jueves, 21 de octubre de 2010

VIAJE A GRECIA





VIAJE A GRECIA: 25/03/2007 AL 29/03/2007.
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Llegamos al aeropuerto de Elefherios Venizelos de Atenas desde la T4 de Madrid a las cinco de la tarde, tras perder dos horas en nuestro viaje; uno por el cambio de hora del vuelo y otro porque en Atenas es una hora más que en España..
Tomamos el Metro desde el aeropuerto hasta la Plaza Omonia (concordia), el metro de Atenas sólo tiene 3 líneas; las estaciones están muy limpias y bien cuidadas, igual que en Londres nos hacía gracia el “mind the gap”, aquí lo era”eponeme estasi” o próxima estación.
Durante el trayecto Enrique hijo comentó que no se veían pintadas en los puentes y en las carreteras. Al llegar a la Plaza Omonia, nos hicimos un lío para encontrar la calle del Hotel, nos vimos en medio de un mercadillo con las maletas, por el lado de los vendedores, toda la gente nos miraba como si estuviésemos locos, hasta que alguien nos ayudó y sacamos las maletas, preguntamos a la policía, pero tampoco tenían claro donde estaba el Hotel, llegamos por fin, a la 4-6 Michail Vodas esq con Makedonias donde estaba ubicado el Hotel, estaba bien, no como el de Berlín, La Haya o Gante, pero nos servía, a mis hijos les decepcionó porque no tenía Playstation como los demás del resto de Europa de la cadena Novotel.
Tras dejar nuestras maletas, fuimos en Metro hasta la estación de Acrópolis, allí la vimos (ciudad alta) en lo alto de la roca que hizo triunfar a Atenea sobre Poseidón para patrocinar la ciudad, iluminada, dominando la ciudad, a 156 metros de altura: el Acrópolis.
Paseamos por el Sendero Dionisiou Areopagitiou, paseo peatonal, en el que se encuentra la Embajada española, le recorrimos y bajamos al barrio de Plaka, pasando por el monumento a Lisicrates, nos adentramos en las calles donde si no te invitan a comprar te invitan a que te sientes a cenar, a veces en español, eso sí siempre presidido por la vista imponente de la Acrópolis que se divisa desde casi todas las calles.
Nos sentamos en Taverna Bizantina, donde degustamos calabacines fritos con salsa de ajo, musaka, empanada de espinacas, tsalsiki que es una salsa de yogur con ajo y perejil y otros platos griegos todo con vino de la casa y agua para los niños, pagamos 43 € y nos marchamos al Hotel en Metro, que estaba situado junto a la estación Larissa.
Al día siguiente madrugamos voluntaria y obligadamente ya que el Hotel se encontraba en obras y a las 7.45 comenzaban a dar golpes, tras un desayuno opíparo con mal café nos dirigimos al Acrópolis, rodeado de olivos, símbolo de la diosa Atenea de quién toma el nombre la ciudad, pagamos 12 € la entrada cada uno, los niños no pagaban, pero esto te daba derecho a entrar además de la Acrópolis, el teatro de Dionisos, el Ágora, el Foro romano y la Torre de los vientos, el templo de Zeus y Kerameikós.
Entramos por los Propileos o entrada con columnas, desde donde se aprecia una bonita vista de Atenas, al pasarlo se divisa el Partenón la derecha y el Erectión a la izquierda, el primero es inmenso, rodeado de andamios, es el templo de Atenea, de estilo dórico, donde se encontraba una estatua de la diosa esculpida por Fidias, de 9 metros de alto.
El conjunto data del siglo V antes de Cristo y los arquitectos fueron Ictineo y Fidias. Es una pena que los británicos no devuelvan los frisos del Partenón, creo que cuando lo ves en directo te das cuenta mejor de ello, el Partenón parece herido sin sus frisos. En frente se encuentra el Erectión, de estilo jónico, edificada por Calamacos, discípulo de Fidias en tiempos de Pericles (421-406 a de C), en sustitución de otro, destruido por los persas, dedicado a Erecteo, rey de Atenas.
