domingo, 27 de diciembre de 2009

VIAJE A COSTA OESTE DE ESTADOS UNIDOS 2009


El día 23 de Junio de 2009 comenzamos nuestra aventura hacia la Costa Oeste de Estados Unidos, nuestro plan era: Madrid-Atlanta-San Francisco-Lago Tahoe-Yosemite-Las Vegas-Gran Cañón del Colorado-San Diego-Ensenada (México)-Los Angeles-Monterey-San Francisco-Nueva York y así lo hicimos.
Salimos de la Terminal 1 de Barajas con dirección a Atlanta (8.44 horas de vuelo), el viaje lo hicimos con Delta air lines, fue estupendo, por lo entretenido: comida, bebida, películas y juegos.
 Al llegar a Atlanta permanecimos dos horas, esperando la salida hacia San Francisco, como peculiaridad debíamos coger las maletas de una cinta y llevarlas nosotros a la cinta de enfrente donde un negro muy grande las cargaba en ésta, al parecer eso sólo ocurre en USA en 2 ciudades: Menphis y Atlanta , el vuelo a ésta ciudad fue de 5 horas más . Al llegar al aeropuerto tomamos un taxi con conductor jordano, nos llevó hasta El Hotel Westin San Francisco Market, situado junto a ésta calle. El Hotel estaba fenomenal nos fuimos paseando por Market st, una calle sembrada de banderas gays, cenamos en un McDonald muy pequeño situado en ésta calle y de allí nos fuimos a dormir ya que el Jet-lag pudo con nosotros.
A la mañana siguiente desayunamos en Gran D´Or también situado en Market St y de allí fuimos andando hasta Union Square, la plaza donde se encuentra Tiffanys y Macy´s , luego a través de todas las calles empinadas de San Francisco, llegamos a la famosa calle de Lombard, la calle más sinuosa de Estados Unidos, la parte más alta de ésta está constituida por ocho tramos que un propietario ideó para reducir los 27º de pendiente que presentaba la calle, en el nº 900 de Lombard vivían los personajes de Vértigo de Hichtcock. La vista desde éste tramo es impresionante, desde aquí se puede ver la isla de Alcatraz.
De Lombard St nos marchamos a Fisherman´s Warf o Muelle del pescador, una zona muy turística de San Francisco, pero agradable, en el muelle 45 se encuentra un submarino de la 2º Guerra Mundial que se puede visitar, en el muelle 39, están los leones marinos apiñados en tablas flotantes de madera, había muchas, pero los animales, se empeñan en estrujarse unos contra otros en unas pocas, algunos descansan boca arriba y parecen sonreír al sol, hacían un ruido ensordecedor, como si ladrasen, graciosos los sea lions...
Desde aquí se divisa Alcatraz o La Roca, prisión federal hasta 1963, se intentaron varias fugas, pero todos murieron en el intento, en ésta prisión estuvo preso Al Capone, fue cerrada en 1963, por el alto coste que suponía su manutención. Para comer, dimos una vuelta por los puestos de marisco, donde la especialidad es el cangrejo dungeness (símbolo de la zona) y elegimos clam chowder una sopa de almejas con patata preparada en un tazón de pan de masa madre, único ya que está preparado con el clima peculiar de California (humedad), el pan se llama Sourdough bread y es un poco agrio y contundente, las chicas nos decantamos por un bocadillo de gambas de la bahía, todo esto comimos en Boudin, una especie de supermercado-restaurante..
De allí volvimos caminando de nuevo a Market st, compramos en una cadena llamada Marhalls, unas zapatillas Converse a Eva a muy buen precio (19 dólares), luego en Macy´s Eva se compró unas gafas de Liz Claiborne y yo una crema de Clinique, tras el intenso día compramos fruta y yogures y nos lo comimos en el Hotel, admirando la espléndida vista de San Francisco que se contemplaba desde la habitación.
El día 25 de Junio nos levantamos desayunamos en Loris Dinner situado en Powell St, un típico dinner estilo años 50, donde nos hacíamos con unos huevos con bacon para empezar la jornada y de allí fuimos caminando hacia un Best Buy donde compramos un navegador que el vendedor nos aseguró tenía mapas para Europa a través de la web y nos era necesario para el viaje que teníamos planeado, de allí caminamos hacia el barrio de Misión, un barrio latino, donde se encuentra la Mision Dolores, fundada por fray Junípero Serra, un fraile mallorquín que nació en Petra.
Pasamos también por el ayuntamiento, presidido por una gran cúpula y varias banderas gay ya que aquí fue asesinado Milk, artífice del reconocimiento de los derechos de los gays y desde entonces, la ciudad se engalana con las banderas con los colores del arco iris.
Desde allí llegamos caminando al Barrio de Castro, el barrio gay por excelencia, me pareció muy discreto y agradable, comimos en un burger donde nos atendió un chico brasileño, gay, por supuesto y además en español. Mientras comíamos allí nos enteramos de la muerte de la actriz Farrah Fawcet, debido a un cáncer de colon, esto me hizo recordar que no debería incluir éste tipo de comida en nuestra dieta...aunque en el menú de éste restaurante se ofrecían hamburguesas de champiñones y de aguacate.
De allí seguimos caminando y llegamos a Alamo Square, hacía mucho aire, como siempre, por ello estuvimos un rato sentados en el parque, desde allí, en la zona más alta contemplamos de un lado el skyline de San Francisco y de otro las casas victorianas alineadas, típicas de éste barrio. Caminamos hacia Union Square, paramos en un Starbuck café y de allí, volvimos a comprar sándwiches y fruta y acabamos en el Hotel donde nos enteramos atónitos de la muerte de Michael Jackson, le costó demasiado caro querer dormir… El día 26 cogimos en Union Sq, un ticket que nos permitía subir en Metro, tranvía y autobús.
Tomamos un Cable-car (tranvía), en Powell st hasta Fisherman´s Warf, de allí tomamos dos autobuses que nos llevaron al pié del Golden Gate Bridge: impresionante, parecía una pintura, estaba encuadrado por una especie de niebla, que resaltaba aún más el color rojo de su pintura, el Golden Gate no es el puente más grande de San Francisco, se construyó entre 1933 y 1937, mide 1280 metros de longitud y está suspendido entre 2 torres de 227 metros de altura cada una.
Comenzamos a cruzar a pié el puente, pues dispone de carril de peatones y de bici, pero al llegar al primer pilar, Enrique hijo y yo, nos dimos la vuelta, pues no aguantamos la altura, el Golden gate, fue la puerta dorada de entrada a San Francisco, en tiempos de la Fiebre del Oro, éste puente une la ciudad de San Francisco con Sausalito, ciudad costera y turística.
Cuando volvieron Eva y Enrique tomamos el autobús que nos llevó hasta Fisherman´s Warf. Decidimos comer sentados junto al mar en un banco, tomamos fish and chips, también calamares y de nuevo clam chowder, eso sí rodeados, por no decir acorralados por alcatraces, que estaban al acecho por si se te caía algo de comida.
Terminamos de comer y paramos junto a un pintor callejero, le pedimos que nos hiciera una caricatura a Enrique y a mí, con un dibujo del Golden Gate, en mí destacaba mi pecho y de Enrique su frente.
Decidimos tomar de nuevo el tranvía que nos hizo esperar más de 1 hora, nos llevó a Market St, donde tomamos otro que nos trasladó a Van Ness St, de aquí fuimos caminando hacia el Ayuntamiento, donde cogimos el Metro y nos llevó hasta la estación de Embarcadero, desde donde se divisa el Bay bridge Oakland que fue construido en 1936, es un puente con 3 pilares, de color blanco y comunica San Francisco con Oakland, es más largo que el Golden Gate, pero no más bonito.
De allí fuimos caminando por la ciudad financiera hasta nuestro Hotel, pero antes volvimos a comprar en Walgreens (como siempre), cena para tomar en el Hotel y seguir disfrutando de las vistas.
El día 27 desayunamos en Market St, en una terraza, donde comimos un bocadillo de huevo y jamón, los dos Enriques se dirigieron al aeropuerto para coger el coche que habíamos alquilado a través de internet a la agencia Dólar, mientras Eva y yo nos fuimos de compras a Macy´s y por Powell St. Llegaron por fin con un Dodge Caliber rojo, colocamos nuestro navegador y nos dirigimos hacia la ciudad de Sacramento. Me gustó mucho san Francisco, pero si tengo que citar un inconveniente es el frío que hace, debido a las corrientes del Pacífico, siempre hace aire y fresco, aunque la temperatura a lo largo del año, sea la misma, como dijo Mark Twain: “el peor invierno que he pasado fue un verano en san Francisco”. Salimos de la ciudad a través del Golden Gate, pero como no nos habíamos familiarizado con el navegador, lo atravesamos tres veces, lo curioso es que para entrar a San Fancisco te cobran 6 dólares, pero no para salir.
Paramos en Sausalito, merece más la pena las vistas que se divisan hasta llegar al pueblo que el pueblo mismo, es una población muy turística, con ambiente de playa, sus barcos, etc…En el camino comimos en un restaurante americano llamado Texas roadhouse ( situado en Fairfield), donde los empleados nos amenizaban bailando típicos bailes americanos y se disculpaban si se iban a su casa por cambio de turno y además nos presentaban a su sustituto.
Al entrar nos preguntaron si era la primera vez que estábamos y la pregunta era para explicarnos si conocíamos los cortes de la carne para pedir el Steak, curioso... De allí nos marchamos a Sacramento, capital del Estado de California, entramos en una ciudad desierta por el calor que hacía, donde lo que más recuerdo es su puente amarillo y su parlamento con su cúpula, Sacramento es más pequeña que las otras ciudades importantes de California, como Los Angeles, San Diego, san Francisco o San José. Nos marchamos, por lo inhóspita que nos pareció la ciudad y de allí nos dirigimos a South lake Tahoe, la ciudad que nos acogió en nuestra visita a Lago Tahoe ..
El lago Tahoe se encuentra entre los estados de Nevada y California, sus aguas proceden del río Truckee y tiene un diámetro de 114 kilómetros y una profundidad máxima de 501 metros, sus ciudades más importantes a su alrededor son además Carson City (capital del estado de Nevada) y Tahoe City . Llegamos al Motel 6 , a la habitación 239, el motel 6 es un motel muy sencillo, limpio y con servicio de lavandería que aprovechamos para hacer nuestra colada, dimos un paseo por los alrededores, pero todo estaba muy solitario, por lo que decidimos cenar en Taco Bell, una cadena de restaurantes mexicanos, muy barata y con bastante éxito en estados Unidos.
A la mañana siguiente desayunamos en Carrow´s, un restaurante venido a menos, decorado con fresas de papel, cogimos el coche y rodeamos los 114 kilómetros de costa del lago, en las zonas donde la carretera se elevaba sobre el lago, las vistas eran espléndidas, en una ocasión paramos y entablamos conversación con un profesor americano que había estado estudiando en Córdoba, menuda casualidad, teniendo en cuenta que Enrique es de Córdoba.
En la parte de Nevada, había muchos casinos y capillas para matrimonios rápidos (24 Horas), incluso en el término colindante de California. Compramos en Safeway la comida (por menos de 6 dólares, puedes comer comida caliente) y dimos cuenta de ella a orillas del lago. Más tarde compramos en Railwai´s, merienda. Intentamos bañarnos en el lago, pero ni fue posible (no había ‘para cambiarse, no nos gustaba…), así que decidimos ir al Motel y bañarnos en la piscina de éste. Siguiendo las recomendaciones de nuestra guía de bolsillo nos fuimos a cenar a Temp´s Villa Roma, un restaurante italiano, muy americano, la señora que nos acogió tras consultar nos sentó en una mesa, había buffet de ensaladas y la cena se nos sirvió en un periquete, cuando estábamos con los primaros, vinieron los segundos, entendimos rápidamente por qué; iban a cerrar, pagamos los 67.80 dólares de la cuenta y no dejamos un centavo de propina, la próxima vez se lo pensarán si sentarte o decirte que está cerrado.
El día 29 de Junio tras una intensa búsqueda para encontrar un ordenador conectado a internet, encontramos el Grossy Hot Café, un café regentado por un sudafricano blanco, que estaba encantado de vivir en ésta parte del Mundo, el coste de la conexión fue la compra de 2 cafés que nos tomamos. De las claras aguas del Lago Tahoe, nos marchamos a Oakhurst, a las puertas del Parque Nacional de Yosemite, antes atravesamos varios pequeños Parques Nacionales, como Bear Valley (estación de esquí) y 3 Trees.
En Mosquito Lake, Eva tenía ganas de ir al baño, paramos en unos WC anunciados en la carretera, abrimos la puerta y nos encontramos una taza sobreelevada, levantamos la tapa y en el fondo se veía el suelo del monte y un hermoso ratoncillo de campo que habíamos pillado en ese momento, pasando por allí, curioso…El entorno era muy bonito, poblado de coníferas y con un Camping para disfrutar plenamente de la naturaleza, paramos en un Market y allí compramos unos bocadillos a la carta que confeccionamos en un cuaderno que nos daban, nos los tomamos sentados en estos preciosos parajes. Siguiendo nuestro camino llegamos a Contonville, una ciudad cerca de Mariposa, cuyo paisaje es el mismo que vemos en las ciudades de las películas del Oeste, llegamos al Visitor Centre a las 17.15, y cerraban a las a las 17.00, pero la señora que lo atendía, nos abrió, fue muy amable con nosotros, dándonos toda la información que necesitábamos acerca de Yosemite.
 Llegamos a Oakhurst y nos alojamos en Oakhurst Lodge, un motel muy acogedor que tenía internet gratis (increíble), piscina e incluía desayuno con tostadas, zumo, café y bollitos, la habitación estaba muy bien, contentos nos fuimos a cenar a Pizza Factory, donde probé por primera vez la pizza con pesto y tomates secos, original y rica.
El día 30 de Junio comenzamos nuestro camino hacia Yosemite, comprando unos bocadillos en Subway, preparados por una señora muy parlanchina, cuando salimos comenzó a llover, hicimos los 80 kilómetros que nos separaban del Parque en coche y bajo la lluvia, llegamos y pagamos los 20 dólares que cuesta por coche y aparcamos en Wawona, junto a la tienda de regalos, allí compramos unos impermeables de capa muy amarillos. Yosemite es un Parque Nacional de 3000 kilómetros cuadrados, la gran mayoría de la visita al parque se realiza en el Valle de Yosemite, flanqueado por los picos de El Capitán y el Half Done.
Tomamos el autobús gratuito que no llevaba a Mariposa, donde se encuentran las Secuoyas gigantes. Mi hijo se quedó muy preocupado por si los osos se comían la comida que dejamos en el coche, ya que las guías avisaban que no debíamos dejar comida dentro del coche y nosotros lo hicimos. Anduvimos en total unos 12 kilómetros y contemplamos acompañados todo el camino por una familia japonesa el paisaje jurásico (al menos lo parecía) de las secuoyas gigantes que a veces hacían formas caprichosas, como el Túnel Tree o raíces gigantes caídas, también está el gigante Grizzly de 2700 años. Yosemite se encuentra en Sierra Nevada, existen 5 zonas diferenciadas por el parque, pero casi todo el mundo visita Yosemite Valley, debido al cambio climático, han desaparecido varios de los glaciares que tenía el parque, el parque está regado por el río Tuolumne y Merced.
