
Salimos el día 4 de Agosto de 2007 de casa, paramos en Port Llança (Girona) donde tomamos unos bocadillos de atún que nos habíamos preparados en casa, paramos a las orillas del mar, donde había unas rocas y allí con las piernas colgadas hacia el mar dimos cuenta de los bocadillos y de un bizcocho de chocolate que mi paciente Antonia había elaborado para nosotros.
Llegamos a Niza a las 11.30 de la noche, tras atravesar penosamente la Costa azul francesa, ya que a pesar de pagar un peaje caro, las colas en éste y los atascos en la autovía fueron interminables. El hotel era Novotel Nice Centre, en la habitación 430 y como todo estaba cerrado, no tuvimos más remedio que prepararnos un café en la habitación y terminarnos nuestro bizcocho, al día siguiente tomaríamos la revancha en el desayuno. Y así lo hicimos...después de desayunar nos dirigimos hacia el Paseo de los ingleses y en nuestro camino, paramos en una tienda para comprar un bañador a Enrique padre ya que se le había olvidado en casa, se cambió en la tienda tras un biombo y con el bañador hawaiano, retomamos nuestro camino hacia la playa.
La playa de Niza es pedregosa, por lo que tuvimos dificultades para movernos por la playa, hacía un día espléndido y mis hijos y Enrique se bañaron en un mar que hacía honor al nombre de ésta costa. Comimos en un chino al peso que ya habíamos conocido en Londres, en una terraza muy agradable en una calle frente a la playa y perpendicular al Paseo de los ingleses.
Fuimos a descansar un poco en el Hotel y en nuestro camino, tras un comentario de Eva, una señora se rió, con lo que nos hizo pensar que era española como así era, nos contó que llevaba viviendo en Niza 40 años, era de Palencia y nos recomendó cenar en algún restaurante de la zona vieja de Niza.
El recuerdo que yo tenía de Niza, era de una ciudad fea, yo estuve allí hacía 22 años, en viaje fin de carrera, pero apenas vi la ciudad, ya que mi opinión cambió radicalmente tras la visita a ésta zona de la ciudad. Tenía un carácter marcadamente italiano, con casas de colores, calles estrechas y pequeños restaurantes, decidimos cenar en un restaurante de la Rue de la Poissonnerie que prácticamente ocupaba toda la calle, allí tomamos una pizza y unos crêpes en ambiente nocturno encantador...
Al día siguiente decidimos ir a Mónaco, dejamos el coche en un aparcamiento a la entrada de Mónaco y en la zona del puerto, donde vimos unos yates espectaculares y donde mi hijo hizo fotos de los también espectaculares coches. Subimos a la zona del Palacio residencial, donde estuvimos caminando por sus calles estrechas llenas de pequeños restaurantes y tiendas, compramos unos bocadillos y una cerveza que tuvimos que tirar por lo fuerte que era, llegamos andando hasta el museo de Cousteau donde cogimos un trenecillo que nos acercó hasta Montecarlo, pasamos por el Casino y el famoso hotel Paris, dónde yo por primera vez, vi un Lamborghini hace 22 años. Antes de irnos pude contemplar un desfibrilador en plena calle que volveríamos a ver en nuestro periplo por Centroeuropa hasta Hungría.
Cogimos el coche y nos encaminamos a Cannes, pasamos por Cagnes sur mer, contemplando los edificios triangulares tan espectaculares a orillas del Mediterráneo. Dimos un paseo por el Boulevar de la Croisette, salpicado de tiendas y hoteles de lujo, al final de éste encontramos donde se celebra el festival de cine de Cannes desde 1946, el suelo estaba lleno de nombres de actores famosos y una foto de Angelina Jolie y Brad Pitt, con un pié donde dice en francés:”Sonría está en Cannes”, en donde había un hueco en la cara de Angelina donde tú asomabas la cara y te hacías una foto, divertido....
Acabamos cenando en una terraza de un pequeño restaurante de corte italiano con velas y música en directo situado en la plaza Comandant François Lamy y llamado Chez Franco Girasole, fué muy agradable: música, velas y la brisa de la Côte D`Azur....
Al día siguiente y bajo una fina lluvia nos dirigimos hacia Suiza, a través del Valle italiano de Aosta, que es precioso y donde comimos un bocadillo de queso y tomate al lado del Mont Blanc sin enterarnos, ya que allí se llama Monte Bianco...El área de servicio se llamaba Ristoragip en Les iles de Bresogne (en francés), había un pequeño castillo entre nubes que nos miraba desde la ladera de la montaña, atravesando el túnel Grand Sant Bernard (22 euros costó) llegamos a Lausanne, al Novotel Bussigny, hab 333.