Parte del templo se encuentra sustentado por 6 cariátides, las originales están en el Museo de la Acrópolis. Nos sentamos en una de las piedras desde las que se divisa la inmensidad de Atenas y al hacerlo yo, se me rompieron los pantalones por debajo del culo, quedando de lo más moderno, admiramos unos minutos las piedras milenarias: más de 2500 años nos contemplaban...
Salimos por los Propileos, no sin antes mirar con curiosidad una recepción oficial de no sabemos qué político, pues no le conocíamos.
Bajamos al Areópago o colina de Ares, una roca elevada con escaleras, desde donde se divisa el Ágora y donde se reunía el Consejo (480 a de C-425 d de C), a medida que el poder del Rey disminuía, aumentaba el del Consejo hasta que llegó a gobernar, desde aquí San Pablo se dirigió a los atenienses, en su famosa Carta.
Cogimos la calle del apóstol Pablo a cuyos lados se distinguían muros y patios de casas romanas, en lo que podía ser un antiguo barrio de Atenas, al llegar a unos cafés comenzó a nublarse y empezó a caer una tormenta de granizo, nos refugiamos bajo los toldos de un café, esperando a que escampase. Cuando lo hizo, aunque no del todo, llegamos al Ágora o mercado en griego, la plaza pública de Atenas, fundada en el siglo VI a de C, el corazón de Atenas durante 1200 años, centro de todas las actividades políticas, comerciales, religiosas, artísticas, deportivas etc.. aquí Sócrates se dirigía a su público, al igual que san Pablo.

El lugar es un sitio mágico, al entrar hay 3 estatuas, dos tritones y una de un gigante que marcan la entrada al odeón de Agripa (siglo 15 d de C), a la derecha se observa el templo de Hefestos, el templo clásico mejor conservado de Grecia , dedicado a Hefestos, dios del fuego, a la izquierda la estoa de Attalos, construida por el Rey de Attalos II de Pérgamo (159-138 a de C), de dos pisos sustentada en ambos pisos por numerosas columnas y que alberga el Museo del Ágora, fué reconstruido por la escuela americana de arqueología en 1956.
Frente a ésta se encuentra una iglesia bizantina del siglo XI, construida sobre las ruinas de una fuente (ninfeo) del siglo II, el Ágora es uno de los paseos más bonitos de Atenas...sólo invadido a veces por el ruido del Metro que pasa a través de el. Salimos del Ágora y nos adentramos en Monastiraki, otro barrio popular de Atenas, más pintoresco que Plaka, de nuevo los empleados de los restaurantes te invitan a sentarte, mientras nosotros contemplamos las tiendas a un lado u a otro de las calles, compré unos pendientes en una joyería (Nomikos Dimitrios), donde mi esposo mientras elogiaba la amabilidad de la dependienta, chocó contra una vitrina y rompió una estatua ante el desconcierto nuestro y la risa de la empleada que nos perdonó.
Nos sentamos en Elenicón en la calle Ifaistou, donde comimos Doner los niños y Enrique y yo Joriatiki; ensalada griega con pepino, tomate que sabe a tomate, aceitunas negras, pimiento verde, cebolla roja y queso feta, el empleado se extrañó que le nombrase la ensalada en griego (Joriatiki) y me preguntó si lo hablaba, contesté que no, ya que sólo lo sé leer, porque lo estudié en Bachillerato.
Terminamos y de nuevo paseamos por las calles de Monastiraki, llamado así porque en la Plaza del mismo nombre, se encontraba un Monasterio, en ésta plaza se pueden observar excavaciones arqueológicas a través de un cristal, comenzó de nuevo a llover y nos refugiamos en un bonito café llamado Aioidis en la calle Aiolou, un café 3,90 €, nos sorprendió que antes de pedir te traen un vaso de agua.
