sábado, 27 de noviembre de 2010

VIAJE A LlSBOA



(23-26 de Junio de 2004). El miedo que tengo siempre que Enrique me plantea un viaje de su trabajo fuera de Madrid y solos es qué hago con mis hijos, mis padres estaban en Alicante y querían que los llevásemos allí pero nos daba miedo hacerlo, sobre todo por el problema que tiene Enrique, así que al final mi hermana Loli me propuso que se quedaran con ella y así lo hicimos.

Nos fuimos de Madrid acompañados de Manolo y Carmen, compañero de trabajo de Enrique y su mujer; el día 23 de Junio a las 22.45 salió el tren –hotel Lusitania, un TALGO pendular en el que cenas, duermes y desayunas tras una ducha viendo la entrada a Lisboa. Se nos estropeó un poco el trayecto ya que no había agua al levantarnos.

Tras coger un taxi nos dirigimos al hotel (Hotel Mundial) que estaba bastante céntrico junto a la Plaza Felgueira, como no era hora de coger la habitación ya que eran las 8.30 de la mañana, nos fuimos a pasear por Lisboa. Me impresionó las enormes plazas que tiene la ciudad, además una al lado de otra en algunas ocasiones y también casi todos sus balcones cubiertos por la bandera portuguesa (se jugaba la Copa Europea).

En la Plaza de Felgueira Cogimos un tranvía en la parte alta de la ciudad y digo alta porque Lisboa está lleno de cuestas y además empedradas por lo que caminar por la ciudad con taconcitos como llevaba yo era complicado por no decir doloroso. Los tranvías eran bonitos y curiosos, bonitos porque eran de madera y curiosos porque debido a la celebración de la Eurocopa se oía hablar varios idiomas, visitamos algunas iglesias y contemplamos las tiendas que no me gustaron y eran demasiado caras.

Llegamos por fin a la habitación del Hotel, nos dimos la ducha deseada y nos fuimos a comer a un restaurante que me había recomendado mi amiga Tina, se llamaba Café- Restaurante Martinho de Arcada, situado en la plaza del Comercio, es un lugar de 1782, en el que se reunían escritores portugueses como Pessoa o Saramago. Nos gustó mucho, buen precio, buena calidad, honrados con los turistas, sitio muy agradable y además descubrimos el exquisito queso portugués llamado Saloio.

Después de la estupenda comida nos dirigimos al estadio de fútbol Da Luz a ver el partido Portugal- Inglaterra, fuimos en el Metro y al salir de la estación pudimos ver como estaba Lisboa tomado por la policía, había cientos y eso nos hacía sentirnos seguros después de la inseguridad creada en el mundo por Bush y sus amigos, entre ellos nuestro afortunadamente ya ex presidente Aznar.

Antes de entrar en el estadio pasamos por varios filtros, Canon nos hizo una foto frente al representante fotográfico de Portugal, pintado de verde y rojo, que era nuestro favorito. Entramos en la zona VIP: verdaderamente un lujo, era un sitio muy agradable con varias carpas, músicos en directo, actores, buffet libre de exquisita comida y camareras casi todas españolas, así que estuvimos muy a gusto.

Más tarde nos sentamos en la grada, junto a aficionados ingleses, portugueses y franceses. Yo no había estado nunca en un partido de fútbol, ni nunca tuve interés en ello, pero he de reconocer que me entusiasmé, lo pasé muy bien y fué agradable comunicarse con gente de distintos países teniendo todos la misma ilusión: que ganase Portugal (los ingleses no, claro). Y ganó, al salir del estadio todo el mundo estaba enloquecido con la victoria, los coches pitaban sin parar, las banderas ondeaban en los balcones y en los coches, la gente salió a la calle y celebraba con alegría la derrota de Inglaterra tras una prórroga y tanda de penaltis.

El día 25 fuimos de nuevo a visitar Lisboa, su famoso puente sobre el Río Tajo, el elevador en el centro de la ciudad, la plaza del Rossío con una exposición espectacular de fotos del Mundo, etc.. Tomamos un tranvía y fuimos a Belén, Manolo y Enrique visitaron el monumento al descubrimiento, mientras Carmen y yo esperamos abajo y nos compramos una colcha y una bandeja, respectivamente, los chicos nos hicieron una foto desde lo alto del monumento.

Vista desde el monumento al Descubrimiento También estuvimos en la torre de Belén y la iglesia del Monasterio de los Jerónimos y por sugerencia de la guía turística que llevaba Manolo, acabamos en un Restaurante llamado Ya Sei, a la derecha del monumento del descubrimiento.
 El sitio era muy agradable junto al mar, pero sin aire acondicionado. Bajo la sugerencia del Maître, pedimos almejas, carabineros y pescado a la plancha que vino acompañado de una ensalada y unas patatas con zanahoria en platos a parte. Al final se nos sugirió que tomasemos un licor portugués, cosa que aceptaron Enrique y Manolo. Al pedir la cuenta, ésta ascendía a casi 350 €, ante nuestro asombro y tras explicaciones, nos aclararon que los licores, patatas, zanahorias y ensalada se nos había cobrado y como eran pocas almejas para 4 pusieron otro plato sin consultarnos.

Tras la exquisita protesta de mi marido, nos descontaron unos cuantos euros, un timo (“ya sei” donde no tengo que volver). Esa noche acabamos en una calle céntrica de Lisboa, la preferida de Enrique; tomando unos bocatas típicos brasileños. Hacía una noche muy agradable. Al día siguiente alquilamos un coche y nos dirigimos tras dar varias vueltas y atravesar 2 veces el Puente 25 de Abril a Sintra, ciudad muy bella, llena cómo no! de cuestas, palacetes y un castillo llamado “de los moros” con una muralla muy particular que a mí me recordaba a la muralla china, salvando las distancias.


Luego nos dirigimos al cabo Da Roca, el punto más occidental de Europa, allí se anunciaba un Restaurante que sólo ofrecía bocadillos por lo que elegimos para comer otro llamado “Refugio da Roca”, situado en Azóia, un pequeño pueblo cerca del Cabo. Nos gustó, comimos bien; la gente era agradable y según el camarero lo hicimos en la misma mesa que Hilary Clinton, de la que había una foto en la pared junto a todos los trabajadores de la casa.

Desde allí nos encaminamos a Cascais, un lugar frente al Atlántico, maravilloso, con amplias calles, pequeñas playas y tiendas carísimas. Luego a través de Estoril volvimos a Lisboa, fuimos al Hotel, recogimos nuestras cosas y volvimos a la estación, llegando a Madrid en el mismo tren, pero esta vez con todo en regla. Fué un viaje muy agradable.

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