
Comenzamos nuestro viaje marchando en coche hasta Valencia el día 18 de Marzo. LA ciudad estaba en fiestas, o sea, Fallas y esto significa tracas, tracas y más tracas o petardos de todo tipo, desde que llegamos a la ciudad hasta que nos marchamos; incluyendo la madrugada. Valencia es una ciudad preciosa, pero mejor no ir en Fallas, aunque los ninots sean muy bonitos, yo creo que ni sus propios habitantes aguantan tanta traca día y noche. Cenamos en casa de Irene, la prima de Enrique, estaba toda su familia , mis hijos estaban encantados pues Pablo les estaba esperando con los petardos más variados y particulares del mercado: avispas que tras encenderse silbaban unos metros hacia arriba, TNT o petardos superpeligrosos que a mí me daban miedo....
Al día siguiente, Enrique nos llevó al aeropuerto; Eva estaba muy nerviosa, pues era su primer viaje en avión, también lo era para Enrique, pero éste no decía nada, aunque yo sé que también tenía sus temores. El avión salió con media hora de retraso, supongo que por problemas de tráfico aéreo, volábamos con Ryanair, una compañía de vuelos baratos, pero con aviones estupendos que opera en aeropuertos secundarios. El vuelo fué muy agradable y llegamos en dos horas a Londres, Enrique y Eva estaban encantados con su experiencia de volar por primera vez.
Enrique, como siempre, lo tenía todo preparado y había sacado los billetes desde Madrid para tomar el tren, autobús y Metro, por lo que tomamos un tren desde Stanted hasta Liverpool Street en Londres. En el trayecto me tomé un café horrible que nos costó 2.20 libras, el café nos lo ofreció un señor con un carrito, algo insólito en España.
Una vez en Liverpool St, decidimos comer allí en Burguer King, pues era ya tarde. Más tarde nos dirigimos hacia la estación de King Cross-S. Pancras, donde estaba situado nuestro Hotel, llamado Albion House y donde 4 meses después estallarían las bombas del odio y resentimiento contra Occidente. Habíamos hecho la reserva a través de internet en una página Web francesa, el hotel estaba enclavado en una plaza (Argyle Square) muy tranquila y muy inglesa. En la puerta ponía que teníamos que dirigirnos al Hotel de enfrente (Melville) para coger la habitación, así lo hicimos y allí la chica de recepción nos comunicó que había imprevistos y que esa noche debíamos dormir separados (tres en una habitación y otro sólo) a cambio nos quitaron de la cuenta 10 libras, que pagamos ese primer día. Las habitaciones eran sencillas, pero estaban bien; tenían secador de pelo, planchador de pantalones y una cafetera.
Dejamos nuestras cosas y fuimos a dar un paseo por Londres, recorrimos Oxford St, calle comercial donde las haya, desde Marble Arch hasta Tottenham Court Road, ésta última calle apreciada por Enrique ya que se encontraba la escuela donde había estudiado inglés durante su estancia en Londres hacía años, además todavía estaba allí, casi haciendo esquina con Oxford St y enfrente de un teatro donde representaban una obra sobre Queen.
En Oxford St se encuentran Selfridges, Marks and Spencer y otras tiendas de precio moderado. Esta calle cruza con Regend St, igual pero más elegante, con tiendas más caras, llegamos a Picadilly Circus donde ya era de noche y estaban encendidos los luminosos, esta plaza estaba a rebosar de gente, por ello es el centro de Londres, en medio de la Plaza se encuentra una fuente erigida en 1893 del dios Eros en recuerdo del filántropo Conde de Shaftesbury, para mi gusto demasiado pequeña para la Plaza. Cenamos en Pizza Hut de Oxford ST, donde nos sirvió una chica con el pañuelo tradicional del Islam en la cabeza.
Al día siguiente nos levantamos pronto y decidimos pasear por el Parlamento, Buckingham Palace, Downing St y Saint James Park. Las casas del Parlamento es un edificio muy singular de inspiración gótica pero construido entre los años 1840-1888 y con unas aplicaciones doradas en la Torre del Big Ben muy bonitas, la Torre tiene 97 metros de altura y una campana de 13 toneladas llamada así por Sir Benjamin Hall, ministro de trabajo de 1858, año en que se colocó allí, el reloj es espectacular;entre cifra y cifra hay 8 metros de distancia. Buckingham Palace es la Residencia oficial de la Reina, fue construido en 1703, la fachada principal de 120 metros de largo no se realizó hasta 1913; para llegar al Palacio lo hicimos a través de St James Park, un parque encantador donde mis hijos intentaron alimentar una ardilla sin éxito.