Suiza además de un país precioso es un país curioso, en la misma zona, en una ciudad se puede hablar en francés, o se puede hablar en alemán, supongo que italiano en la frontera con Italia, Laussanne es una ciudad francófona, desde el Hotel tomamos el coche y con ayuda del navegador, nos dirigimos al centro de la ciudad frente a la catedral de Notre Dâme, gótica consagrada en 1275, subimos unas escaleras cubiertas y llegamos a la universidad desde donde se contemplaba el lago Leman.
Laussanne se encuentra al norte de éste lago, es una ciudad demasiado tranquila a pesar de ser universitaria y olímpica, tras dar un paseo por la ciudad y contemplar sus castillos (Chateau St Marie)y singulares edificios, nos encontramos con una pareja española y sus dos hijos que nos recomendaron varios sitios entre ellos Gstaad e Interlaken.
Siguiendo nuestro camino, encontramos un pequeño restaurante del que se despedía un magnífico olor y en cuya puerta se podía ver que era una recomendación durante varios años de la guía Trotamundos, por lo que decidimos entrar y solicitar una mesa. El restaurante era pequeño, se llamaba L´Elephant blanc , estaba situado en la rue Cité-Devant 4 y como curiosidad estaba regentado por una pareja de lesbianas de casi 60 años, una de ellas totalmente masculina. Nos trajeron la carta y no sabíamos que pedir, a pesar de entender los ingredientes, al final solicitamos una fondue de queso “moitié-moitié” para los Enriques, una especie de plato chino con arroz para Eva y un guiso de toda la vida para mí, acompañado de agua, excepto para mí, que pedí una copa de vino. La señora nos advirtió que la fondue debíamos pedir dos, pues una era poco.
El resultado fue: que la fondue estaba llena de vino y no nos lo advirtieron, Enrique tenía 13 años, además que para 2 era mucho, el plato chino de Eva, era raro, lo único decente era lo mío y se lo cambié a mi hijo para que cenase. Pedimos la cuenta decepcionados y pagamos 108 Fr suizos, o lo que es lo mismo 78 euros., ellas no admitían tarjetas de crédito, nosotros no dejamos propina.
El día 8 decidimos encaminarnos hacia Berna, preciosa ciudad, dejamos el coche en una cuesta al lado del oso de Berna y de una oficina de turismo, nos dimos cuenta que había que pagar el aparcamiento, pero no sabíamos donde se compraba, se lo preguntamos a un chico que había en una coche, sorprendidos cogimos un permiso para aparcar que nos regalaba, con lo que nuestro problema se acabó, lo dejamos en el coche, mientras vimos que la policía se paseaba por la calle.
Como he dicho al lado del Río Aar y de la oficina de turismo en una fosa se encontraba un oso pardo, símbolo de la ciudad (obtuvo su nombre porque en 1191, el duque Bertold V puso el nombre a la ciudad tas vencer a un oso, Bär en alemán). Berna es una ciudad de unos 300.000 habitantes y de habla alemana) atravesamos el puente y llegamos a la arteria principal de la ciudad que la divide en dos, en los laterales hay unos soportales donde se encuentran las tiendas y protegen al viandante de la lluvia, en la zona central de la calle, hay varias estatuas policromadas de santos y también fuentes, al final de esta calle que toma diversos nombres: Karmgasse (donde vivió Einstein), Marktgasse y Spitalgasse, al final, como digo se encuentra la Torre del reloj que data originariamente del siglo XII, pero fue reconstruida en 1405, en 1530, se construyó el reloj astronómico que alberga ésta Torre. Continuamos caminando por la ciudad que lamentablemente se encontraba en obras, había muchas tiendas de relojes, carísimo por cierto, tuvimos dificultades para encontrar un banco para cambiar, curiosamente en el país de los bancos por excelencia.
Compramos bocadillos y ensaladas, con bollos para los niños, con la esperanza de comer al lado del río, pero tras el paseo, comenzó a llover, nos perdimos, nos volvimos a orientar y al llegar al coche, llovía torrencialmente por lo que decidimos comer en éste...y tomar café en Friburgo (ciudad libre en alemán, fundada en 1120), ciudad francófona. Llegamos a una plaza donde aparcamos e ingenuamente pusimos el permiso que nos regaló para aparcar nuestro amigo suizo. Paseamos bajo una intensa lluvia, por la ciudad tras tomar un café en Café des Arcades en la rue des Ormeaux enfrente de la plaza donde aparcamos, caminando, tras una empinada cuesta y pasando por un punto señalado del camino de Santiago, llegamos al puente de Berna, de madera, techado que cruza el río Sarine, seguimos nuestro paseo y nos hicimos fotos, en una de ellas se cruzó un ciclista raudo que nos pidió perdón a la misma prisa que cruzó nuestra foto.
