viernes, 25 de diciembre de 2009

VIAJE A VENECIA 2006



Despegamos de Madrid en uno de esos vuelos “low cost”, o sea barato, no creo que los vuelos regulares convencionales sean tan puntuales como ésta compañía (Myair). Salimos en un avión rojo de Madrid a las 00.30 y tras un agradable vuelo llegamos al aeropuerto de Marco Polo a las 2.30, situado a 10 kilómetros de Venecia. Teníamos miedo de que no hubiese taxis en la parada del aeropuerto para trasladarnos al Hotel debido a la hora, pero tras una llamada nos trasladaron a Novotel Mestre Castellana, situado a 14 km de Venecia.
Al día siguiente un autobús del Hotel nos trasladó a Piazzale Roma, lugar donde acaban su recorrido todos los vehículos con ruedas en Venecia y donde se encuentra también la estación de tren, a partir de aquí se va a pié o en barco. Atravesamos la ciudad mediante los carteles que nos indicaban Piazza san Marcos (la única plaza que merece tal nombre en Venecia, el resto se llama Campo o Piazzale), comenzamos a empaparnos del encanto de la ciudad: calles estrechas, pequeños puentes, tiendas encantadoras repletas de cristal de Murano y máscaras de carnaval.
Llegamos a una plaza llamada Campo San Rocco, donde un hombre tocaba música clásica con un acordeón junto a la Scuola Grande de San Rocco, antiguo hospital de beneficiencia, construida entre 1489 y 1508 por Bartolomeo Bon, parte de ella fue terminado en 1725 por Giovanni Scalfarotto, en el interior se encuentran cuadros de Tintoretto y Ricci entre otros , las guías destacan sobre todo “La Anunciación” de Tintoretto, situado a la derecha de la entrada al Templo, dejando a la espalda la puerta de éste, no sorprende que sea este cuadro la mejor obra, ya que el autor ganó precisamente el concurso para decorar la iglesia. San Rocco fue venerado en Venecia por sus acciones en las epidemias de peste, su cuerpo se encuentra en el edificio desde 1520, las velas del Templo daban un toque misterioso a la iglesia e invitaban a la oración.
Seguimos caminando y tras pasar a través de tiendas de diseñadores con renombre internacional, llegamos a Piazza de San Marcos, inundada de tres cosas: turistas, agua y palomas, atravesamos “el salón de Europa” como lo llamaba Napoleón y a través de unas pasarelas instaladas para no mojarse los pies, entramos en la preciosa Basílica de San Marcos, iglesia que vista desde frente parece no tener ángulos y resulta multicolor gracias a sus mosaicos y a su aire bizantino. La basílica se comenzó en 832, durante casi 1000 años fue la capilla privada del dux, la decoración multicolor de la fachada es espectacular y dentro se pueden admirar tesoros tales como La Pala D’Oro, un retablo con más de 2600 perlas, rubíes y esmeraldas, el coro, la nave y algo que no pone en las guías: el maravilloso suelo de mármol en forma de mosaico, precioso.
La mezcla de estilo bizantino y medieval de la Basílica te envuelve, salimos por la tarima elevada y lo hicimos a unas callejuelas repletas de pequeños restaurantes, donde nos tomamos unos bocadillos de atún y jamón.
Bordeando por detrás San Marcos llegamos al mar Adriático, con unas vistas espectaculares de San Giorgio Maggiore, siguiendo el Gran Canal y dejando a la derecha la Plaza de San Marcos, caminamos en dirección a La Galería de la Academia, no sin antes atravesar la maravillosa plaza llamada Campo San Stéfano o Campo Francesco Morosini, donde antiguamente se celebraban fiestas con toros y donde se encuentra la iglesia de Santo Stéfano provista de un originalísimo techo en forma de quilla y atravesado por unas vigas preciosas, en medio de la nave se encuentra la lápida más grande de Venecia, bajo la que se encuentra Francesco Morosini, famoso por volar de un solo cañonazo el Partenón, francamente no lo entiendo.