Volvimos a Trafalgar Square, plaza magnífica, quizás un poco grandiosa, aunque podría ser la intención ya que toda ella es un monumento al almirante Nelson y su triunfo sobre la Flota española y francesa en Trafalgar. La plaza está limitada por La Nacional Gallery y la Parroquia de la Reina: St Martins Field .
Decidimos comer en la Whitehall Sw, calle que sale de Trafalgar Sq hacia el Parlamento, en un pub llamado The Old Shades, nos atendió una chica encantadora que nos hizo una foto. Al terminar nos encaminamos hacia The National Gallery, donde hicimos un recorrido rápido para que los niños no se aburriesen, Eva preguntó a un empleado dónde estaba nuestra compatriota La Venus del espejo de Velázquez, pero ese día no se encontraba en el museo.
Visitamos la tienda donde yo me compré mi lámina para mi colección de Museos del Mundo y fuimos a merendar a la Cripta de St Martins Field donde ya habíamos tomado el té Enrique y yo 14 años antes. Seguía con el mismo encanto pero algo más explotado, verdaderamente peculiar, sobre todo el suelo lleno de tumbas centenarias.
Después de comprar algunas cosas en su tienda nos dirigimos a Covent Garden a través de Leicester Square, donde hicimos unas fotos a los niños con Chaplin.
Llegamos a Covent Garden; aquí tuvo su sede durante 300 años el mercado de flores y hortalizas popularizado por “My fair lady”, antes se revitalizaba de madrugada con la apertura del mercado; ahora siempre está viva con actuaciones de todo tipo, nosotros vimos una de un señor montado en una bici enorme y dos cantantes de ópera que nos deleitaron unos minutos por unos pocos peniques.
Cenamos en un sitio llamado Prêt a Manger en la Cranbourn St, donde se ofrecían estanterías llenas de ensaladas y sándwiches, sin conservantes ni colorantes, con agricultura ecológica y algo más asequible de precio, luego vimos que todo Londres estaba lleno de estos establecimientos pero cerraban a las cinco de la tarde, entre otras cosas porque ya no había nada en su estantería. De allí nos dirigimos al Hotel donde ya nos habían cambiado de habitación: una cuádruple con un lavabo para gnomos, pero que estaba bien, las vistas eran hacia un parque.
Al día siguiente nos dirigimos hacia Buckingham Palace, donde la Reina se encontraba ya que ondeaba la Bandera en el mástil, de lo contrario no se mostraría. Intentábamos ver el cambio de guardia, el primero de la Primavera, así que estaba todo abarrotado sobre todo de ingleses, curioso. Nos cansamos de no poder verlo bien y nos dirigimos en autobús (de dos pisos, of course) al British Museum, donde en la puerta un señor freía cebolla e impregnaba de ese olor la entrada del Museo que fue fundado en 1753 y es el Museo más antiguo del mundo. La entrada está presidida por 44 columnas jónicas, midiendo la fachada 123 metros en total, lo cual le hace parecer muy majestuoso y prometedor, no te decepciona.
Contemplamos las momias egipcias de gran interés para Enrique hijo, sobre todo si no tenían nada que las cubriera, también le interesaban los aztecas, dado que ahora era lo que estudiaba en el colegio. Por fin vimos de nuevo el expolio que los ingleses hicieron en Grecia con su Partenón, traído a Londres por Lord Elgin y comprado posteriormente por el Gobierno Británico para el Museo en 1816, no nos explicamos como los griegos no reclaman seriamente todo ello.
Me gustó ver la Piedra de Rosetta , en griego, egipcio y demótico, es muy interesante saber que gracias a ella se descubrió el significado de los jeroglíficos egipcios, también es impresionante ver las esculturas aladas de Mesopotamia.
Tengo que decir a favor de los británicos que tanto este museo como todos los demás que visitamos fueron gratis, aunque a la entrada te solicitan voluntariamente 2 libras que puedes dar o no.
Después del British nos fuimos a Oxford St y al lado del nº 29-31 comimos ; era una especie de autoservicio de comida china llamado Chopstix, nos echaron la comida en unas cajas de cartón y comíamos en unas mesas corridas, algo bastante peculiar que en España no habíamos visto, en Nueva York en 1993 cuando fuimos, vimos un establecimiento en Wall ST que lo regentaba un argentino y servían comida al peso, las había muy variadas, era lo más parecido a esto, también en París enfrente del Louvre. La comida nos costó unos 30 euros pero en libras.