La ciudad es pequeña de unos 200.000 habitantes, de aspecto gótico con catedral (San Nicolás) del siglo XIII, pero todo esto no fue impedimento para encontrarnos una multa en el coche, cuando llegamos a el. Decidimos cenar en un Mcdonalds de Laussanne y de allí a descansar al hotel.
Nuestro último día en Suiza decidimos pasarlo entre Interlaken y Gstaad. Bajo la lluvia llegamos a Interlaken, llamada así por encontrarse entre los lagos Thun y Brienz, es uno de los centros vacacionales más antiguos de Suiza, con un monte llamado Jungfrau, un casino llamado Kursaal, rodeado de tiendas carísimas, todo ello adornado por el Río Aar, la ciudad es espectacular en su belleza, había muchas tiendas, donde Eva se compró un reloj todo rosa, eso sí.
En nuestro paseo decidimos comer en una pequeño local, donde se vendían bocadillos y ensaladas, tras gastar nuestros últimos francos suizos, preguntamos si podíamos comer en una mesa que había allí, nos dijeron que sí, en un inglés muy malo, ya que en esta ciudad se habla alemán, la chica nos dijo que nos servía ella la comida, tardó más de 15 minutos en hacerlo, extrañados, comimos, pero nuestra sorpresa fue al final, cuando nos íbamos y la chica nos reclama que le debemos pagar de nuevo, extrañados, comenzamos a protestar, al final, otra chica, nos dijo que no nos preocupásemos y nos marchamos, pero eso sí preocupados...
Terminamos nuestro maravilloso paseo y nos marchamos a Gstaad, el camino entre estas dos ciudades es espectacular, precioso. Gstaad es una estación de invierno exclusiva de gente de dinero y aristócratas, de habla alemana del cantón de Saanen, llena de hoteles pintorescos y tiendas como no, exclusivas, precioso todo...
Nos marchamos con la ayuda de nuestro navegador, donde a la altura del funicular del Glaciar 6000, la carretera estaba cortada, cambiamos el rumbo y llegamos a cenar a una localidad a 22 km de Aigle desde Chateaux D´Oeux, llamado La Lecherette, donde se hablaba francés, estaba regentado por una chica de color que resultó era holandesa, simpatiquísima y que nos dio muy bien de cenar, cansados y contentos llegamos al Hotel en nuestra última noche en Suiza.
En nuestro camino hacia Munich, nos paramos en Lucerna, ciudad suiza de habla alemana que sus comienzos datan del año 840, se encuentra a orillas del Lago de los cuatro cantones y por donde discurre el Rio Reuss, bajo un puente de madera cubierto, construido a modo diagonal y decorado sus techos de bonitas pinturas del siglo XVII y que cuentan la historia de la ciudad, es el puente cubierto más antiguo de Europa, data del siglo XIV y tiene 200 metros de longitud. En 1993, se incendió parte del puente y volvió a ser reconstruido, entre ellas las pinturas del techo. La ciudad se encuentra presidida por el monte Pilatos de más de 2000 metros, asomado al borde del lago.
Después de comprar la comida en una tienda a orillas del río, comimos en un área de servicio. En una gasolinera me ocurrió un percance gracioso con un aseo alemán, donde el agua de descarga del inodoro, se activaba con el tacto y otro botón, activaba un dispositivo para limpiar la taza, ingenioso y novedoso para mí.
...Y llegamos a Munich, atravesando la ciudad por una vía rápida, divisando el estadio olímpico y otras construcciones modernas (torres Hypo, Aliianz Arena) muy interesantes, llegamos al Novotel München Messe, hab 473, el hotel estaba situado en un parque ferial, con numerosos restaurantes al lado y una estación de metro (U Bahn) en la puerta. La habitación era enorme y el Hotel, estupendo, con un buffet de desayuno, muy bueno, comparable al de Berlín de hacía dos años, mis hijos estaban entusiasmados, porque además de Playstation, tenía ordenador con wifi en el hall del hotel. Esa noche cenamos en un restaurante italiano, en la Willy Brandt platz 5, no estaba mal de precio, nos fuimos a descansar al hotel.