Después de la visita a las secuoyas, volvimos a Wawona donde nos tomamos nuestros bocadillos (que no se comieron los osos) a orillas de un lago, junto a las ardillas, Steller´s jay (pájaros azules) y cuervos negros que parecían pollos. Terminamos y con nuestro coche, llegamos a Glacier Point, donde se encuentran las cataratas de Yosemite , las más altas de Norte América y El Capitán, contemplamos el paisaje desde una especie de escenario con escaleras, fue precioso y a mí lo que más me gustó del Parque. Durante todo el paseo, te advierten que no des de comer a los animales, para mantener la vida salvaje. En uno de los trayectos en coche, al lado de la carretera, contemplamos, una manada de ciervos. Nos marchamos escuchando Viva la vida de Coldplay, besos Yosemite…Llegamos a Oakhurst y cenamos en Pizza Factory de nuevo.
El día 1/07/2009, dejamos Oakhurst y emprendimos nuestro viaje hacia Las Vegas, cambiamos de paisaje , atravesamos el desierto de Mojave, sembrado de árboles Joshua, muy abundantes en éste desierto, sólo se encuentran en Norteamérica, en los Estados de Arizona, Nevada, California y Utah, puede llegar a medir hasta 13 metros y su nombre se lo debe a los mormones, por la forma del árbol, asemejándose a Josué clamando al cielo.
Paramos a comer en un dinner estilo años 50, con forma de tubo a 200 kilómetros de Las Vegas, llamado Penny´s Dinner, hacía un calor terrible cuando salimos. Paramos en un Outlet a 60 kilómetros de Las Vegas, donde los precios de las firmas americanas tenían precios razonables, de allí nos dirigimos a Las Vegas.
El Hotel era el Excalibur, un hotel con forma de castillo con los tejados en rojo y azul, con 4000 habitaciones, era enorme, con varias tiendas y varios restaurantes; a parte del inmenso casino que dominaba el hall, cuando entras tus oídos se ocupan por una extraña música que es la unión de todos los tonos musicales que emiten las máquinas tragaperras, a mí me sugería como la música de un amanecer…, nada más llegar y cuando nos disponíamos a hacer el checking, nos abordó una señorita encantadora para llevarnos a un señor, algo menos encantador, cuyo objetivo era convencernos para acudir a cena y espectáculo llamado Tournament of kings, al parecer es un espectáculo medieval, donde hay batallas de señores, doncellas y como atractivo comer con las manos, el caballero en cuestión vio que a mí no me gustó y en Las Vegas mandan las mujeres, por lo que desistió en su intento.
Tomamos posesión de la habitación y fuimos a dar una vuelta por la strip, bajo un calor de justicia, aunque ya era de noche. La strip es una sección de aproximadamente 6.4 kilómetros de Las Vegas Boulevard, 18 de los 25 hoteles más grandes del mundo, se encuentran en ella, el espectáculo de neón es impresionante, Hotel París, Venetian, Nueva York, MGM, Luxor, Bellagio, Cesar´s… después de caminar un rato, volvimos a nuestro hotel y cenamos en Manchúwok, uno de los numerosos restaurantes del Hotel, por supuesto comida china.
El día 2 de Julio comenzamos el día desayunando en un restaurante mexicano de la strip llamado Salsa Cantina, donde tomamos huevos, jamón y patatas, después cogimos 4 billetes para el autobús llamado the Deuce (“jale la manija roja”) que por 7 dólares, puedes subir y bajar las veces que quieras por la Strip, así lo hicimos primero fuimos hasta Fremont St al Norte de Las Vegas, donde se encuentran casi todas las capillas para casarse y un centro comercial que aloja el famoso cow-boy que daba la bienvenida a Las Vegas antiguamente.
A la vuelta visitamos primero el Hotel Stratosphere, que imita la Torre de la televisión de Seattle y del que cuelga en su punto máximo un pequeño parque de atracciones a 300 metros del suelo, el Hotel París, donde el casino tiene un auténtico cielo azul, existe una torre Eiffel, donde se puede subir, mitad del tamaño de la original, también un arco del triunfo, bistrots, y el propio edificio del Hotel es el palacio de la Ópera de París, luego visitamos el Cesar´s Palace, lujo romano, un poco exagerado, con tiendas de lujo y un espectáculo llamado La aventura de Atlantis, con muñecos articulados.
El Hotel Venetian, donde había un altar a Michel Jakckson y en el segundo piso tiendas con canales, gondoleros cantantes incluidos, impresionante!!, comimos en el Venetian, en un patio donde había numerosos restaurantes variados, Eva y yo comimos un combo de seafoods, cuando estuvo listo, nos avisaron a través de un aparato de bolsillo que vibraba y emitía una señal luminosa. Acabamos nuestro paseo en el Hotel Bellagio, decorado el Hall con flores que hacían preciosas figuras, el techo también eran flores, pero de cristal, había una noria decorada igualmente, pero lo más espectacular, estaba fuera del Hotel, en su lago, donde cada media hora, hay un espectáculo de agua y música, donde el agua se movía al compás de la música, parecían bailarinas moviendo su brazos, era conmovedor y espectacular!.
De camino pasamos por el Flamingo, primer casino-hotel de Las Vegas, creado por un mafioso, el cual no se podía imaginar lo que sería Las Vegas años después, compramos fruta y bocadillos en el Walgreens y nos lo tomamos tan ricamente en el Hotel. El día 3 de Julio, decidimos pasarlo en el Hotel de descanso, para ello contratamos el “all you can eat”,te ponen una pulsera y puedes entrar en el buffet, todas las veces que quieras y comer todo lo que quieras más las bebidas, menos las alcohólicas, el precio eran 25 dólares, por persona.. La mañana la pasamos en la piscina espectacular del Hotel, con jacuzzi de agua caliente, cascadas, tiendas con TV y aire acondicionado que se alquilaban, todo estupendo.
Conocimos a nuestro compañero de hamaca que era de Miami (descendiente de cubanos) y charlamos un poco con él, en español. Por la tarde, nos fuimos al Outlet Premiun, situado dentro de Las Vegas y compramos varias cosas de ropa , de allí, nos marchamos a Freemont St, donde por la noche en el techo del centro comercial, comenzaba un espectáculo de luz y música indescriptible, todo ello dedicado a la música del año 1969 (Wostoock), con himno de USA tocado por Jimmy Hendrix incluido, no olvidemos que al día siguiente era la fiesta nacional.
Cenamos en el Buffet, fuimos a la habitación y dejamos a los niños, nosotros nos bajamos al casino, donde nos sentamos en uno de los bares, justo enfrente del escenario donde actuaban The Klique band, un grupo de Hawai, compuesto por una chica, dos hermanos y dos componentes más (aunque uno de ellos, el batería, estaba oculto tras un panel, probablemente porque no era del grupo). La chica se disfrazó de Britney Spears, Tina Turner y las imitó cantando, hubo una persona del público que subió al escenario y cantó una canción en homenaje a Michael Jackson, luego Ramón, uno de ellos, se disfrazó de Prince y de Elvis Presley , cuando estaba de ésta guisa, bajó las escaleras y tras dirigirse a varios clientes , reparó en nosotros, primero me preguntó como me llamaba y de dónde era, pidió un aplauso para España y tras juguetear conmigo con papel higiénico (un poco tonto, la verdad), se sentó en las rodillas de mi marido, coqueteó con él y tras advertirle le dio un beso en los morros, perplejos, nos preguntamos por qué en ese momento no llevábamos cámara de fotos, luego hablamos con él y nos dijo que lo solicitáramos por la web de ellos, así lo hicimos pero no nos llegó nada.
Tras acabar nuestra consumición nos jugamos unos dólares (3) en las máquinas tragaperras, no nos tocó nada…dimos una vuelta por las mesas y reparamos en un chica espectacular que bailaba en una barra, vimos que repartía collares muy vistosos, por lo que nos paramos, a ver si nos caía alguno y así fue, la chica me miró, me señaló y me pidió que moviese las tetas y los hombros en un gesto muy bailarín, así lo hice y me tiró un collar azul que después regalé a mi hija.
Contentos nos subimos a la habitación donde nos esperaban nuestros hijos, nos preguntaron si habíamos bebido ya que no parábamos de reír, contestamos que no, sólo estábamos borrachos de risa y alegría, era Las Vegas….todo espectáculo!.
El día 4 de Julio, día de la fiesta nacional de USA, salimos de Las Vegas en dirección a Williams, en el estado de Arizona, para visitar El Gran Cañón del Colorado.
De camino hacia la ruta 66 y a 48 kilómetros de Las Vegas, pasamos por la Presa Hoover (en la cuenca del río Colorado), que delimita los estados de Nevada y Arizona, construida entre 1931 y 1936, bajo el mandato de Hoover, del que toma el nombre. La carretera que la rodea, es muy estrecha y con muchas curvas, por lo que había cierto atasco bajo un calor de justicia, paramos y vimos la enorme construcción del puente Puente Mike O’Callaghan-Pat Tillman Memorial, cuya próxima apertura está prevista para 2010, parece ser que éste puente, resolverá algunos problemas de circulación.
Paramos a comer en un restaurante llamado Country Pride, en la intersección entre la 40 y la 15, allí estaba también el sistema All you can eat, en éste restaurante vimos gente amish y un señor con un gran tupé que conducía un coche típico de los años 50. Llegamos a Williams, ciudad que se autoproclama como “Puerta del Gran Cañón”, Tiene algo más de 2800 habitantes y en ella se encuentra la estación de ferrocarril que conducía a Gran Cañón.
Nos alojamos en el Hotel Holliday Inn, dejamos nuestras cosas y fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que estaba lleno de recuerdos de la mítica Ruta 66, había mucho ambiente, restaurantes con barbacoas y música country en directo, con cantantes espectaculares, cenamos en Pine Country Restaurante, decorado con muchas banderas norteamericanas (no olvidemos que era 4 de Julio), donde hacían unas patatas fritas espectaculares. Eva empezó a encontrase mal, comenzó con fiebre, aquejada de gripe A.
El día 5 de Julio, nos dirigimos en coche hacia el Gran Cañón del Colorado, desde Williams había 87 kilómetros, compramos unos bocatas en un Subway de una gasolinera cercana y llegamos a Gran Cañón.
Entramos por la zona Sur, paramos para ver la primera garganta, Enrique padre, se deslizó hasta una punta de roca donde se contemplaba, una garganta espectacular, y de repente le perdimos de vista, nos asustamos, estuvimos más de media hora sin verle, a pesar que llevaba un polo rojo, al final apareció tan contento...luego dejamos el coche en Market Plaza , anduvimos un kilómetro y medio , tomamos un autobús hasta Gran View Point, allí comimos los bocatas ante una gran vista con bebida que compramos en Market Plaza.
Las gargantas son espectaculares de color rojo, según le diese el sol, pueden llegar hasta una milla de profundidad (1.6 Km), hay formas de las rocas muy caprichosas, obra del viento y del agua del Río Colorado durante miles de años, nos gustó mucho, pero es más espectacular Yosemite. Cenamos en el Hotel y Enrique y yo nos marchamos a dar un paseo por Williams que no estaba tan animado como el Sábado, pero igual de agradable, compramos unos regalos...
El día 6 de Julio nos encaminamos hacia San Diego, nos separaban 850 km, el camino más largo del viaje, atravesamos desierto, el Joshua Tree Park y Palm Spring, comimos en Steak and Cake en la división de la 10W hacia San Diego, en la puerta del negocio rezaba: “Vaya con Dios”. Llegamos a la ciudad, nos alojamos en el Holliday Inn San Diego Dowtown Hotel, situado en 1617 First Avenue , dejamos nuestras cosas y nos dirigimos a Litle Italy, allí pudimos ver un gran mural pintado a tiza de “muchachas en la ventana “de Murillo, cuadro que habíamos visto un año antes en Washington. Cenamos en Flippy’s Pizza Grotto, un estupendo restaurante italiano, con una espectacular entrada para entrar, cuyo techo estaba sembrado de botellas forradas de esparto, nos costó 52 dólares con vino, contentos nos fuimos a dormir al Hotel.
Al día siguiente desayunamos en la 1º Avenida en Beach City Market, un local curioso, donde el encargado nos ayudó amablemente, en inglés y con el poco español que sabía, estuvimos dando un paseo y nos encontramos con un español de Sevilla, que nos indicó ir a visitar el puerto, así lo hicimos. El paseo fue muy agradable, había un viejo portaaviones ( san Diego, posee la mayor flota naval del mundo) que se podía visitar y tomar un refresco en su cubierta, un monumento a Bob Hope, compuesto por un grupo de soldados que le jaleaban en su actuación, que al parecer realizó el artista, para despedir a los soldados que iban a luchar a Corea.
Había unas estatuas gigantes de un marinero y una enfermera besándose, réplica de una foto de 1945 obtenida en Nueva York, tras la rendición de Japón en la 2º Guerra Mundial , nos hicimos una foto en la misma posición. Había restaurantes a orillas del mar, donde se podía elegir pescado para cocinar y comértelo allí mismo.
Más tarde, cogimos el coche y fuimos a San Ysidro, pequeña población pegada a México, desde donde se veía Tijuana, dando una imagen que daba miedo, una gran montaña, llena de casa abigarradas, todo ello presidida por una gran bandera mexicana. En San Ysidro había muchos outlets, allí hicimos unas compras y comimos en un McDonald’s. De allí nos marchamos al aeropuerto, ya que se nos había encendido la luz del aceite del coche y es donde se encontraba Dólar, la empresa de alquiler de coches. Después del asombro de la señorita que nos atendió por la cantidad de kilómetros que habíamos realizado y del nuestro por la proximidad de los aviones sobre nuestras cabezas, nos cambiaron el coche por un Ford Focus negro nuevo.
Compramos un seguro para pasar a México por 25 dólares. De allí nos dirigimos a Old Town San Diego, un reducto muy turístico del San Diego antiguo, lleno de restaurantes mexicanos, vestigio de la antigua ciudad española fundada por Fray Junípero Serra, hacia 1769. Cenamos en Café Coyote, situado en San Diego Avenue, al son de música mexicana.
El día 8 desayunamos en el mismo sitio que el día anterior y de allí nos dirigimos en coche a México. Pasamos la frontera, pertrechada de manera militar hasta los dientes, para evitar la inmigración ilegal hacia Estados Unidos, recorrimos 100 kilómetros hasta Ensenada en la Baja California, sin GPS, a través de la Costa del Pacífico. Ensenada es al parecer el municipio más grande del mundo en extensión territorial, es una ciudad turística y enfocada también al turismo farmacéutico: está llena de farmacias donde se venden con grandes carteles al exterior: Amoxicilina, Paracetamol, Ibuprofeno, con grandes ofertas, todo ello dirigido a los norteamericanos, claro. Comimos en Cantina El Corralito, tras superar los acosos de los otros restaurantes, que nos invitaban constantemente a entrar a su establecimiento.
Tomamos pescado a la plancha, muy rico, Enrique tomó quesadillas, que dejó casi todas, ya que estaba empezando a manifestarse la Gripe A que iba a padecer, la comida nos costó 40 dólares.