Llenos de arroz y pollo al limón nos dirigimos andando al Soho, paseando por allí, este barrio es el centro de la vida nocturna de Londres, pero de día es un barrio muy cosmopolita lleno de árabes, indios, chinos, ingleses y por supuesto de españoles, también pudimos ver la variedad de restaurantes de todo el mundo y algún que otro local de striptease y/o prostitución. Entramos a merendar en un local llamado Patisserie Valerie donde nos tomamos un capuchino y los niños unas tartas en la primera planta, al lado de una señora peculiar que se tomaba una sopa con pan, mientras leía el periódico.
Al terminar cogimos un autobús y llegamos a la Torre de Londres, donde nos escandalizamos del precio: 58 euros los cuatro, no podíamos entrar pues eran las 5 y ya estaba cerrada, pero decidimos que no entraríamos pues eran muchas horas de visita y no sabíamos si los niños lo aguantarían, francamente: era demasiado caro para adivinarlo. La Torre de Londres es un edificio impresionante, no sabes si por el edificio en sí o por la historia que contiene: allí fueron ejecutados Ana Bolena, Catalina Howard, Sir Thomas Cronwell, etc
Decidimos pasear y a través del Tower Bridge, edificio compuesto por dos torres de 66 metros de altura construido entre 1886-1894 y verdadero símbolo de Londres, llegamos a una zona nueva que hasta hacía poco era una zona descuidada de Londres, es la zona de la rivera del río comprendida entre la Tower Bridge y el parlamento, llamada los Docks, los edificios son todos muy modernos y muy bonitos, con zonas comerciales, pasamos por un barco anclado en el Río, fue de guerra pero ahora esperaba alquilarse para fiestas, nos pareció un extraordinario uso de la guerra.
Acabamos para cenar en el Pub al lado del hotel donde nos alojábamos; por 23 libras nos dieron de cenar, satisfechos pues la camarera nos dijo que nuestros hijos hablaban muy bien inglés.
Al día siguiente llovía así que cambiamos de planes y en vez de ir a Greenwich decidimos ir a al Museo de Historia Natural; no tengo palabras para describir el edificio en el que se alberga la colección: era impresionante. El edificio data de 1881 y fue proyectado por Alfred Waterhouse, quien utilizó técnicas revolucionarias de construcción, los elementos ornamentales son plantas y animales, más que un museo podría tratarse de una iglesia magnánima, pero fue construido ex profeso para albergar la exposición.
Es un museo muy bonito, aunque menos interesante que otros, Enrique se compró unas maquetas de aviones en la tienda, salimos y siguiendo Cromwell Rd nos dimos cuenta que Kessington es un precioso barrio de alto copete, por lo que te explicas que allí esté emplazado Harrod´s, grandes almacenes muy lujosos, donde la ropa es de firma y cara, nos dimos una vuelta, vimos sus salones, sus mercancías expuestas de manera muy lujosa y a través de una escalera con estilo egipcio salimos a la calle, sin comprar nada por supuesto.
Siguiendo nuestro paseo llegamos a Hyde-Park corner, donde los fines de semana todo aquel que tenga algo que decir puede hacerlo públicamente, merendamos té y unos bollos y cogimos un autobús dirigiéndonos a Oxford ST, donde yo me compré una blusa bastante bonita en una tienda llamada Glady´s, continuamos por Charing Cross, llamada así por la última cruz instalada allí por Eduardo I en 1291 para señalar las estaciones del cortejo fúnebre de la reina Leonor de Castilla en su camino hacia la abadía de Westminster, cenamos en Garfunkel´s y de allí nos fuimos al Hotel molidos.
Por la mañana al levantarnos y como todos los días tomamos nuestro desayuno continental, consistente en dos tostadas cada uno con mantequilla y mermelada, cereales, zumo y/o té o café. Nos dirigimos a toma r el barco en el embarcadero situado al lado del Parlamento para ir a Greendwidch, situado a unos 8 kilómetros del London Brigde, el viaje es a través de los Docklands, el antiguo puerto londinense que ha pasado a ser una de las zonas más bonitas de Londres, con edificios muy modernos y originales.
Una vez en Greenwich , llegamos al Observatory donde pusimos nuestros relojes en hora, admiramos las vistas, pusimos un pie en el Este y otro en el oeste, contemplamos curiosos su museo con relojes muy grandes y Enrique explicó a los niños el significado del Meridiano.