Al día siguiente, tras comprar en el hotel un bono de 24 horas para los transportes en Munich , nos dirigimos en metro hasta la Marianplatz, el centro de Munich, con su Nuevo ayuntamiento y su carillón espectacular, con figuras de la realeza bávara, el ayuntamiento data de 1867, pero estaba en obras. Había además un gran ambiente con música y donde se celebraba el día del orgullo gay, comenzó a llover, pero eso no fue un impedimento para visitar la ciudad.
Visitamos, Residenz, palacio que fue residencia de los Wittelsbach, la gran dinastía de Baviera durante cinco siglos, en su teatro se estrenó Idomeneo de Mozart en 1781, también se encuentran aquí las joyas de la corona, el edificio respira grandeza y a las puertas del palacio hay unos leones, con cara de pocos amigos, pero hay que tocarles los morros, ya desgastados.
Luego atravesamos Odeonplatz con su Theatinerkirche, con una radiante estructura amarilla, ejemplo del barroco bávaro, el Feldherrnhalle o comandancia militar, un neoclásico edificio que es el Ministerio de finanzas bávaro. Toda la plaza fue construida por Luis I, admirador del arte neoclásico., cerca de la Odeonplatz se encuentra el Hofgarten, del siglo XVIII, jardines flanqueados por soportales, llenos de cafeterías y un palacio a la derecha., por el camino una guía alemana, nos ofreció en inglés, ayuda para resolver alguna duda, también un taxista en bici chileno, nos ofreció sus servicios. También vimos el Teatro de la Ópera donde se han estrenado al menos 5 obras de Wagner.
El hombre de la pareja, resultó alemán y se sorprendió del móvil que llevaba Enrique, pues hacía fotos espectaculares, nos hizo una foto a toda la familia, no sin antes sustituir nuestra ridícula cerveza por otras dos jarras de un litro, una suya y otra del señor de enfrente. Nos marchamos contentos de aquel lugar, repleto de gente, pero todo el mundo acomodado.
Seguía lloviendo, caminamos hacia la Maximilianstrasse, calle lujosa cuajada de tiendas caras y de mujeres árabes vestidas de negro, bellas y con bolsas de estas mismas tiendas, nos cobijamos junto la joyería Chopard, donde veíamos como invitaban a champagne a sus clientes ante la sorpresa de mis hijos.
De allí y dado lo que llovía decidimos pasear en tranvía, cogimos uno que pasaba por allí y llegamos a una plaza donde compramos un cinturón a Enrique que le duraría exactamente dos días. Volvimos hasta la Karlsplatz, cruzamos la Karlstor, antigua puerta de la ciudad y entramos en una calle peatonal donde compramos un magnético para el frigorífico, a modo de reloj de cuco, pero más económico, nos atendió un empleado español.
De allí nos dirigimos a la Catedral de Munich, edificada en ladrillo, con sus dos características torres con cúpulas verdes, similares a cebollas que dan carácter al perfil de la ciudad, la Frauenkirche se construyó entre 1468 y 1488, fue restaurada, tras la 2º Guerra Mundial. A la entrada del recinto, se aprecia la huella de un pié que según la leyenda, se trata de la del diablo que visitó el templo, estampando su huella, del regocijo que le produjo, ya que creyó que el arquitecto Halsbach se había olvidado de poner ventanas al templo, pero Halsbach se rió el último ya que desde la entrada no se aprecian.
Seguía lloviendo pero a pesar de ello, visitamos además Peterkirche, que data de 1158, pero su estructura románica fue remodelada en el siglo XVII, destruida en la 2º Guerra Mundial, fue reconstruida, gracias a la radio y a sus oyentes que aportaron el capital necesario, bajo el sonido de la canción Alter Peter , desde su torre, se puede disfrutar de una vista espléndida de la ciudad y los Alpes, pero no subimos, pues llovía y el cielo, desde luego, estaba nublado.
Decidimos marcharnos al Hotel, cenamos en un pequeño restaurante alemán al lado del hotel, llamado “ König Ludwig an der messe”, cenamos muy bien y en un ambiente muy agradable, la cena nos costó 62,20 euros.
El día 12 de Agosto, nos encaminamos hacia Dachau, paradojas de la vida, fuimos a un lugar donde hace más de 65 años, la gente iba a morir tras una larga agonía y ahora la gente va a hacer turismo en esos mismos escenarios. Sobrecogedor, es la sensación que experimentas, cuando entras al Campo de concentración, flanqueando la puerta que reza: “el trabajo te hace libre”, yo no entré al Museo, por no ser capaz y por acompañar a mi hija, ya que no es recomendable para menores de 12 años.