Volvimos a San Diego y lo hicimos pasando primero por Coronado, la zona es una de las más caras del condado de San Diego, se llega a través de la bahía del mismo nombre y aloja el Hotel Coronado, uno de los resorts más exclusivos del Mundo, donde se rodó la famosa película de Marilyn Monroe “Con faldas y a lo loco”. El Hotel tiene una edificación muy bonita con edificios coronados con torres redondas (estilo victoriano), data de 1888. Tras comprar cena en un Market, nos dirigimos al Hotel. El día 9 de Julio, tras desayunar donde siempre, nos fuimos al Centro comercial Horton justo al lado, donde había un sitio de Internet y allí reservamos una habitación en Los Ángeles en el Hotel Rainassance Montura Airport, en el 9620 del Airport Boulevard, un hotel de 4 estrellas, por 99 dólares la noche.

Recorrimos los 200 kilómetros que separan ambas ciudades por la autopista 5, nos acomodamos en el elegante Hotel, dejamos nuestras cosas y nos dirigimos ansiosos hacia Rodeo Drive, frente al exclusivo Hotel Beverly Wilhsire, donde se rodó “Pretty woman”.
Recorrimos Rodeo Drive, contemplando sus exclusivas tiendas, de allí nos marchamos a Hollywood, aparcamos y entramos en Hollywood Boulevard hacia el teatro Kodack, Teatro Chino, el Paseo de las estrellas, nos hicimos fotos, junto las firmas del teatro Chino, la estrella de Michel Jackson, las colinas de Hollywood, un sueño...estábamos en Hollywood!! .Cuando llegamos al coche, vimos una multa que nos habían puesto de 55 dólares y que nos llegaría a casa 2 meses y 14 días después, con la amenaza que si no pagábamos nos considerarían delincuentes, si volvíamos al país.
Cenamos en New York Pizza, un pequeño local que nos recomendó un portero de un pub, tenía buenas pizzas que tardaron mucho en servirnos y donde tuvimos la sensación que el dueño nos había timado tras pagar los 60 dólares de la cena. Llegamos al Hotel tras aparcar enfrente de éste. El día 10 de Julio, nos dispusimos a coger el coche y no estaba.....
Tras la estupefacción, pensamos que nos lo habían robado, estábamos en Los Ángeles!, pero no: tras varias horas de investigación y con la ayuda de un taxista, Enrique descubrió que el coche, estaba en un depósito de grúa privado. Tomamos un taxi que nos costó 50 dólares, pagamos 243 dólares de la grúa y nos marchamos a relajarnos a Santa Mónica, con una enorme playa, un bonito Pier, comimos en Promenade, una calle peatonal, llena de músicos, el restaurante era un diner, con pésima comida. Nos fuimos al Dowton de la ciudad, intentamos entrar en el MOCA (museo de arte contemporáneo), pero ya estaba cerrado, lo hacía a las 17.30. Paseamos por la ciudad, estaba lleno de joyerías con diamantes (Dowton Historic), compramos unas camisetas de recuerdo. Volvimos al coche y nos dirigimos a Beverly Hills, visitamos Spadena House , como la casita de Hanzel y Gretel, llamada también, “la casa de la bruja”, una construcción de 1921, verdaderamente peculiar. También fuimos a la casa
donde vivieron Marilyn Monroe y Joe di Maggio en Palm St. Compramos comida en un market y cenamos en el Hotel, donde aparcamos con cierto miedo...

El día 11 de Julio, desayunamos en Inglewood, de camino a Monterey, ésta localidad es la sede de Los Lakers, desayunamos en IHOP (Internacional House Of Pancakes), tomamos un rico desayuno con huevos, acompañados, como no de pancakes. Pasamos por el estadio que estaba cerrado, nos dejaron pasar al recinto, que estaba vallado, pero no encontramos ninguna tienda, ya que Enrique quería comprarse una camiseta de Los Lakers. Salimos de Inglewood y nos dirigimos a Malibú, pasamos por el pico donde tenía su residencia el magnate Paul Getty, la peculiaridad es que su casa es una copia exacta de una villa romana de Pompeya, se encuentra a la derecha de la carretera, mirando hacia arriba.
Malibú posee enormes playas con las montañas enfrente, están llenas de surfistas y al parecer es el lugar de preferencia de las estrellas de Hollywood, por su proximidad de Los Ángeles, pero nosotros no vimos ninguna, nos cambiamos en un centro comercial próximo para ponernos el bañador y nos dirigimos a la playa, allí nos bañamos y los niños (papá incluido), se divirtieron un rato con el oleaje. Después nos cambiamos en un vestuario próximo que estaba terriblemente descuidado y sucio, verdaderamente nada que ver con las playas de España, con la arena cuidada, los vestuarios limpios y con varias duchas en la playa, aquí sólo vimos una fuera de los vestuarios.
Tomamos una cerveza en el pier, muy elegante, por cierto y nos dispusimos a recorrer los 518 kilómetros que nos separaban de Monterey, pasamos por San Luis Obispo donde tenía su residencia Randolph Hearst, el magnate emulado por Orson Wells en Ciudadano Kane; cenamos en un Denny’s a 100 kilómetros del destino.
Una vez en Monterey eran las 12.00 de la noche y no teníamos reservado ningún hotel, empezamos la búsqueda, era Sábado por la noche y los que no estaban completos, no nos cuadraba el precio, al fin encontramos uno llamado El Castell, con nombre catalán y dueños hindúes. El Motel, estaba bien, tenía piscina y lavandería, estaba limpio, decidimos quedarnos dos noches.