Nos marchamos del observatorio y decidimos celebrar nuestros 15 primeros años juntos en un restaurante llamado Green Village, en el 11-13 de Greenwich Church St donde una chica colombiana y el dueño nos trataron muy bien, degustamos un Roastbeef que más bien parecía una ternera de boda de toda la vida, la carta era muy variada, no en vano anunciaba “cocina mediterránea “ en el escaparate.
Paseamos por el pueblo que resultó muy pintoresco, visitamos el Royal Naval College , sede de la Academia Naval Real, un edificio parecido a un palacio, obra de Wren (el arquitecto de la Catedral de St Paul) del siglo XVIII, con una sala pintada con frescos muy bonita llamada Painted Hall, al salir nos encontramos un bar con un nombre curioso donde Eva no pudo evitar hacerse una foto junto a Enrique.
De allí nos fuimos a una plaza cubierta que debió ser un antiguo mercado donde yo me compré una camiseta y donde el dueño les hizo un examen de inglés a mis hijos y sacaron muy buena nota. Pasamos por un parque donde en el suelo se recordaba que allí estuvo el edificio donde nació Enrique VIII y su hija Isabel I. Llegamos al embarcadero donde contemplamos el Cutty Sark, un buque de vela que transportaba té desde el Este asiático hasta Inglaterra y entonces era muy veloz, el barco era bonito, me evocaba las viejas películas de piratas. Cogimos el barco de las 17,00 que por cierto era el último, llegamos al embarcadero de Westminster, nos fuimos paseando hasta Coven Garden y de allí en Sadbury St llegamos al Rain Forest Café que ya conocíamos por el de Paris, nos situaron en una mesa rodeada de gorilas y un tigre. Por encima de la mesa había varios loros de colores y allí volvimos a celebrar nuestros 15 años juntos, pues eso no se celebra todos los días, sobre todo tan enamorados como nosotros.
El penúltimo día en Londres decidimos ir a Oxford, nos dirigimos a Victoria Station a coger el autobús, Enrique sacó los billetes en la oficina de Green Lane, al llegar al autobús el conductor nos dijo que si hubiéramos sacado los billetes con él, nos hubiéramos ahorrado 12 libras, jó!. El autobús era confortable, tenía dos pisos y nos situamos en la parte de arriba. Llegamos a Oxford tras dos interminables horas con un montón de paradas y atasco.
Oxford es una ciudad encantadora con un ambiente muy inglés que recuerda a las películas que se desarrollan en la 2ª Guerra Mundial, con mucha gente en la calle y unos Colleges impresionantes, como el Christ Church, con escudo irlandés en la puerta., compramos algunos recuerdos y comimos en un Restaurante llamado Belle Italia en la George ST, pagamos el precio más alto hasta ahora: 40 libras pero no estuvo mal, la diferencia con España es que por el mismo precio en vez de comer un plato comes tres y la bebida está incluida.
Seguimos paseando y comprobamos una vez más que Oxford es una ciudad preciosa, nos hicimos fotos en los Colleges donde insignes científicos desarrollaron su labor como Hooke, el padre de la célula y Boyle, célebre por su principio físico que ya no recuerdo, pero seguro que me cayó en algún examen .
Volvimos a coger el autobús pero esta vez iba a toda mecha, excepto para salir de Oxford, ya que había numerosas paradas y el conductor hacía a mano los billetes, algo bastante sorprendente en Inglaterra, nos bajamos en Notting Hill y de allí fuimos a través de Leicester Square, a un Pizza Hut situado en la Cambridge Circus, una plaza que a Enrique padre le gustaba especialmente. Tras cenar nos dirigimos en autobús al Hotel.
Los ingleses son muy distintos a nosotros: tallan la ropa diferente, no usan euros, los enchufes son distintos, la distancia se mide en millas, la sal y la pimienta la envasan al revés en los restaurantes, los grados de temperatura son en Fahrenheit, la verdad es que no vimos mucha vocación de Unión Europea entre los ingleses.
Nuestro último día completo en Londres decidimos pasarlo en Hyde Park, maravilloso parque que pertenecía originariamente a la abadía de Westminster, en 1536 Enrique VIII, lo convirtió en coto real y en 1635, Carlos I lo abrió al público. La entrada al parque es a través de un portal de tres arcos, cuyos relieves muestran reproducciones del Partenón, a la derecha se puede contemplar una colosal estatua de Aquiles, erigida en honor del Duque de Wellington .