Tras comerse mis niños unos pasteles y Enrique una onza de chocolate enorme, llegamos al Puente de la Academia, que ofrece unas vistas espectaculares del Gran Canal, las góndolas, Santa María de la Salud y el resto de los edificios que jalonan el Gran Canal.
La Galería de la Academia, era gratis eses día y nos sorprendió que entre la mayor colección de pintura veneciana del mundo, sólo hubiese dos cuadros de Antonio Canal, Canaletto. En su pequeña tienda compramos un cartel para nuestra colección de museos del mundo, al lado se encontraba una sala donde una soprano cantaba ante una pequeña audiencia, ejemplo de nuevo de la capacidad de los italianos para conjugar la música con otras artes, tales como la pintura y la arquitectura de una manera muy especial, con mucha sensibilidad y de forma mágica. Desde la Academia nos dirigimos de nuevo a la Piazzale Roma donde tomamos el autobús que nos condujo al Hotel para descansar.
El segundo día nos sacamos un pase de 24 horas que incluía el vaporetto y el autobús y desde la estación de Piazzale Roma hasta San Zacaría, allí tomamos un ferry hasta la isla de Burano a 8 Km de Venecia, en una travesía de casi una hora en un día precioso y así llegamos a Burano, una pequeña isla repleta de casas multicolores y tiendas de encajes, coronadas por una Torre inclinada perteneciente a la iglesia de San Martino, después de visitar sus pequeñas calles, compramos unas porciones de pizza, pescado con patatas y nos sentamos en la hierba frente al Adriático y con música de Verdi de fondo, ya que un habitante de ésta maravillosa isla determinó deleitarnos con su voz de tenor a cambio de unas monedas, la sensación era maravillosa...Tras nuestro picnic nos dirigimos al barco que nos condujo a Murano a través de la estación Faro Murano. En Murano se encuentran tiendas de cristal del mismo nombre, una réplica del Gran canal de Venecia y la preciosa basílica se Santa María y Santo Donato de estilo bizantino-veneciano con ladrillos bicolores y también techo en quilla, lo cual no hacía tan original la iglesia de Santo Stéfano de Venecia, también el suelo era de mármol en forma de mosaico, también es famosa porque en esta isla Giacomo Casanova consumó su aventura con la monja MM y por los cangrejos de su laguna. Tras tomarnos un capuchino, subimos al vaporetto que nos condujo de nuevo a Venecia, se nos hizo un poco largo el camino, como anécdota una pequeña ola entró a través de la ventana del barco y me mojó a mí y al pasajero de al lado, lo que provocó la risa sobre todo de mis hijos. Entramos al gran canal y majestuosa presidía la entrada Nuestra señora de la Salud (salute en italiano significa salud y salvación), erigida en 1631 conmemorando la supervivencia a las epidemias de peste de la Ciudad, la iglesia de estilo barroco, está coronada por una cúpula similar a la de San Pedro del Vaticano, las escaleras de acceso se sumergen en las aguas del Gran Canal, pasamos por delante de palacios preciosos como Ca´Pesaro, convertido en museo, Palazzo Dario de 1480 y con una preocupante inclinación, Palazzo Vendramin-Calergi del siglo XV, obra maestra del Gran Canal, última morada de Wagner y actual Casino, Ca ´Rezzonico (1667), obra de Longhena, uno de los mejores arquitectos de su época y también autor de Santa María de la Salud. Bajamos en la parada de Ca D´Oro, llamado así por el palacio del mismo nombre, ejemplo de arquitectura gótico-veneciana y en su origen recubierto de láminas de oro. Nuestra guía, regalo de mi amiga Tina, nos recomendaba un Restaurante llamado Vini Da Gigio, en la Strada Nuova preguntamos a un señor que nos dijo se comía muy bien y estaba al lado, lo encontramos pero estaba repleto, por lo que decidimos cenar en un restaurante al lado de un pequeño canal, llamado Al Vagón, donde yo degusté spaghetti a la camicia nera, o sea pasta negra que estaba buenísima, la recomiendo, Enrique la tomó al Vongole, o sea con almejas, Eva al pesto y Enrique raviolis alla panna, compartimos un pequeño plato de pescado, de postre mis niños tomaron tiramisú, por supuesto, de allí fuimos caminando hasta la Plaza de San Marcos, donde nos sentamos bajo los arcos del palacio ducal, escuchando una pequeña orquesta de un café, de nuevo la magia italiana al mezclar
música y arquitectura, con el encanto añadido de la noche, me hizo recordar 7 años antes, lo mismo en Florencia, pero frente a Los Uffizzi.