Mientras tanto, visitamos los barracones, el convento de la carmelitas que hay en el Campo, la iglesia ortodoxa rusa y lo peor, los hornos crematorios y las duchas de gas, allí está el monumento a las 206.000 personas que estuvieron en el Campo, de las cuales murieron asesinadas 31.951. Yo y espero que mis hijos, no olvidaremos nunca esto, ni hasta donde puede llegar la maldad humana, NUNCA MÁS.
Al salir del Campo, una chica alemana, llamada Petra, en un perfecto español, nos solicitó llenar una encuesta, lo hicimos, nos marchamos de allí, sin ánimo de visitar la zona, esas vías de tren rotas por el tiempo, al lado del Campo, aquella luz de Dachau, supongo que no fue casualidad, la implantación en este lugar del Campo, los nazis, amaban la belleza...NUNCA MÁS.
Dejamos el coche en el Hotel y cogimos el U Bhan hacia la Pinacoteca Nueva, situado en el distrito universitario, allí vimos cuadros de Goya, de Renoir, de Degas, Manet, algún Klimt, interesante. De allí tomamos un tranvía y repetimos en la Hofbräuhaus, ahora nos atendió Her Kitahara, auténtico japonés, comimos igual de bien, igual de divertido, la parte oscura de esta taberna es que fue destruido parte del edificio en 1944, pero sus propietarios, lo volvieron a levantar. Después de la comida (31.20 euros) y tras comprar una bola de nieve a Enrique en la tienda nos dirigimos a la Königsplatz, la “Atenas de Isar”, ésta plaza está flanqueada por 3 templos neoclásicos, edificados por Ludwig I, un edificio similar a los Propileos de la Acrópolis, un museo de escultura grecorromana y otro museo en lado Sur que contiene la Colección estatal de antigüedades, con un hermoso caballo de Troya a la entrada, nos sentamos en sus escalinatas. La grandeza de la Plaza es eclipsada por su pasado, aquí Hitler montaba sus mitines, no sin antes, pavimentar la Plaza, ahora hay césped, gracias a Dios.
Caminamos un poco por la Briennerstrasse y decidimos andar hasta el Englischer Garten o jardín inglés. Como el día era muy agradable, pasear por el jardín inglés fue igualmente agradable, forma el pulmón verde de Munich, se extiende a lo largo del río Isar, mide 375 hectáreas, se debe al conde Rumford y data de 1738, era el antiguo coto de caza de los Witelsbach. Paseamos y vimos el Templo del amor y llegamos hasta la Chinesischer Turm o torre china, donde unos músicos tocaban melodías bávaras, éste espacio tiene una capacidad para 7000 personas (biergarten), decidimos quedarnos a cenar allí, contagiados por la alegría del ambiente y tomamos, pollo, codillo, patatas y chucrut , regado con cerveza y agua y acompañado por el pan típico Brez´n una rosca con granos de sal gorda, nos costó 43 euros, lo pasamos fenomenal y todo estaba muy bueno. Había mucha gente que sólo toma éste pan con una cerveza y así pasa el rato. Nos marchamos muy contentos al Hotel, me ha encantado Munich, cuanto más conozco a los alemanes, más me gustan, los actuales, por supuesto.
El día 13 de Agosto nos dirigimos hacia Salzburgo, cuna de Mozart. Cuando nos encontrábamos a 5 km de la ciudad, nos vimos dentro de un atasco, desconocíamos la causa, hasta que faltando dos kilómetros para la entrada, un señor nos entregó un papel que decía no íbamos a poder entrar en la ciudad, pues ésta se colapsaba por los turistas, así que así fue, un policía al ver nuestra matrícula extranjera, nos derivó hacia un aparcamiento, decidimos, no hacerlo pues estaba lejos de la ciudad y no sabíamos qué tomar para llegar a Salzburgo, de nuevo en la carretera lo intentamos dos veces más entrar por otras señalizaciones de la autovía, pero también estaban colapsadas, decidimos dejar nuestra visita a Salzburgo para otra ocasión.