El día 12 de Julio comenzamos el día desayunando goffres y tostadas, que era lo que nos ofrecía gratis el Motel (el precio de la habitación incluía el desayuno), de allí nos marchamos a visitar Monterey (perdió la erre al hacerse americana), es una ciudad de unos 30.000 habitantes, situada a 200 kilómetros al Sur de San Francisco, es una ciudad californiana desde 1856. Llegamos al Fisherman’s worff , aparcamos y tras pasear por el lago que hay enfrente, dimos una vuelta por el muelle y el Fisherman’s worff: restaurantes, tiendas de recuerdos, lo de siempre, pero con mucho encanto.
Comimos en un restaurante unos fish and chips por 7.95 dólares cada uno. Una vez terminamos de comer nos marchamos a Carmel by the Sea, una ciudad de lujo, famosa por su ex alcalde, el actor Clint Eastwood, tranquila, con una playa muy bonita y tiendas lujosas, en la playa , situada en Ocean Avenue, fuimos testigos de la adoración que sienten los americanos por su ejército, cuando unos bañistas, pidieron hacerse unas fotos con unos soldados que paseaban por la playa, a la vez que le mostraban su admiración, subimos una calle donde Enrique se compró una bonita camiseta. Volvimos a Monterey paseamos por Cannery Row, la antigua zona de envasado de pescado y ahora consagrada al turismo, compramos una chapa de recuerdo en una tienda donde el dependiente hablaba español, más tarde compramos en Safeway la cena y nos dirigimos al Motel.
El día 13 de Julio, nos marchamos hacia san Francisco, un poco apenados porque se estaba acabando nuestro viaje a California, llegamos a San Francisco y dejamos el coche en un parking, situado al lado del Museo de Arte Contemporáneo, entramos en el Museo y compramos una lámina para nuestra colección de láminas de Museos del mundo.
Una vez que salimos de allí, nos dirigimos hacia Union Square, donde compramos en World of charms (Powell St), un colgante en forma de tranvía para la pulsera Pandora de Eva que más tarde perdió en Madrid, entre el gentío de Ikea. También visitamos Macy’s y algo compramos. Desde Union Square nos dirigimos de nuevo a China Town, compramos una maleta de mariquitas y unos pendientes para mi madre, contentos y tristes a la vez, nos marchamos, tras cambiar la maleta en el mismo parking, al aeropuerto.

La madrugada del 13 al 14 de Julio, la pasamos en el avión hacia Nueva York, el vuelo duró 4 horas 40 minutos. Una vez que llegamos a JFK, desayunamos en Mc’Donalds. Cogimos el Metro y en el andén hacia Manhattan, nos encontramos un tipo que era de Santo Domingo y que curiosamente conocía el personal y la residencia que estaba al lado de nuestra casa y que fue donde mi suegra pasó 1 año de su vida.
Por fin llegamos al Hotel Roosvelt, un bonito Hotel, con necesaria reforma en sus habitaciones, pero inmejorablemente situado, entre Avenida Madison y la 48, junto a Central Station, dejamos nuestras cosas en recepción ( a un portero muy avispado, pero tonto) y nos dirigimos ansiosos a pasear por Manhattan: visitamos Macy´s, donde me compré un vestido de Ralph Lauren, luego intentamos reservar una mesa en Marriott Markis de Times Square, en su restaurante The View, pero no era necesario, como nos explicó una amable señorita. Éste era un restaurante situado en la planta 48 de éste hotel, que es circular y rotatorio, donde cenamos Enrique y yo hace 16 años y donde las vistas nocturnas de Manhattan eran espectaculares.
Agotados y con un terrible jet-lag, nos dirigimos al Hotel, al darnos la habitación, nos acostamos para hacer una pequeña siesta...Nos levantamos algo recuperados y nos dirigimos a cenar a Junior’s, el mismo restaurante del año pasado, con las mismas raciones espectaculares y donde entiendes que un gran número de americanos pase de un IMC(indice de masa corporal) de 30.
El día 15 de Julio desayunamos en 19 Metro Market de la 45 th, un sitio agradable por su atención, desde allí, cogimos el metro y nos dirigimos a Central Park. Central Park linda por el norte con la 110th Street, por el oeste con la calle
Central Park West, por el sur con la 59th Street y por el este con la Quinta Avenida.
Los tramos de estas calles que pasan alrededor de Central Park son conocidas normalmente con el nombre de Central Park North, Central Park South y Central Park West, respectivamente; aunque la Quinta Avenida conserva su nombre al pasar por el lado este del parque. Llegamos al Reservoir Jacqueline Kennedy Onassis, el lago más grande Central Park, también visitamos The Pond (literalmente La Charca), otro de sus lagos. A la altura de la 72th Street, frente al Edificio Dakota (donde vivía Jhon Lennon), se encuentra Strawberry Fields, erigido en honor de Jhon Lennon, asesinado cerca del edificio Dakota el 8 de Diciembre de 1980. Strawberry Fields fue inaugurado el día que hubiese sido el 45º cumpleaños de John Lennon, el 9 de Octubre de 1985, en presencia de su viuda, Yoko Ono y se trata de un paseo, coronado por el símbolo de la paz y la palabra IMAGINE y adornado por flores frescas .
Seguimos caminado hacia Greenwich Village, allí comimos en un Mc’Donalds, seguimos nuestro paseo por la 22, pasamos junto al Edificio Flatiron, que data de 1902 y a mí es uno de los edificios que más me gustan de Nueva York, pasamos por el Rockefeller Center donde había una manifestación de “abuelas contra la guerra de Irak”, hablamos con una de ellas que hablaba español y nos dijo que como sus hijos, estaban ocupados trabajando, ellos se encargaban de la protesta, contra ésta guerra injusta., me encantó el papel que tiene los jubilados en USA, lo mismo se encargan de una protesta como que se hacen cargo de un Visitor Center, de forma apasionada. También llegamos hasta China Town, donde estuvimos dando una vuelta, me gustó más el de San Francisco.
 Nuestro paseo terminó en Little Italy, cenamos en Grand Italian Food Center, un restaurante llevado por sudamericanos y con un servicio de pena, caminando llegamos al Hotel.
El día 16 de Julio, era nuestro último día completo en Nueva York , desayunamos de nuevo en 19 Metro Market de la 45h, hicimos unas compras: justo enfrente donde desayunamos, se encontraba una tienda, con pósters muy bonitos, compramos uno (Boulevard Broken Dream’s), luego en Times Square, Enrique se compró unas deportivas (100 dólares). Dejamos todo en el Hotel y fuimos a pasear al puerto de Nueva York, allí se encuentra una enorme estatua que presidía el World Trade Center, estaba algo quemada, no podías evitar estremecerte al verla. Tomamos el Ferry gratuito hacia Staten Island, el paseo fue agradable, el barco era más grande que el año pasado, volvimos y recorrimos Walt Street, la Zona Cero, etc
Tomamos el Metro y llegamos al Hotel, donde nos pusimos guapos para celebrar nuestra última cena en Nueva York . Llegamos a Marriott Marquis, esperamos el ascensor panorámico que nos llevaba a la planta 48, donde se encontraba el restaurante The View, donde 16 años atrás disfrutamos de una cena inolvidable, mientras conocimos a unos españoles muy simpáticos, nos dio tiempo a charlar un rato, pues el funcionamiento del ascensor era complicado.
Llegamos al vestíbulo del restaurante y tras un rato de espera, nos recibió un caballero muy antipático que nos preguntó si tomaríamos Menú o carta, contestamos y nos condujo a una mesa, de forma muy escolarizada y autoritaria, nos asignó una que no nos gustó su ubicación, estaba en medio del comedor, por donde pasaba todo el mundo para coger la comida del buffet, además había una boda, pedimos cambio y nos respondió de mala manera que no había otra, así que decidimos marcharnos, pues no íbamos a pagar 64 dólares cada uno más tasas, con ese trato, aún a sabiendas que no teníamos otro plan, somos pobres, pero con dignidad, así que nos perdimos una cena con una vista de Nueva York a 360º, desde Times Square:, donde podíamos ver todo el sky line de Nueva York, aunque faltaba algo que había hacía 16 años: las Torres Gemelas.
Hace 16 años quisimos cenar en el restaurante de éstas Torres, llamado Windows of the world, pero se encontraba cerrado por el atentado que se produjo en 1993, nadie podía imaginar lo que ocurriría años después. Al desaparecer estos singulares edificios, el perfil de la ciudad cambió por completo y se echa de menos. Ahora era esto lo que se veía desde The View:

Un tanto mosqueados, bajamos al vestíbulo, preguntamos a la chica de recepción por más restaurantes y nos indicó algo extrañada ir a la calle 46, donde había muchos. Así lo hicimos y decidimos cenar en Lattanzi, un restaurante de origen judío, situado entre 361 West y 46 St, la cena fue muy agradable, el maître hablaba perfectamente español, lo había aprendido en Valladolid!, el mejor sitio para hacerlo. Encantados, nos fuimos caminando a Times Square, donde disfrutamos por última vez de las luces de neón de ésta singular plaza.
Nuestro último día , lo pasamos en la ONU, nos encanta ir allí, parece que es tu casa, en su pasillo, siempre te encuentras gentes de diferentes razas, vestimentas, lenguas, visitamos su tienda, donde venden productos de todo el mundo, nos quedamos otra vez con las ganas de contemplar la Sala de reuniones, pues la visita programada en español, era a las 16.00, nos teníamos que marchar hacia al aeropuerto.

Había terminado nuestro maravillosos viaje, nos había hecho olvidar todo lo desagradable que nos depara la vida por unos días, pero también todas las maravillosas sorpresas que esconde nuestro Mundo, viajar es maravilloso....