Decidimos coger el Metro y nos dirigimos a El Pireo o sea, al puerto de Atenas, de allí caminamos hasta una bahía llamada Pasalimani, donde se situaba el antiguo puerto de Zèa, principal base naval de Atenas en el siglo V a de C, ahora hay numerosos yates atracados allí y apartamentos con muy buena pinta.
Estábamos cansados así que determinamos comprar bocatas y marcharnos al Hotel, pero, oh! sorpresa, no hay apenas McDonalds, no telepizza, viva la dieta mediterránea!!, entramos en Día y al salir por “salida sin compra” pitamos, miré con sospecha a mis hijos, pero era yo la que pitaba!!, me registraron y era mi guía de Atenas que compré en el Corte Inglés hacía un mes, desactivaron la alarma para ellos, pero no para los demás, un corte y un poco antipática la empleada. Por fin compramos bocadillos en Everest y tomamos un Metro hasta el Hotel, donde descansamos, eso sí hasta las 7,45.
El día 27 de Marzo, día de nuestro 15º aniversario de boda, decidimos pasarlo en El Peloponeso, para ello alquilamos un coche a través de Internet, una agencia de bajo coste situado junto a la estación de Acrópoli, el coche era un Renault Modus, y el precio era 9.99 € al día con 200 Kms, si contratabas 200 Kms más eran 4 € más, y así lo hicimos, el hombre que estaba en la agencia nos explicó la salida hacia Corinto, perfectamente y pasado el estrecho de Corinto, abandonamos la autovía que nos costó 2 € y entramos en carretera nacional, desde luego bastante más malas que las españolas, nos orientamos por un mapa de carreteras que compramos en la estación de Acrópoli y así llegamos a Micenas, un pequeño pueblo actualmente donde se asentó el periodo micénico de Grecia entre 1600-1100 a de C. Micenas se encuentra a 90 kms al suroeste de Atenas, el reino lo ocupaban ciudades como la propia Micenas, Argos y Tirinto.

Micenas era una acrópolis, al parecer rica en oro, cuya entrada a la ciudad estaba flanqueada por la Puerta de los leones que data del 1230 a de C, constituida por dos leones de 3 metros de altura a los que le faltan las dos cabeza. En Mecenas enterraban a sus reyes en tolos o túmulos, enormes tumbas.
En 1876 Schilieman, descubrió la posible tumba de Agamenón, que lo llamó Tesoro de Atreo, padre del anterior, también vimos el tolo de Clitemnestra, esposa de Agamenón, hermana a la sazón de Helena, casada con Menelao, hermano de Agamenón y cuyo rapto provocaría la Guerra de Troya.
En el Museo de Mecenas, había una chica que nos habló en italiano y nos explicó donde encontrar la tumba de Clitemnestra y nos recomendó a petición nuestra Taberna Spiros para comer, situada en el actual pueblo de Micenas y allí nos dirigimos, pegada a la carretera , se encontraba la taberna del señor Spiros; pedimos unos huevos fritos con patatas y para mí una Joriatiki, pagamos 27 € y nos marchamos contentos.
Decidimos acabar nuestra excursión en Nauplio, antigua capital de Grecia, preciosa ciudad costera con el castillo turco de Burtsi frente al golfo de Argos en medio del mar (siglo XIII) y una fortificación veneciana del siglo XVII (fortaleza de Palamedes), en lo alto una roca. Todo presidido por la plaza Sintagma, de tamaño rectangular.
Abandonamos Nauplio para intentar devolver el coche en Atenas antes de las ocho de la tarde y lo conseguimos aunque nos perdimos, gracias a un taxista ateniense encantador que nos explicó con gran exactitud como llegar a la Agencia Internet, desde el Hotel intercontinental de Atenas.
De allí decidimos celebrar nuestro aniversario con nuestros hijos en una fría noche en un pequeño restaurante de Plaka, llamado Thespis en la calle Thespidos, donde el señor era encantador y nos sirvió una rica fuente de pescado, pita (especie de empanadilla rellena de queso), calamares, soublaki (brocheta) de cordero, todo regado con un rico vino de Macedonia y con el que sellamos nuestro amor de 17 años de edad, nos ofrecieron de regalo tsiporo u orujo griego, pero no había quién se lo bebiese, contentos nos fuimos al Hotel a dormir, eso sí hasta las 7.45.