Comimos en un Marché restaurant, es una cadena que se encuentran en áreas de servicio a modo de buffet, nos costó 49.10 euros. Llegamos a Viena, bueno Auhof, localidad del extrarradio de Viena, nos alojamos en el Novotel Wien West, hab 318, sin perder tiempo una vez tomada posesión la habitación, compramos un bono para el transporte público, tomamos un autobús en la puerta del Hotel, cogimos el Metro en Auhof y de allí nos dirigimos a la Karlsplatz, salimos a ella por los pabellones de 1899, construidas para el Metro, contemplamos la grandiosidad de la Karlskirche, delante de ella se encuentran dos esculturas de Henry Moore donadas por el artista en 1978. En ésta plaza un turista canario se ofreció hacernos una foto a todos y aceptamos, nos explicaron la forma de llegar al centro de la ciudad.
Nos dirigimos hacia el Musikverein, la sala de conciertos sede la orquesta filarmónica de Viena y célebre en todo el Mundo, nos abordaron una pareja vestidos a modo del siglo XVIII y nos ofrecieron entradas al precio de 20 euros cada uno, para un pequeño concierto en la sala dorada, donde se celebra el concierto de Fin de Año, nos lo pensamos mucho, pero no nos animó el hecho que la visibilidad no era buena., continuamos nuestro paseo, flanqueado por losas en el suelo con nombres de célebres músicos, llegamos a la ópera de Viena, edificio impresionante que se inauguró en 1869 con Don Giovanni de Mozart, fue afectada por los bombardeos de la 2º Guerra Mundial, se reabrió de nuevo en 1955.
Continuamos por una zona peatonal (Opernring) hasta la catedral de San Esteban, pasamos por la estatua de Shiller, el célebre Hotel Sacher, creador de la tarta del mismo nombre.. La catedral o Stephansdom, con tejado de azulejos, donde se dibuja el escudo imperial, tiene en su puerta grabado el emblemático número 5 de la Resistencia, lo que queda del templo románico del siglo XIII es la Puerta de los Gigantes y las Torres de los Paganos, la nave central, el coro y las capillas laterales, de estilo gótico, proceden del siglo XIV y XV, algunos edificios como la sacristía son de estilo barroco, por dentro es muy bonita con una vidrieras espectaculares y con muchas tumbas de los Habsburgos. En 1945 fue incendiada por los bombardeos.
Seguimos nuestro paseo y en la Blutgasse, vimos la Figarohaus o lo que es lo mismo, la casa de Mozart, donde vivió entre 1784 y 1787. Cenamos en Gulaschmuseum en la Schulerstrasse 20, nos costó 48.90, no admitían tarjetas de crédito y mi pobre hija se pidió higaditos sin saberlo, que no tomó, los demás nos tomamos un guiso de toda la vida, excepto Enrique padre que se tomó una ensalada, volvimos al Hotel.
Al día siguiente seguimos nuestra visita a Viena en el Palacio de Schönbrun , el palacio de verano de los Habsburgo y especialmente de Sissi, lo comenzó a construir el mismo arquitecto que la Karlskirche, pero se terminó en el siglo XVIII por Pacassi, no entramos dentro pues había una gran cola, pero paseamos por sus preciosos jardines, llegando al invernadero o Casa de la Palmeras, construido en 1882, donde florecen numerosas plantas exóticas, la fuente de Neptuno, la Glorieta, arcos neoclásicos de 1775, el Zoo donde tampoco entramos. De allí nos dirigimos al palacio de Belvedere, construida por Hildebrandt y financiado por el príncipe Eugenio de Saboya en 1683, constituidas por dos construcciones, separada por una gran cuesta, que constituye un jardín francés de 3 alturas que representa diversas alegorías clásicas, la parte superior representa el Olimpo, había varias esfinges que representan la fuerza y la inteligencia.
Entramos a ver la colección Klimt, Eva y yo, situado en el Alto Belvedere, el edificio por dentro era impresionante, decorado con elementos extraños de tela que representaban pulmones, corazón y sangre, vimos los cuadros de Klimt: El beso, Judith cuadros muy especiales...Comimos en la estación de Südbanhof y de allí en metro nos dirigimos al Hofburg, conjunto de edificios imperiales, impresionantes¨el palacio Imperial, la Biblioteca Nacional austriaca (1722-1735), la Escuela de Invierno de equitación, el despacho del Presidente de Austria, en fin donde se concentra el poder austriaco desde hace más de 6 siglos, los estilos arquitectónicos van desde el gótico hasta el barroco, conjunto impresionante.