viernes, 25 de diciembre de 2009

VIAJE A VENECIA 2006



Despegamos de Madrid en uno de esos vuelos “low cost”, o sea barato, no creo que los vuelos regulares convencionales sean tan puntuales como ésta compañía (Myair). Salimos en un avión rojo de Madrid a las 00.30 y tras un agradable vuelo llegamos al aeropuerto de Marco Polo a las 2.30, situado a 10 kilómetros de Venecia. Teníamos miedo de que no hubiese taxis en la parada del aeropuerto para trasladarnos al Hotel debido a la hora, pero tras una llamada nos trasladaron a Novotel Mestre Castellana, situado a 14 km de Venecia.
Al día siguiente un autobús del Hotel nos trasladó a Piazzale Roma, lugar donde acaban su recorrido todos los vehículos con ruedas en Venecia y donde se encuentra también la estación de tren, a partir de aquí se va a pié o en barco. Atravesamos la ciudad mediante los carteles que nos indicaban Piazza san Marcos (la única plaza que merece tal nombre en Venecia, el resto se llama Campo o Piazzale), comenzamos a empaparnos del encanto de la ciudad: calles estrechas, pequeños puentes, tiendas encantadoras repletas de cristal de Murano y máscaras de carnaval.
Llegamos a una plaza llamada Campo San Rocco, donde un hombre tocaba música clásica con un acordeón junto a la Scuola Grande de San Rocco, antiguo hospital de beneficiencia, construida entre 1489 y 1508 por Bartolomeo Bon, parte de ella fue terminado en 1725 por Giovanni Scalfarotto, en el interior se encuentran cuadros de Tintoretto y Ricci entre otros , las guías destacan sobre todo “La Anunciación” de Tintoretto, situado a la derecha de la entrada al Templo, dejando a la espalda la puerta de éste, no sorprende que sea este cuadro la mejor obra, ya que el autor ganó precisamente el concurso para decorar la iglesia. San Rocco fue venerado en Venecia por sus acciones en las epidemias de peste, su cuerpo se encuentra en el edificio desde 1520, las velas del Templo daban un toque misterioso a la iglesia e invitaban a la oración.
Seguimos caminando y tras pasar a través de tiendas de diseñadores con renombre internacional, llegamos a Piazza de San Marcos, inundada de tres cosas: turistas, agua y palomas, atravesamos “el salón de Europa” como lo llamaba Napoleón y a través de unas pasarelas instaladas para no mojarse los pies, entramos en la preciosa Basílica de San Marcos, iglesia que vista desde frente parece no tener ángulos y resulta multicolor gracias a sus mosaicos y a su aire bizantino. La basílica se comenzó en 832, durante casi 1000 años fue la capilla privada del dux, la decoración multicolor de la fachada es espectacular y dentro se pueden admirar tesoros tales como La Pala D’Oro, un retablo con más de 2600 perlas, rubíes y esmeraldas, el coro, la nave y algo que no pone en las guías: el maravilloso suelo de mármol en forma de mosaico, precioso.
La mezcla de estilo bizantino y medieval de la Basílica te envuelve, salimos por la tarima elevada y lo hicimos a unas callejuelas repletas de pequeños restaurantes, donde nos tomamos unos bocadillos de atún y jamón.
Bordeando por detrás San Marcos llegamos al mar Adriático, con unas vistas espectaculares de San Giorgio Maggiore, siguiendo el Gran Canal y dejando a la derecha la Plaza de San Marcos, caminamos en dirección a La Galería de la Academia, no sin antes atravesar la maravillosa plaza llamada Campo San Stéfano o Campo Francesco Morosini, donde antiguamente se celebraban fiestas con toros y donde se encuentra la iglesia de Santo Stéfano provista de un originalísimo techo en forma de quilla y atravesado por unas vigas preciosas, en medio de la nave se encuentra la lápida más grande de Venecia, bajo la que se encuentra Francesco Morosini, famoso por volar de un solo cañonazo el Partenón, francamente no lo entiendo.
Tras comerse mis niños unos pasteles y Enrique una onza de chocolate enorme, llegamos al Puente de la Academia, que ofrece unas vistas espectaculares del Gran Canal, las góndolas, Santa María de la Salud y el resto de los edificios que jalonan el Gran Canal.
La Galería de la Academia, era gratis eses día y nos sorprendió que entre la mayor colección de pintura veneciana del mundo, sólo hubiese dos cuadros de Antonio Canal, Canaletto. En su pequeña tienda compramos un cartel para nuestra colección de museos del mundo, al lado se encontraba una sala donde una soprano cantaba ante una pequeña audiencia, ejemplo de nuevo de la capacidad de los italianos para conjugar la música con otras artes, tales como la pintura y la arquitectura de una manera muy especial, con mucha sensibilidad y de forma mágica. Desde la Academia nos dirigimos de nuevo a la Piazzale Roma donde tomamos el autobús que nos condujo al Hotel para descansar.
El segundo día nos sacamos un pase de 24 horas que incluía el vaporetto y el autobús y desde la estación de Piazzale Roma hasta San Zacaría, allí tomamos un ferry hasta la isla de Burano a 8 Km de Venecia, en una travesía de casi una hora en un día precioso y así llegamos a Burano, una pequeña isla repleta de casas multicolores y tiendas de encajes, coronadas por una Torre inclinada perteneciente a la iglesia de San Martino, después de visitar sus pequeñas calles, compramos unas porciones de pizza, pescado con patatas y nos sentamos en la hierba frente al Adriático y con música de Verdi de fondo, ya que un habitante de ésta maravillosa isla determinó deleitarnos con su voz de tenor a cambio de unas monedas, la sensación era maravillosa...Tras nuestro picnic nos dirigimos al barco que nos condujo a Murano a través de la estación Faro Murano. En Murano se encuentran tiendas de cristal del mismo nombre, una réplica del Gran canal de Venecia y la preciosa basílica se Santa María y Santo Donato de estilo bizantino-veneciano con ladrillos bicolores y también techo en quilla, lo cual no hacía tan original la iglesia de Santo Stéfano de Venecia, también el suelo era de mármol en forma de mosaico, también es famosa porque en esta isla Giacomo Casanova consumó su aventura con la monja MM y por los cangrejos de su laguna. Tras tomarnos un capuchino, subimos al vaporetto que nos condujo de nuevo a Venecia, se nos hizo un poco largo el camino, como anécdota una pequeña ola entró a través de la ventana del barco y me mojó a mí y al pasajero de al lado, lo que provocó la risa sobre todo de mis hijos. Entramos al gran canal y majestuosa presidía la entrada Nuestra señora de la Salud (salute en italiano significa salud y salvación), erigida en 1631 conmemorando la supervivencia a las epidemias de peste de la Ciudad, la iglesia de estilo barroco, está coronada por una cúpula similar a la de San Pedro del Vaticano, las escaleras de acceso se sumergen en las aguas del Gran Canal, pasamos por delante de palacios preciosos como Ca´Pesaro, convertido en museo, Palazzo Dario de 1480 y con una preocupante inclinación, Palazzo Vendramin-Calergi del siglo XV, obra maestra del Gran Canal, última morada de Wagner y actual Casino, Ca ´Rezzonico (1667), obra de Longhena, uno de los mejores arquitectos de su época y también autor de Santa María de la Salud. Bajamos en la parada de Ca D´Oro, llamado así por el palacio del mismo nombre, ejemplo de arquitectura gótico-veneciana y en su origen recubierto de láminas de oro. Nuestra guía, regalo de mi amiga Tina, nos recomendaba un Restaurante llamado Vini Da Gigio, en la Strada Nuova preguntamos a un señor que nos dijo se comía muy bien y estaba al lado, lo encontramos pero estaba repleto, por lo que decidimos cenar en un restaurante al lado de un pequeño canal, llamado Al Vagón, donde yo degusté spaghetti a la camicia nera, o sea pasta negra que estaba buenísima, la recomiendo, Enrique la tomó al Vongole, o sea con almejas, Eva al pesto y Enrique raviolis alla panna, compartimos un pequeño plato de pescado, de postre mis niños tomaron tiramisú, por supuesto, de allí fuimos caminando hasta la Plaza de San Marcos, donde nos sentamos bajo los arcos del palacio ducal, escuchando una pequeña orquesta de un café, de nuevo la magia italiana al mezclar
música y arquitectura, con el encanto añadido de la noche, me hizo recordar 7 años antes, lo mismo en Florencia, pero frente a Los Uffizzi.
El palazzo Ducale es un impresionante edificio de 1419 que tras dos incendios fue restaurado en 1880, en éste palacio se encuentra el óleo más grande del mundo, es de Tintoretto y se llama Paradiso (1588-1592). En un lateral de éste palacio se encuentra el Puente de los Suspiros, llamado así porque los condenados a muerte lo atravesaban para morir desde el palacio ducal a las prisiones, frente al Palacio hay dos columnas del siglo XII; una coronada por San Teodoro y otra por el león de San Marcos, en ésta zona se hacían ejecuciones, por lo que se pensaba que traía mala suerte pasar entre ellas. Terminamos el día paseando de noche por una Venecia, que si cabe, tiene un encanto mayor que de día, atravesamos la Plaza de San Marcos, contemplando el antiguo Café Florian (1720),sus altos precios y su bonitos frescos en paredes y techo.
Tomamos un taxi en Piazzale Roma hasta el hotel, lamentándonos que fuera nuestra última noche en Venecia.
A la mañana siguiente tomamos el vaporetto 82 y mientras atravesamos el puerto comenzó a llover, lo que daba a Venecia otro aspecto no menos bello, bajo la fina lluvia que nos hizo abandonar la proa al descubierto del barco, la vista de San Giorgio Maggiore bajo la lluvia era preciosa, bajamos en San Zaccaria frente al Hotel Danieli, donde en tiempos se albergaron Dickens, George Sand, Balzac y Proust, caminando llegamos a Plaza de San Marcos con la intención de subir al Campanile, pero su alto precio nos hizo desistir: 6 euros por persona, lo que a mí me alegró, debido a mi mal de altura. Nadie diría que el Campanile, se derrumbó en 1902 tras 990 años, donde por cierto sólo murió un gato, reconstruyéndose ese mismo año, parece una construcción auténticamente medieval, está dotada de 5 campanas que tocan en distintas circunstancias, la llamada Maleficio lo hacía en la ejecuciones y todas tañían a la vez, cuando se elegía Papa o Dux. Decidimos caminar hasta Campo Bandiera e Moro donde vivió Tintoretto hasta su muerte, la plaza debe su nombre a los comerciantes árabes que operaban en ésta plaza y porque hay 3 estatuas de moros incrustadas en los muros que representan a los hermanos Mastelli, en ella se encuentra la iglesia San Giovanni in Bragora ( mercado en la antigua forma de dialecto), muy austera pero en ella se bautizó a Vivaldi. No podíamos dejar de visitar La Fenice, que hace honor a su nombre tras resurgir del incendio de 1996, estaban representando Romeo y Julieta de Prokopiev, por cierto la primera obra que yo contemplé en un teatro de ópera, pero en Madrid, al lado de este pequeño edificio se encontraban restaurantes muy bonitos que no reservaban mesa y muchos pozos con brocales decorados.
Comimos en Cleopatra, una trattoria peculiar situada en Campiello de la Pescaria a espaldas del embarcadero Arsenale, donde una matrona italiana nos sirvió pizzas, risotto y pasta. Reemprendimos nuestro paseo entre las maravillosas calles, fondamentas (calle que bordea un canal), plazas, canales y puentes de la misteriosa Venecia, de aspecto probablemente igual que hace 5 siglos. Llegamos a Piazzale Roma, indicándonos que nuestro viaje estaba tocando a su fin, tomamos un autobús al Hotel y de allí un taxi al aeropuerto de Marco Polo, adiós Venecia, maravillosa ciudad....