El palazzo Ducale es un impresionante edificio de 1419 que tras dos incendios fue restaurado en 1880, en éste palacio se encuentra el óleo más grande del mundo, es de Tintoretto y se llama Paradiso (1588-1592). En un lateral de éste palacio se encuentra el Puente de los Suspiros, llamado así porque los condenados a muerte lo atravesaban para morir desde el palacio ducal a las prisiones, frente al Palacio hay dos columnas del siglo XII; una coronada por San Teodoro y otra por el león de San Marcos, en ésta zona se hacían ejecuciones, por lo que se pensaba que traía mala suerte pasar entre ellas. Terminamos el día paseando de noche por una Venecia, que si cabe, tiene un encanto mayor que de día, atravesamos la Plaza de San Marcos, contemplando el antiguo Café Florian (1720),sus altos precios y su bonitos frescos en paredes y techo.
Tomamos un taxi en Piazzale Roma hasta el hotel, lamentándonos que fuera nuestra última noche en Venecia.
A la mañana siguiente tomamos el vaporetto 82 y mientras atravesamos el puerto comenzó a llover, lo que daba a Venecia otro aspecto no menos bello, bajo la fina lluvia que nos hizo abandonar la proa al descubierto del barco, la vista de San Giorgio Maggiore bajo la lluvia era preciosa, bajamos en San Zaccaria frente al Hotel Danieli, donde en tiempos se albergaron Dickens, George Sand, Balzac y Proust, caminando llegamos a Plaza de San Marcos con la intención de subir al Campanile, pero su alto precio nos hizo desistir: 6 euros por persona, lo que a mí me alegró, debido a mi mal de altura. Nadie diría que el Campanile, se derrumbó en 1902 tras 990 años, donde por cierto sólo murió un gato, reconstruyéndose ese mismo año, parece una construcción auténticamente medieval, está dotada de 5 campanas que tocan en distintas circunstancias, la llamada Maleficio lo hacía en la ejecuciones y todas tañían a la vez, cuando se elegía Papa o Dux. Decidimos caminar hasta Campo Bandiera e Moro donde vivió Tintoretto hasta su muerte, la plaza debe su nombre a los comerciantes árabes que operaban en ésta plaza y porque hay 3 estatuas de moros incrustadas en los muros que representan a los hermanos Mastelli, en ella se encuentra la iglesia San Giovanni in Bragora ( mercado en la antigua forma de dialecto), muy austera pero en ella se bautizó a Vivaldi. No podíamos dejar de visitar La Fenice, que hace honor a su nombre tras resurgir del incendio de 1996, estaban representando Romeo y Julieta de Prokopiev, por cierto la primera obra que yo contemplé en un teatro de ópera, pero en Madrid, al lado de este pequeño edificio se encontraban restaurantes muy bonitos que no reservaban mesa y muchos pozos con brocales decorados.
Comimos en Cleopatra, una trattoria peculiar situada en Campiello de la Pescaria a espaldas del embarcadero Arsenale, donde una matrona italiana nos sirvió pizzas, risotto y pasta. Reemprendimos nuestro paseo entre las maravillosas calles, fondamentas (calle que bordea un canal), plazas, canales y puentes de la misteriosa Venecia, de aspecto probablemente igual que hace 5 siglos. Llegamos a Piazzale Roma, indicándonos que nuestro viaje estaba tocando a su fin, tomamos un autobús al Hotel y de allí un taxi al aeropuerto de Marco Polo, adiós Venecia, maravillosa ciudad....

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