De allí andando pasamos por el Parlamento austriaco y llegamos al ayuntamiento, para mí el más bonito e impresionante que he visto nunca, de estilo gótico, había instalado allí un cine de verano con una terraza con comidas de varios países, enfrente, la edificación impresionante del Burgtheater, construido durante el reinado de Mª Teresa, la obra es de von Hasenauer y Semper, destruido parcialmente por una bomba en la 2º Guerra Mundial. De allí nos fuimos al Hotel y nos dirigimos a la piscina, allí mis hijos conocieron a Victor un niño español, cuyo padre (Hipólito) por ser minusválido, se desplazaba en una especie de moto. Cenamos agradablemente en el Hotel.
El día 15 decidimos pasarlo en otro país: Eslovaquia, ya que su capital, Brastilava, se encuentra a una hora en tren desde Viena o a 60 Kms. Así que fuimos a la estación de Südbanhof y compramos el billete por 14 euros los mayores y 7 los niños, ida y vuelta, también nos daba derecho a coger los tranvías de la ciudad.
De nuevo estábamos tirados en una carretera sin saber qué hacer, sólo imitar al resto, y el grupo cogió el próximo autobús, que era el 88, también lo tomamos y acertamos, nos llevó al centro de la ciudad. Bratislava es una ciudad pequeña, tranquila y bonita, con gran encanto, similar al barrio de Màla Stranà de Praga, con un castillo arriba (siglo XV), como casi todas las ciudades del Este, hoy convertido en Museo, no subimos, pues hacía mucho calor.
Tras comprar algunos recuerdos, nos volvimos a la parada del autobús, por allí nadie hablaba inglés y no sabíamos que número tomar, al final tomamos el 80, sin tener claro, dónde bajarnos. Cuando llevábamos 5 minutos de trayecto, una señora de unos 60 años, con un sombrero con flor, se dirigió en inglés con fuerte acento a nosotros, preguntándonos si nos dirigíamos a la estación, le dijimos que sí, así que nos aseguró que nos avisaría, pues desde la parada, no se veía la estación. Así fue, nos avisó y nos indicó cómo llegar, nunca podremos agradecer a ésta señora, el favor que nos hizo. Cogimos el tren y volvimos a Viena.
El día 16 de Agosto, cumple de Evita, nos dirigimos a Budapest, cambiamos en la frontera y compramos el “viñete”para poder circular por sus carreteras, a 130 km de la ciudad, nos encontramos un atasco, pues había obras en la carretera. En éste país, no teníamos navegador, así que con ayuda del Mappy, logramos llegar a Novotel Budapest Centrum, habitación 620, en Rákoczi ut 43-45, en un edificio estilo art-decó, con una bonita decoración en su interior y un comedor espectacular.
Dejamos nuestras cosas y nos dirigimos a las orillas del Río Danubio a dar un paseo, volvimos al hotel, fuimos al jacuzzi que nos ofrecía y Enrique fue a la sauna, después reservamos en un barco en el Danubio, una cena en honor a Evita. Con un taxi nos trasladamos hasta el embarcadero, pero ni el Hotel ni la oficina de información sabían cual era el nombre del barco, hasta que una chica que trabajaba en otro barco, nos lo dijo, entramos en un embarcadero y nos indicaron que teníamos que esperar hasta que viniese el barco, mosqueados, pues esperamos un buen rato junto a 4 rumanos, llegó un barco y advertimos que queríamos una mesa al lado de la ventana, así fue, comenzamos a cenar cogiendo del buffet, había gente que ya había empezado a cenar, pedimos un vino además de una cerveza que habíamos tomado y nos dijeron que había que pagarlo, bueno todo muy turístico. Terminamos “el crucero” y fuimos paseando hasta el Hotel por el Budapest nocturno.
Al día siguiente fuimos a hacer el circuito turístico por excelencia de Budapest: Castillo, Bastión de los pescadores, Iglesia de Matías y las maravillosas vistas del Parlamento desde éste lado de Pest.
Para subir al Castillo, se puede hacer por el funicular abierto al público en 1870, destruido en la 2ª Guerra y reconstruida en 1986, el ascenso dura dos minutos, por lo que se puede subir perfectamente andando.
El Castillo de Buda fue construido en la segunda mitad del siglo XIII por el Rey Bela IV, fue arrasado en la 2ª Guerra Mundial y reconstruida posteriormente en estilo barroco. El castillo actualmente alberga El Museo Nacional, La Biblioteca Nacional y el Museo de Historia de Budapest, también se encuentra el Pozo de Matías, una bella fuente. El Bastión de los pescadores o Halászbástya, fue construido a finales del siglo XIX por el arquitecto Shuleck, posee un estilo gótico peculiar, criticado en algunos sectores, desde donde se contemplan unas vistas espectaculares del Parlamento y de Pest, para verlas desde la terraza de arriba hay que pagar, para verlas desde la terraza de abajo, hay que tomarse una cerveza, pero si no quieres hacer ninguna de las dos cosas, desde la escalera de bajada, puedes obtener unas vistas igual de espectaculares.