VIAJE POR EUROPA ESTE 2007: de Niza a Bratislava



Salimos el día 4 de Agosto de 2007 de casa, paramos en Port Llança (Girona) donde tomamos unos bocadillos de atún que nos habíamos preparados en casa, paramos a las orillas del mar, donde había unas rocas y allí con las piernas colgadas hacia el mar dimos cuenta de los bocadillos y de un bizcocho de chocolate que mi paciente Antonia había elaborado para nosotros.
Llegamos a Niza a las 11.30 de la noche, tras atravesar penosamente la Costa azul francesa, ya que a pesar de pagar un peaje caro, las colas en éste y los atascos en la autovía fueron interminables. El hotel era Novotel Nice Centre, en la habitación 430 y como todo estaba cerrado, no tuvimos más remedio que prepararnos un café en la habitación y terminarnos nuestro bizcocho, al día siguiente tomaríamos la revancha en el desayuno. Y así lo hicimos...después de desayunar nos dirigimos hacia el Paseo de los ingleses y en nuestro camino, paramos en una tienda para comprar un bañador a Enrique padre ya que se le había olvidado en casa, se cambió en la tienda tras un biombo y con el bañador hawaiano, retomamos nuestro camino hacia la playa.
 La playa de Niza es pedregosa, por lo que tuvimos dificultades para movernos por la playa, hacía un día espléndido y mis hijos y Enrique se bañaron en un mar que hacía honor al nombre de ésta costa. Comimos en un chino al peso que ya habíamos conocido en Londres, en una terraza muy agradable en una calle frente a la playa y perpendicular al Paseo de los ingleses.
Fuimos a descansar un poco en el Hotel y en nuestro camino, tras un comentario de Eva, una señora se rió, con lo que nos hizo pensar que era española como así era, nos contó que llevaba viviendo en Niza 40 años, era de Palencia y nos recomendó cenar en algún restaurante de la zona vieja de Niza.
El recuerdo que yo tenía de Niza, era de una ciudad fea, yo estuve allí hacía 22 años, en viaje fin de carrera, pero apenas vi la ciudad, ya que mi opinión cambió radicalmente tras la visita a ésta zona de la ciudad. Tenía un carácter marcadamente italiano, con casas de colores, calles estrechas y pequeños restaurantes, decidimos cenar en un restaurante de la Rue de la Poissonnerie que prácticamente ocupaba toda la calle, allí tomamos una pizza y unos crêpes en ambiente nocturno encantador...
Al día siguiente decidimos ir a Mónaco, dejamos el coche en un aparcamiento a la entrada de Mónaco y en la zona del puerto, donde vimos unos yates espectaculares y donde mi hijo hizo fotos de los también espectaculares coches. Subimos a la zona del Palacio residencial, donde estuvimos caminando por sus calles estrechas llenas de pequeños restaurantes y tiendas, compramos unos bocadillos y una cerveza que tuvimos que tirar por lo fuerte que era, llegamos andando hasta el museo de Cousteau donde cogimos un trenecillo que nos acercó hasta Montecarlo, pasamos por el Casino y el famoso hotel Paris, dónde yo por primera vez, vi un Lamborghini hace 22 años. Antes de irnos pude contemplar un desfibrilador en plena calle que volveríamos a ver en nuestro periplo por Centroeuropa hasta Hungría.
Cogimos el coche y nos encaminamos a Cannes, pasamos por Cagnes sur mer, contemplando los edificios triangulares tan espectaculares a orillas del Mediterráneo. Dimos un paseo por el Boulevar de la Croisette, salpicado de tiendas y hoteles de lujo, al final de éste encontramos donde se celebra el festival de cine de Cannes desde 1946, el suelo estaba lleno de nombres de actores famosos y una foto de Angelina Jolie y Brad Pitt, con un pié donde dice en francés:”Sonría está en Cannes”, en donde había un hueco en la cara de Angelina donde tú asomabas la cara y te hacías una foto, divertido....
Acabamos cenando en una terraza de un pequeño restaurante de corte italiano con velas y música en directo situado en la plaza Comandant François Lamy y llamado Chez Franco Girasole, fué muy agradable: música, velas y la brisa de la Côte D`Azur....
Al día siguiente y bajo una fina lluvia nos dirigimos hacia Suiza, a través del Valle italiano de Aosta, que es precioso y donde comimos un bocadillo de queso y tomate al lado del Mont Blanc sin enterarnos, ya que allí se llama Monte Bianco...El área de servicio se llamaba Ristoragip en Les iles de Bresogne (en francés), había un pequeño castillo entre nubes que nos miraba desde la ladera de la montaña, atravesando el túnel Grand Sant Bernard (22 euros costó) llegamos a Lausanne, al Novotel Bussigny, hab 333.
Suiza además de un país precioso es un país curioso, en la misma zona, en una ciudad se puede hablar en francés, o se puede hablar en alemán, supongo que italiano en la frontera con Italia, Laussanne es una ciudad francófona, desde el Hotel tomamos el coche y con ayuda del navegador, nos dirigimos al centro de la ciudad frente a la catedral de Notre Dâme, gótica consagrada en 1275, subimos unas escaleras cubiertas y llegamos a la universidad desde donde se contemplaba el lago Leman.
Laussanne se encuentra al norte de éste lago, es una ciudad demasiado tranquila a pesar de ser universitaria y olímpica, tras dar un paseo por la ciudad y contemplar sus castillos (Chateau St Marie)y singulares edificios, nos encontramos con una pareja española y sus dos hijos que nos recomendaron varios sitios entre ellos Gstaad e Interlaken.
Siguiendo nuestro camino, encontramos un pequeño restaurante del que se despedía un magnífico olor y en cuya puerta se podía ver que era una recomendación durante varios años de la guía Trotamundos, por lo que decidimos entrar y solicitar una mesa. El restaurante era pequeño, se llamaba L´Elephant blanc , estaba situado en la rue Cité-Devant 4 y como curiosidad estaba regentado por una pareja de lesbianas de casi 60 años, una de ellas totalmente masculina. Nos trajeron la carta y no sabíamos que pedir, a pesar de entender los ingredientes, al final solicitamos una fondue de queso “moitié-moitié” para los Enriques, una especie de plato chino con arroz para Eva y un guiso de toda la vida para mí, acompañado de agua, excepto para mí, que pedí una copa de vino. La señora nos advirtió que la fondue debíamos pedir dos, pues una era poco.
El resultado fue: que la fondue estaba llena de vino y no nos lo advirtieron, Enrique tenía 13 años, además que para 2 era mucho, el plato chino de Eva, era raro, lo único decente era lo mío y se lo cambié a mi hijo para que cenase. Pedimos la cuenta decepcionados y pagamos 108 Fr suizos, o lo que es lo mismo 78 euros., ellas no admitían tarjetas de crédito, nosotros no dejamos propina.
El día 8 decidimos encaminarnos hacia Berna, preciosa ciudad, dejamos el coche en una cuesta al lado del oso de Berna y de una oficina de turismo, nos dimos cuenta que había que pagar el aparcamiento, pero no sabíamos donde se compraba, se lo preguntamos a un chico que había en una coche, sorprendidos cogimos un permiso para aparcar que nos regalaba, con lo que nuestro problema se acabó, lo dejamos en el coche, mientras vimos que la policía se paseaba por la calle.
Como he dicho al lado del Río Aar y de la oficina de turismo en una fosa se encontraba un oso pardo, símbolo de la ciudad (obtuvo su nombre porque en 1191, el duque Bertold V puso el nombre a la ciudad tas vencer a un oso, Bär en alemán). Berna es una ciudad de unos 300.000 habitantes y de habla alemana) atravesamos el puente y llegamos a la arteria principal de la ciudad que la divide en dos, en los laterales hay unos soportales donde se encuentran las tiendas y protegen al viandante de la lluvia, en la zona central de la calle, hay varias estatuas policromadas de santos y también fuentes, al final de esta calle que toma diversos nombres: Karmgasse (donde vivió Einstein), Marktgasse y Spitalgasse, al final, como digo se encuentra la Torre del reloj que data originariamente del siglo XII, pero fue reconstruida en 1405, en 1530, se construyó el reloj astronómico que alberga ésta Torre. Continuamos caminando por la ciudad que lamentablemente se encontraba en obras, había muchas tiendas de relojes, carísimo por cierto, tuvimos dificultades para encontrar un banco para cambiar, curiosamente en el país de los bancos por excelencia.
Compramos bocadillos y ensaladas, con bollos para los niños, con la esperanza de comer al lado del río, pero tras el paseo, comenzó a llover, nos perdimos, nos volvimos a orientar y al llegar al coche, llovía torrencialmente por lo que decidimos comer en éste...y tomar café en Friburgo (ciudad libre en alemán, fundada en 1120), ciudad francófona. Llegamos a una plaza donde aparcamos e ingenuamente pusimos el permiso que nos regaló para aparcar nuestro amigo suizo. Paseamos bajo una intensa lluvia, por la ciudad tras tomar un café en Café des Arcades en la rue des Ormeaux enfrente de la plaza donde aparcamos, caminando, tras una empinada cuesta y pasando por un punto señalado del camino de Santiago, llegamos al puente de Berna, de madera, techado que cruza el río Sarine, seguimos nuestro paseo y nos hicimos fotos, en una de ellas se cruzó un ciclista raudo que nos pidió perdón a la misma prisa que cruzó nuestra foto.
La ciudad es pequeña de unos 200.000 habitantes, de aspecto gótico con catedral (San Nicolás) del siglo XIII, pero todo esto no fue impedimento para encontrarnos una multa en el coche, cuando llegamos a el. Decidimos cenar en un Mcdonalds de Laussanne y de allí a descansar al hotel.
Nuestro último día en Suiza decidimos pasarlo entre Interlaken y Gstaad. Bajo la lluvia llegamos a Interlaken, llamada así por encontrarse entre los lagos Thun y Brienz, es uno de los centros vacacionales más antiguos de Suiza, con un monte llamado Jungfrau, un casino llamado Kursaal, rodeado de tiendas carísimas, todo ello adornado por el Río Aar, la ciudad es espectacular en su belleza, había muchas tiendas, donde Eva se compró un reloj todo rosa, eso sí.
 En nuestro paseo decidimos comer en una pequeño local, donde se vendían bocadillos y ensaladas, tras gastar nuestros últimos francos suizos, preguntamos si podíamos comer en una mesa que había allí, nos dijeron que sí, en un inglés muy malo, ya que en esta ciudad se habla alemán, la chica nos dijo que nos servía ella la comida, tardó más de 15 minutos en hacerlo, extrañados, comimos, pero nuestra sorpresa fue al final, cuando nos íbamos y la chica nos reclama que le debemos pagar de nuevo, extrañados, comenzamos a protestar, al final, otra chica, nos dijo que no nos preocupásemos y nos marchamos, pero eso sí preocupados...
Terminamos nuestro maravilloso paseo y nos marchamos a Gstaad, el camino entre estas dos ciudades es espectacular, precioso. Gstaad es una estación de invierno exclusiva de gente de dinero y aristócratas, de habla alemana del cantón de Saanen, llena de hoteles pintorescos y tiendas como no, exclusivas, precioso todo...
Nos marchamos con la ayuda de nuestro navegador, donde a la altura del funicular del Glaciar 6000, la carretera estaba cortada, cambiamos el rumbo y llegamos a cenar a una localidad a 22 km de Aigle desde Chateaux D´Oeux, llamado La Lecherette, donde se hablaba francés, estaba regentado por una chica de color que resultó era holandesa, simpatiquísima y que nos dio muy bien de cenar, cansados y contentos llegamos al Hotel en nuestra última noche en Suiza.
En nuestro camino hacia Munich, nos paramos en Lucerna, ciudad suiza de habla alemana que sus comienzos datan del año 840, se encuentra a orillas del Lago de los cuatro cantones y por donde discurre el Rio Reuss, bajo un puente de madera cubierto, construido a modo diagonal y decorado sus techos de bonitas pinturas del siglo XVII y que cuentan la historia de la ciudad, es el puente cubierto más antiguo de Europa, data del siglo XIV y tiene 200 metros de longitud. En 1993, se incendió parte del puente y volvió a ser reconstruido, entre ellas las pinturas del techo. La ciudad se encuentra presidida por el monte Pilatos de más de 2000 metros, asomado al borde del lago.
Después de comprar la comida en una tienda a orillas del río, comimos en un área de servicio. En una gasolinera me ocurrió un percance gracioso con un aseo alemán, donde el agua de descarga del inodoro, se activaba con el tacto y otro botón, activaba un dispositivo para limpiar la taza, ingenioso y novedoso para mí.
...Y llegamos a Munich, atravesando la ciudad por una vía rápida, divisando el estadio olímpico y otras construcciones modernas (torres Hypo, Aliianz Arena) muy interesantes, llegamos al Novotel München Messe, hab 473, el hotel estaba situado en un parque ferial, con numerosos restaurantes al lado y una estación de metro (U Bahn) en la puerta. La habitación era enorme y el Hotel, estupendo, con un buffet de desayuno, muy bueno, comparable al de Berlín de hacía dos años, mis hijos estaban entusiasmados, porque además de Playstation, tenía ordenador con wifi en el hall del hotel. Esa noche cenamos en un restaurante italiano, en la Willy Brandt platz 5, no estaba mal de precio, nos fuimos a descansar al hotel.
Al día siguiente, tras comprar en el hotel un bono de 24 horas para los transportes en Munich , nos dirigimos en metro hasta la Marianplatz, el centro de Munich, con su Nuevo ayuntamiento y su carillón espectacular, con figuras de la realeza bávara, el ayuntamiento data de 1867, pero estaba en obras. Había además un gran ambiente con música y donde se celebraba el día del orgullo gay, comenzó a llover, pero eso no fue un impedimento para visitar la ciudad.