Llegamos al the Long Water que es un gran lago que cruza el parque, estaba lleno de aves acuáticas y en algún sitio un señor jugando con su perro dentro del lago al lado de un cartel que estaba prohibiendo bañar a perros. Buscamos la Fuente dedicada a Diana de Gales pero estaba en obras, quizás por la proximidad de la boda del Príncipe de Gales. Caminando llegamos a la estatua de Peter Pan, muy bonita y ligera que a mí me inspiró mucha ternura, le hicimos fotos a los niños. Pero lo que más me gustó de Hyde Park, fue lo último: una estatua al padre de la vacuna de la viruela, alguien que con toda seguridad salvó miles de vida y probablemente salvó de la Humanidad de alguna catástrofe, para mí un honor hacerme una foto con Jenner y que además honra a los británicos que hagan una estatua a tan ilustre científico, me encantó.
Salimos de Hyde Park y paseamos por South Kessington donde se encuentra el Albert Royal Hall, el Albert Memorial, un extraño monumento al marido de la Reina Victoria y una estatua del Dr Livingstone que anunciaba The Royal Geographical Society, supongo.
De Hyde Park fuimos en metro a Pílnico, donde se encuentra la Tate Gallery, pensamos que podíamos comer por allí, ya que en Chelsea era demasiado caro, pero nuestra sorpresa fue que no había nada por allí y si lo había era demasiado tarde, así que fuimos a parar a un Pub llamado Morpeth Arms en Millbak ST, menudo sitio cutre!!!!!; subimos al comedor previo paso por el cubo de la basura, el camarero ni nos limpió la mesa..
Enrique tuvo que subir la bebida subiendo una escalera hasta nuestra mesa, pedimos 4 fishs and chips, pues había otra cosa, nos marchamos de allí corriendo tras hacernos una foto de recuerdo. Llegamos a la Tate Gallery, situada enfrente del Támesis, donde descubrimos que había un autobús con forma de pato que navegaba también por el Río. El edificio de la Tate es muy bonito, clásico y parecido a todos los que albergan museos en Londres, éste data de 1897. A mí lo que más me gustó de la Tate fue la primera sala que te encuentras, llena de retratos victorianos, no conocía la pintura inglesa, excepto Turner y me gustó, otra cosa que me agradó, sobre todo si vas con niños, es que en algunos cuadros hay adivinanzas sobre ellos. Eva estaba encantada, empezó con un cuadro que preguntaba, dónde estaban las dos anclas del cuadro, las descubrió: una en la arena y otra en un tatuaje que llevaba un personaje del cuadro. Antes de salir del Museo fuimos a su tienda, donde compramos mi póster. Los niños y Enrique se tomaron un helado a la puerta del Museo. Llegamos andando hasta la estatua de Rodin frente al Parlamento, se trata de una copia de los Burgueses de Calais que se halla en Paris. Siempre es agradable el paseo por esa zona del Támesis junto a las Casas del Parlamento, construidas por Barry en 1834, en el lugar donde se quemó el Palacio de Westminster., excepto la zona de Westminster Hall y que data de 1097, siendo su techo artesonado del Siglo XV.
Cogimos un autobús y nos marchamos a la Catedral de San Pablo, impresionante la cúpula, al parecer la 2ª más grande del mundo después de la de San Pedro del Vaticano, en una obra de Wren y éste la comenzó a construir en 1675, es de un estilo barroco con reminiscencias clásicas, la zona de alrededor es muy agradable y parece que ha sido vendida por la Iglesia para negocios no muy religiosos, como restaurantes, tiendas de regalos, etc, la plaza del Pater Noster posee unos bancos donde la vista de la Catedral luce en todo su esplendor., sobre todo si está iluminada por la noche. Decidimos terminar el día en la zona de Covent Garden, ya que nos gustaba mucho por el ambiente y por la variedad de restaurantes, elegimos un italiano llamado Piazza en la Cranbourn ST, nos subieron al primer piso y tras un pésimo servicio, nos tomamos una ensalada , dos platos de tortelloni, uno de spaguetti carbonara, una botella de vino y dos de agua, nos cobraron 61 libras y se quedaron tan panchos, de allí nos fuimos al Hotel.
De allí nos marchamos a King´s Cross donde estaba nuestro Hotel, recogimos nuestro equipaje, nos despedimos de nuestro inexpresivo amigo-portero indú y nos dirigimos en metro al aeropuerto de Stanted donde cogimos nuestro avión con dirección a Valencia, acabando nuestro maravilloso viaje.



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