermeables, después de pasear un rato, tomamos el Metro que nos llevó al Hotel, cenamos allí y al día siguiente nos marchamos de esta ciudad maravillosa...
Salimos de Chequia por el Sur de Alemania, comimos en Baden-Baden en un autoservicio de carretera estupendo, habíamos reservado para dormir en Saint-Etiènne, cerca de Lyon, después de dar durante una hora vueltas alrededor de Lyon, rescatar a unos lituanos de la carretera pues se habían quedado tirados, llegamos al Novotel Saint-Etiènne y rectifico: el Hotel de Praga era maravilloso al lado de éste, vaya cutrez de hotel, pero dormimos y nos marchamos corriendo. Llegamos a España y decidimos comer en Cadaqués, pueblecito donde vivió Dalí, allí comimos un arroz con langosta y otro negro y nos marchamos después de dar un paseo, llegamos a Madrid muy contentos de nuestro maravilloso viaje.
Lo mejor de éste, fue el contacto tan estrecho con mis hijos y la buena relación que existió entre los cuatro. Creemos que éste viaje ayudará a nuestros hijos para abrir sus ojos al mundo y ver lo grande que es y lo maravilloso....

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