Visitamos, Residenz, palacio que fue residencia de los Wittelsbach, la gran dinastía de Baviera durante cinco siglos, en su teatro se estrenó Idomeneo de Mozart en 1781, también se encuentran aquí las joyas de la corona, el edificio respira grandeza y a las puertas del palacio hay unos leones, con cara de pocos amigos, pero hay que tocarles los morros, ya desgastados.
 Luego atravesamos Odeonplatz con su Theatinerkirche, con una radiante estructura amarilla, ejemplo del barroco bávaro, el Feldherrnhalle o comandancia militar, un neoclásico edificio que es el Ministerio de finanzas bávaro. Toda la plaza fue construida por Luis I, admirador del arte neoclásico., cerca de la Odeonplatz se encuentra el Hofgarten, del siglo XVIII, jardines flanqueados por soportales, llenos de cafeterías y un palacio a la derecha., por el camino una guía alemana, nos ofreció en inglés, ayuda para resolver alguna duda, también un taxista en bici chileno, nos ofreció sus servicios. También vimos el Teatro de la Ópera donde se han estrenado al menos 5 obras de Wagner.
 Fuimos a comer a la Hofbräuhaus en la Am Platz 9, taberna que data de 1589, Hitler, se instituyó aquí como gran orador, es impresionante, si hubiera que utilizar una sola palabra para describir este local. Además es alegre y bonito, cuando entras te contagias de la alegría del lugar, atendida por camareros vestidos de bávaros, nos sentamos al lado de una familia y nos atendieron inmediatamente, pedimos una cerveza de medio litro para los dos, agua para los niños que era a granel pero con gas y para comer salchichas, por supuesto.
El hombre de la pareja, resultó alemán y se sorprendió del móvil que llevaba Enrique, pues hacía fotos espectaculares, nos hizo una foto a toda la familia, no sin antes sustituir nuestra ridícula cerveza por otras dos jarras de un litro, una suya y otra del señor de enfrente. Nos marchamos contentos de aquel lugar, repleto de gente, pero todo el mundo acomodado.
Seguía lloviendo, caminamos hacia la Maximilianstrasse, calle lujosa cuajada de tiendas caras y de mujeres árabes vestidas de negro, bellas y con bolsas de estas mismas tiendas, nos cobijamos junto la joyería Chopard, donde veíamos como invitaban a champagne a sus clientes ante la sorpresa de mis hijos.
 De allí y dado lo que llovía decidimos pasear en tranvía, cogimos uno que pasaba por allí y llegamos a una plaza donde compramos un cinturón a Enrique que le duraría exactamente dos días. Volvimos hasta la Karlsplatz, cruzamos la Karlstor, antigua puerta de la ciudad y entramos en una calle peatonal donde compramos un magnético para el frigorífico, a modo de reloj de cuco, pero más económico, nos atendió un empleado español.
De allí nos dirigimos a la Catedral de Munich, edificada en ladrillo, con sus dos características torres con cúpulas verdes, similares a cebollas que dan carácter al perfil de la ciudad, la Frauenkirche se construyó entre 1468 y 1488, fue restaurada, tras la 2º Guerra Mundial. A la entrada del recinto, se aprecia la huella de un pié que según la leyenda, se trata de la del diablo que visitó el templo, estampando su huella, del regocijo que le produjo, ya que creyó que el arquitecto Halsbach se había olvidado de poner ventanas al templo, pero Halsbach se rió el último ya que desde la entrada no se aprecian.




Seguía lloviendo pero a pesar de ello, visitamos además Peterkirche, que data de 1158, pero su estructura románica fue remodelada en el siglo XVII, destruida en la 2º Guerra Mundial, fue reconstruida, gracias a la radio y a sus oyentes que aportaron el capital necesario, bajo el sonido de la canción Alter Peter , desde su torre, se puede disfrutar de una vista espléndida de la ciudad y los Alpes, pero no subimos, pues llovía y el cielo, desde luego, estaba nublado.
Decidimos marcharnos al Hotel, cenamos en un pequeño restaurante alemán al lado del hotel, llamado “ König Ludwig an der messe”, cenamos muy bien y en un ambiente muy agradable, la cena nos costó 62,20 euros.
El día 12 de Agosto, nos encaminamos hacia Dachau, paradojas de la vida, fuimos a un lugar donde hace más de 65 años, la gente iba a morir tras una larga agonía y ahora la gente va a hacer turismo en esos mismos escenarios. Sobrecogedor, es la sensación que experimentas, cuando entras al Campo de concentración, flanqueando la puerta que reza: “el trabajo te hace libre”, yo no entré al Museo, por no ser capaz y por acompañar a mi hija, ya que no es recomendable para menores de 12 años.
Mientras tanto, visitamos los barracones, el convento de la carmelitas que hay en el Campo, la iglesia ortodoxa rusa y lo peor, los hornos crematorios y las duchas de gas, allí está el monumento a las 206.000 personas que estuvieron en el Campo, de las cuales murieron asesinadas 31.951. Yo y espero que mis hijos, no olvidaremos nunca esto, ni hasta donde puede llegar la maldad humana, NUNCA MÁS.
Al salir del Campo, una chica alemana, llamada Petra, en un perfecto español, nos solicitó llenar una encuesta, lo hicimos, nos marchamos de allí, sin ánimo de visitar la zona, esas vías de tren rotas por el tiempo, al lado del Campo, aquella luz de Dachau, supongo que no fue casualidad, la implantación en este lugar del Campo, los nazis, amaban la belleza...NUNCA MÁS.
Dejamos el coche en el Hotel y cogimos el U Bhan hacia la Pinacoteca Nueva, situado en el distrito universitario, allí vimos cuadros de Goya, de Renoir, de Degas, Manet, algún Klimt, interesante. De allí tomamos un tranvía y repetimos en la Hofbräuhaus, ahora nos atendió Her Kitahara, auténtico japonés, comimos igual de bien, igual de divertido, la parte oscura de esta taberna es que fue destruido parte del edificio en 1944, pero sus propietarios, lo volvieron a levantar. Después de la comida (31.20 euros) y tras comprar una bola de nieve a Enrique en la tienda nos dirigimos a la Königsplatz, la “Atenas de Isar”, ésta plaza está flanqueada por 3 templos neoclásicos, edificados por Ludwig I, un edificio similar a los Propileos de la Acrópolis, un museo de escultura grecorromana y otro museo en lado Sur que contiene la Colección estatal de antigüedades, con un hermoso caballo de Troya a la entrada, nos sentamos en sus escalinatas. La grandeza de la Plaza es eclipsada por su pasado, aquí Hitler montaba sus mitines, no sin antes, pavimentar la Plaza, ahora hay césped, gracias a Dios.
 Caminamos un poco por la Briennerstrasse y decidimos andar hasta el Englischer Garten o jardín inglés. Como el día era muy agradable, pasear por el jardín inglés fue igualmente agradable, forma el pulmón verde de Munich, se extiende a lo largo del río Isar, mide 375 hectáreas, se debe al conde Rumford y data de 1738, era el antiguo coto de caza de los Witelsbach. Paseamos y vimos el Templo del amor y llegamos hasta la Chinesischer Turm o torre china, donde unos músicos tocaban melodías bávaras, éste espacio tiene una capacidad para 7000 personas (biergarten), decidimos quedarnos a cenar allí, contagiados por la alegría del ambiente y tomamos, pollo, codillo, patatas y chucrut , regado con cerveza y agua y acompañado por el pan típico Brez´n una rosca con granos de sal gorda, nos costó 43 euros, lo pasamos fenomenal y todo estaba muy bueno. Había mucha gente que sólo toma éste pan con una cerveza y así pasa el rato. Nos marchamos muy contentos al Hotel, me ha encantado Munich, cuanto más conozco a los alemanes, más me gustan, los actuales, por supuesto.
El día 13 de Agosto nos dirigimos hacia Salzburgo, cuna de Mozart. Cuando nos encontrábamos a 5 km de la ciudad, nos vimos dentro de un atasco, desconocíamos la causa, hasta que faltando dos kilómetros para la entrada, un señor nos entregó un papel que decía no íbamos a poder entrar en la ciudad, pues ésta se colapsaba por los turistas, así que así fue, un policía al ver nuestra matrícula extranjera, nos derivó hacia un aparcamiento, decidimos, no hacerlo pues estaba lejos de la ciudad y no sabíamos qué tomar para llegar a Salzburgo, de nuevo en la carretera lo intentamos dos veces más entrar por otras señalizaciones de la autovía, pero también estaban colapsadas, decidimos dejar nuestra visita a Salzburgo para otra ocasión.
Comimos en un Marché restaurant, es una cadena que se encuentran en áreas de servicio a modo de buffet, nos costó 49.10 euros. Llegamos a Viena, bueno Auhof, localidad del extrarradio de Viena, nos alojamos en el Novotel Wien West, hab 318, sin perder tiempo una vez tomada posesión la habitación, compramos un bono para el transporte público, tomamos un autobús en la puerta del Hotel, cogimos el Metro en Auhof y de allí nos dirigimos a la Karlsplatz, salimos a ella por los pabellones de 1899, construidas para el Metro, contemplamos la grandiosidad de la Karlskirche, delante de ella se encuentran dos esculturas de Henry Moore donadas por el artista en 1978. En ésta plaza un turista canario se ofreció hacernos una foto a todos y aceptamos, nos explicaron la forma de llegar al centro de la ciudad.