La iglesia de Matías, llamada así porque el rey Matías, se casó dos veces aquí, algunas partes de la iglesia datan del siglo XIII, pero la nave principal es del siglo XIX, originariamente fue la Iglesia de los alemanes residentes en el Burgo, la entrada te la cobran, pero si llevas los hombros al aire o las piernas no te dejan entrar, aunque dispongas de forint (la moneda). El recinto está rodeado de tiendas, un poco elevadas de precio. Desde allí y atravesando el Puente de las cadenas de 1849, nos dirigimos al Parlamento, una preciosidad de edificio, de estilo neogótico que empezó a construirse en 1884 y se terminó en 1904, la gigantesca cúpula central tiene 96 metros de altura en referencia la conquiste de Hungría por los magiares en 896, el edificio está lleno de torres y pináculos, el conjunto es espectacular, en la entrada de éste, se encontraba una especie de laberinto con explicaciones sobre la historia de Budapest, nos sentamos un rato en el césped de éste insigne edificio para dirigirnos a la calle Andrássy, zona de compras, calle que alberga la ópera de Budapest, con un bonito café llamado Callas al lado y donde compramos comida en un Supermercado.
De allí nos dirigimos a una calle casi haciendo esquina Andrassy con Erzebet Korut donde se encuentra el Monumento a Listz y que estaba llenos de cafés, allí junto al músico dimos cuenta de nuestra comida.. Después de la comida nos dirigimos andando toda la calle Andrassy con preciosos edificios y perdiendo su carácter comercial, lleno de embajadas, llegamos a la Plaza de los Héroes, la plaza es monumental lleno de estatuas de los padres de la Patria, la forman dos edificios el Museo de las Artes y el Museo de Bellas Artes, gratuitos los dos, llegamos al segundo u ya estaban cerrando, por lo que visitamos su tienda y contemplamos el hermoso may, nos sentamos unos minutos en su gran escalinata y de allí fuimos andando al Varosliget o parque de la ciudad, donde se encuentran un pequeño parque de atracciones, cervecerías y sobre todo los espléndidos balnearios de la ciudad, de estilo modernista.
Tomamos el Metro para dirigirnos al Hotel, nuestro tramo se había averiado y al cambiar de línea, nos obligaron a coger un trolebús, que nos dejó en la puerta del Hotel. Tras nuestro paso obligado por el jacuzzi, reservamos una mesa con la mediación del hotel en pequeño restaurante situado en una calle un poco sospechosa, a pié de aquel a unos 5 minutos, se llamaba Rosé, estaba situado en la calle Akácfa 24, aunque al principio nos impactó el calor que hacía en el interior, el trato fue exquisito y la comida y el vino muy bueno, yo tomé pato a la Stroganoff.
Al día siguiente recorrimos la calle Rakoczy ut para comprar algunas cosillas, también llegamos a la calle Váci, peatonal y muy comercial. De allí y tras comprar comida, nos dirigimos en autobús a La Isla Margarita, un parque muy agradable, con una fuente que lanza su agua al ritmo de música húngara, donde se pueden alquilar bicicletas (así lo hicimos y además se nos salió la cadena), la isla debe su nombre a la hija del rey Bela, antigua morada de un harén en época turca, también alberga el Gran Hotel, comimos allí sobre la hierba fresca. Pasamos allí prácticamente todo el día, cogimos un tranvía al final de la isla y de allí pasamos de nuevo por el jacuzzi y nos fuimos a cenar a un pequeño restaurante que había junto al Hotel llamado Mozaik Etterem, buena comida, buen trato y excelente precio. Así finalizó nuestra estancia en Budapest.
Por la mañana tras pagar nuestra cuenta en el Hotel, nos dirigimos al coche que había agotado su batería, no sabemos cómo, pero nos entretuvo 3 horas en Budapest por lo que ya nos retrasó nuestra llegada a Valbonne, a un Hotel muy agradable entre pinares, llamado Novotel Sofía-Antípolis, al día siguiente fuimos a Valencia y de allí a Madrid, agotador, pero maravilloso....

























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