Antes visitamos la Karlskirche, ésta fue edificada tras la epidemia de peste de 1713 por el emperador Carlos VI, está dedicada a San Carlos Borromeo, el arquitecto fue Fischer von Erlach, el edificio es de inspiración greco-romana, pero es un ejemplo del barroco vienés, aunque hay influencias orientales. La construcción duró 25 años, la finalizó el hijo del arquitecto en 1737. La iglesia está flanqueada por dos columnas, inspiradas en la Columna trajana de Roma, la constancia es el tema de la izquierda, el valor de la derecha.
Nos dirigimos hacia el Musikverein, la sala de conciertos sede la orquesta filarmónica de Viena y célebre en todo el Mundo, nos abordaron una pareja vestidos a modo del siglo XVIII y nos ofrecieron entradas al precio de 20 euros cada uno, para un pequeño concierto en la sala dorada, donde se celebra el concierto de Fin de Año, nos lo pensamos mucho, pero no nos animó el hecho que la visibilidad no era buena., continuamos nuestro paseo, flanqueado por losas en el suelo con nombres de célebres músicos, llegamos a la ópera de Viena, edificio impresionante que se inauguró en 1869 con Don Giovanni de Mozart, fue afectada por los bombardeos de la 2º Guerra Mundial, se reabrió de nuevo en 1955.
 Continuamos por una zona peatonal (Opernring) hasta la catedral de San Esteban, pasamos por la estatua de Shiller, el célebre Hotel Sacher, creador de la tarta del mismo nombre.. La catedral o Stephansdom, con tejado de azulejos, donde se dibuja el escudo imperial, tiene en su puerta grabado el emblemático número 5 de la Resistencia, lo que queda del templo románico del siglo XIII es la Puerta de los Gigantes y las Torres de los Paganos, la nave central, el coro y las capillas laterales, de estilo gótico, proceden del siglo XIV y XV, algunos edificios como la sacristía son de estilo barroco, por dentro es muy bonita con una vidrieras espectaculares y con muchas tumbas de los Habsburgos. En 1945 fue incendiada por los bombardeos.
Seguimos nuestro paseo y en la Blutgasse, vimos la Figarohaus o lo que es lo mismo, la casa de Mozart, donde vivió entre 1784 y 1787. Cenamos en Gulaschmuseum en la Schulerstrasse 20, nos costó 48.90, no admitían tarjetas de crédito y mi pobre hija se pidió higaditos sin saberlo, que no tomó, los demás nos tomamos un guiso de toda la vida, excepto Enrique padre que se tomó una ensalada, volvimos al Hotel.
Al día siguiente seguimos nuestra visita a Viena en el Palacio de Schönbrun , el palacio de verano de los Habsburgo y especialmente de Sissi, lo comenzó a construir el mismo arquitecto que la Karlskirche, pero se terminó en el siglo XVIII por Pacassi, no entramos dentro pues había una gran cola, pero paseamos por sus preciosos jardines, llegando al invernadero o Casa de la Palmeras, construido en 1882, donde florecen numerosas plantas exóticas, la fuente de Neptuno, la Glorieta, arcos neoclásicos de 1775, el Zoo donde tampoco entramos. De allí nos dirigimos al palacio de Belvedere, construida por Hildebrandt y financiado por el príncipe Eugenio de Saboya en 1683, constituidas por dos construcciones, separada por una gran cuesta, que constituye un jardín francés de 3 alturas que representa diversas alegorías clásicas, la parte superior representa el Olimpo, había varias esfinges que representan la fuerza y la inteligencia.
Entramos a ver la colección Klimt, Eva y yo, situado en el Alto Belvedere, el edificio por dentro era impresionante, decorado con elementos extraños de tela que representaban pulmones, corazón y sangre, vimos los cuadros de Klimt: El beso, Judith cuadros muy especiales...Comimos en la estación de Südbanhof y de allí en metro nos dirigimos al Hofburg, conjunto de edificios imperiales, impresionantes¨el palacio Imperial, la Biblioteca Nacional austriaca (1722-1735), la Escuela de Invierno de equitación, el despacho del Presidente de Austria, en fin donde se concentra el poder austriaco desde hace más de 6 siglos, los estilos arquitectónicos van desde el gótico hasta el barroco, conjunto impresionante.
De allí andando pasamos por el Parlamento austriaco y llegamos al ayuntamiento, para mí el más bonito e impresionante que he visto nunca, de estilo gótico, había instalado allí un cine de verano con una terraza con comidas de varios países, enfrente, la edificación impresionante del Burgtheater, construido durante el reinado de Mª Teresa, la obra es de von Hasenauer y Semper, destruido parcialmente por una bomba en la 2º Guerra Mundial. De allí nos fuimos al Hotel y nos dirigimos a la piscina, allí mis hijos conocieron a Victor un niño español, cuyo padre (Hipólito) por ser minusválido, se desplazaba en una especie de moto. Cenamos agradablemente en el Hotel.
El día 15 decidimos pasarlo en otro país: Eslovaquia, ya que su capital, Brastilava, se encuentra a una hora en tren desde Viena o a 60 Kms. Así que fuimos a la estación de Südbanhof y compramos el billete por 14 euros los mayores y 7 los niños, ida y vuelta, también nos daba derecho a coger los tranvías de la ciudad.



Llegamos a la estación de Bratislava-Petrzalka, ésta no estaba, como pensábamos, en el centro de la ciudad, cambiamos 30 euros en la moneda, que era el florín eslovaco, la oficina de turismo, estaba cerrada y eso que eran las once de la mañana. Un poco despistados, salimos a la calle y vimos que todo el mundo que iba en tren, se disponía a coger un autobús, así que hicimos lo mismo y tomamos el autobús 80 de aspecto años 70. Después de dos paradas, las puertas del autobús, se negaron a cerrarse, pese al esfuerzo que hicieron, los viajeros y el propio conductor, por lo que éste nos invitó a todos a desalojar el autobús, como así lo hicimos.
De nuevo estábamos tirados en una carretera sin saber qué hacer, sólo imitar al resto, y el grupo cogió el próximo autobús, que era el 88, también lo tomamos y acertamos, nos llevó al centro de la ciudad. Bratislava es una ciudad pequeña, tranquila y bonita, con gran encanto, similar al barrio de Màla Stranà de Praga, con un castillo arriba (siglo XV), como casi todas las ciudades del Este, hoy convertido en Museo, no subimos, pues hacía mucho calor.
 También con su gran Río: el Danubio. Los niños comieron en un McDonalds, con un precio muy barato (4 euros, dos menús), nosotros picamos algo en una terraza con una cerveza fría, donde nos aseguramos se podía pagar con tarjeta, pero al hacerlo, nuestra sorpresa fue que se había pasado la hora, sólo se podía pagar con dinero de plástico hasta las dos de la tarde y eran las tres y media., qué cosas!!., protestamos y al final nos dejaron pagar de ésta forma.
Tras comprar algunos recuerdos, nos volvimos a la parada del autobús, por allí nadie hablaba inglés y no sabíamos que número tomar, al final tomamos el 80, sin tener claro, dónde bajarnos. Cuando llevábamos 5 minutos de trayecto, una señora de unos 60 años, con un sombrero con flor, se dirigió en inglés con fuerte acento a nosotros, preguntándonos si nos dirigíamos a la estación, le dijimos que sí, así que nos aseguró que nos avisaría, pues desde la parada, no se veía la estación. Así fue, nos avisó y nos indicó cómo llegar, nunca podremos agradecer a ésta señora, el favor que nos hizo. Cogimos el tren y volvimos a Viena.
El día 16 de Agosto, cumple de Evita, nos dirigimos a Budapest, cambiamos en la frontera y compramos el “viñete”para poder circular por sus carreteras, a 130 km de la ciudad, nos encontramos un atasco, pues había obras en la carretera. En éste país, no teníamos navegador, así que con ayuda del Mappy, logramos llegar a Novotel Budapest Centrum, habitación 620, en Rákoczi ut 43-45, en un edificio estilo art-decó, con una bonita decoración en su interior y un comedor espectacular.
Dejamos nuestras cosas y nos dirigimos a las orillas del Río Danubio a dar un paseo, volvimos al hotel, fuimos al jacuzzi que nos ofrecía y Enrique fue a la sauna, después reservamos en un barco en el Danubio, una cena en honor a Evita. Con un taxi nos trasladamos hasta el embarcadero, pero ni el Hotel ni la oficina de información sabían cual era el nombre del barco, hasta que una chica que trabajaba en otro barco, nos lo dijo, entramos en un embarcadero y nos indicaron que teníamos que esperar hasta que viniese el barco, mosqueados, pues esperamos un buen rato junto a 4 rumanos, llegó un barco y advertimos que queríamos una mesa al lado de la ventana, así fue, comenzamos a cenar cogiendo del buffet, había gente que ya había empezado a cenar, pedimos un vino además de una cerveza que habíamos tomado y nos dijeron que había que pagarlo, bueno todo muy turístico. Terminamos “el crucero” y fuimos paseando hasta el Hotel por el Budapest nocturno.
Al día siguiente fuimos a hacer el circuito turístico por excelencia de Budapest: Castillo, Bastión de los pescadores, Iglesia de Matías y las maravillosas vistas del Parlamento desde éste lado de Pest.
Para subir al Castillo, se puede hacer por el funicular abierto al público en 1870, destruido en la 2ª Guerra y reconstruida en 1986, el ascenso dura dos minutos, por lo que se puede subir perfectamente andando.
El Castillo de Buda fue construido en la segunda mitad del siglo XIII por el Rey Bela IV, fue arrasado en la 2ª Guerra Mundial y reconstruida posteriormente en estilo barroco. El castillo actualmente alberga El Museo Nacional, La Biblioteca Nacional y el Museo de Historia de Budapest, también se encuentra el Pozo de Matías, una bella fuente. El Bastión de los pescadores o Halászbástya, fue construido a finales del siglo XIX por el arquitecto Shuleck, posee un estilo gótico peculiar, criticado en algunos sectores, desde donde se contemplan unas vistas espectaculares del Parlamento y de Pest, para verlas desde la terraza de arriba hay que pagar, para verlas desde la terraza de abajo, hay que tomarse una cerveza, pero si no quieres hacer ninguna de las dos cosas, desde la escalera de bajada, puedes obtener unas vistas igual de espectaculares.

La iglesia de Matías, llamada así porque el rey Matías, se casó dos veces aquí, algunas partes de la iglesia datan del siglo XIII, pero la nave principal es del siglo XIX, originariamente fue la Iglesia de los alemanes residentes en el Burgo, la entrada te la cobran, pero si llevas los hombros al aire o las piernas no te dejan entrar, aunque dispongas de forint (la moneda). El recinto está rodeado de tiendas, un poco elevadas de precio. Desde allí y atravesando el Puente de las cadenas de 1849, nos dirigimos al Parlamento, una preciosidad de edificio, de estilo neogótico que empezó a construirse en 1884 y se terminó en 1904, la gigantesca cúpula central tiene 96 metros de altura en referencia la conquiste de Hungría por los magiares en 896, el edificio está lleno de torres y pináculos, el conjunto es espectacular, en la entrada de éste, se encontraba una especie de laberinto con explicaciones sobre la historia de Budapest, nos sentamos un rato en el césped de éste insigne edificio para dirigirnos a la calle Andrássy, zona de compras, calle que alberga la ópera de Budapest, con un bonito café llamado Callas al lado y donde compramos comida en un Supermercado.
De allí nos dirigimos a una calle casi haciendo esquina Andrassy con Erzebet Korut donde se encuentra el Monumento a Listz y que estaba llenos de cafés, allí junto al músico dimos cuenta de nuestra comida.. Después de la comida nos dirigimos andando toda la calle Andrassy con preciosos edificios y perdiendo su carácter comercial, lleno de embajadas, llegamos a la Plaza de los Héroes, la plaza es monumental lleno de estatuas de los padres de la Patria, la forman dos edificios el Museo de las Artes y el Museo de Bellas Artes, gratuitos los dos, llegamos al segundo u ya estaban cerrando, por lo que visitamos su tienda y contemplamos el hermoso may, nos sentamos unos minutos en su gran escalinata y de allí fuimos andando al Varosliget o parque de la ciudad, donde se encuentran un pequeño parque de atracciones, cervecerías y sobre todo los espléndidos balnearios de la ciudad, de estilo modernista.
Tomamos el Metro para dirigirnos al Hotel, nuestro tramo se había averiado y al cambiar de línea, nos obligaron a coger un trolebús, que nos dejó en la puerta del Hotel. Tras nuestro paso obligado por el jacuzzi, reservamos una mesa con la mediación del hotel en pequeño restaurante situado en una calle un poco sospechosa, a pié de aquel a unos 5 minutos, se llamaba Rosé, estaba situado en la calle Akácfa 24, aunque al principio nos impactó el calor que hacía en el interior, el trato fue exquisito y la comida y el vino muy bueno, yo tomé pato a la Stroganoff.
Al día siguiente recorrimos la calle Rakoczy ut para comprar algunas cosillas, también llegamos a la calle Váci, peatonal y muy comercial. De allí y tras comprar comida, nos dirigimos en autobús a La Isla Margarita, un parque muy agradable, con una fuente que lanza su agua al ritmo de música húngara, donde se pueden alquilar bicicletas (así lo hicimos y además se nos salió la cadena), la isla debe su nombre a la hija del rey Bela, antigua morada de un harén en época turca, también alberga el Gran Hotel, comimos allí sobre la hierba fresca. Pasamos allí prácticamente todo el día, cogimos un tranvía al final de la isla y de allí pasamos de nuevo por el jacuzzi y nos fuimos a cenar a un pequeño restaurante que había junto al Hotel llamado Mozaik Etterem, buena comida, buen trato y excelente precio. Así finalizó nuestra estancia en Budapest.
Por la mañana tras pagar nuestra cuenta en el Hotel, nos dirigimos al coche que había agotado su batería, no sabemos cómo, pero nos entretuvo 3 horas en Budapest por lo que ya nos retrasó nuestra llegada a Valbonne, a un Hotel muy agradable entre pinares, llamado Novotel Sofía-Antípolis, al día siguiente fuimos a Valencia y de allí a Madrid, agotador, pero maravilloso....