El último día completo que pasamos en Atenas, lo comenzamos en el museo arqueológico de Atenas, siguiendo la calle Makedonias, detrás del hotel, llegamos al Museo de estilo neoclásico, a la entrada hay bonitas esculturas modernas. En el interior se encuentran piezas arqueológicas muy importantes, como el tesoro de oro de Micenas, con la máscara de Agamenón incluida y unas joyas preciosas, tanto por su brillo como por su diseño, también había hermosa esculturas clásicas y algunos frescos de Thira, del siglo XVI a de C, la sala egipcia estaba cerrada, al igual que la tienda del Museo.
De allí caminamos hasta el Foro Romano y la Torre de los Vientos, en el siglo I a de C, los romanos trasladaron el mercado de Atenas desde el Ágora hasta este lugar, un amplio patio porticado, entrando nos encontramos la Torre de los Vientos, octogonal de forma, construida por el astrónomo sirio Andronikos Kirestes en el 50 a de C, en cada unos de sus lados están representados los 8 vientos y en su interior había una clepsidra que funcionaba con un arroyo del acrópolis, pasando los propileos y el patio encontramos la puerta de Atenea Archegetis que fue levantada en el XI a de C por Julio César y Augusto, como indica la inscripción que hay en ella.
También podemos ver la mezquita otomana Fethiye, construida sobre una iglesia paleocristiana en 1456.
De aquí nos fuimos caminando al Kerameikos por la calle Ermou, cerca del Metro Thissio, Kerameikos era el límite de la ciudad clásica, los guerreros y las sacerdotisas cruzaban ese lugar por dos caminos distintos, uno conducía a un templo, el otro a un prostíbulo, es obvio cual iba a cual , aquí pudimos contemplar tumbas de gente corriente, coronadas por un toro de mármol o un retrato de la difunta con su esclava, etc, también vimos el Pompeiion, donde se preparaban las procesiones festivas y religiosas, en las que se ofrecía el peplo o túnica nueva para Atenea. El nombre de este sitio se debe al barrio de los alfareros que aquí se encontraba (keramos, cerámica).
Paramos para comer y lo hicimos en Bar Soublaki, en la plaza Monastiraki, el cotarro lo regentaba un tipo con pinta de turco, muy simpático, nos invitó al término de la comida a yogur con miel. Seguimos caminando y nos dirigimos al Templo de Zeus que estaba cerrado, así que subimos la calle Amalias, llegamos al Parlamento, hicimos una foto a Enrique con un evzon y su atavío raro, los niños intentaron hacerse una foto con él, pero éste protestó chocando su fusil contra el suelo porque se acercaron demasiado.
Continuamos nuestro paseo hasta el estadio Kallimármaro (mármol hermoso) o estadio Panatenaico, impresionante, data del 330 a de C, se construyó para los juegos panatenaicos, en 1895 se restauró con mármol pentélico y cobijó la primera olimpiada moderna., del estadio nos dirigimos andando a través de los Jardines Nacionales al barrio de Kolonaki, estos jardines fueron realizados para la reina Amalia en 1839, posteriormente se abrió al público en 1923.
Antes de los jardines vimos el palacio presidencial y la residencia del Primer Ministro, al llegar de nuevo a la Plaza Sintagma entramos en el vestíbulo del Metro de esta estación para ver los yacimientos arqueológicos allí expuestos, subimos y vimos el cambio de guardia de los evzones junto a la tumba del soldado desconocido, cruzamos la Plaza Sintagma y nos dirigimos a Monastiraki, paramos a tomar un café, 3.50€, de allí fuimos hacia la plaza Omonia y en un Everest, compramos unos bocadillos y yogures y nos los tomamos tan ricamente en el Hotel.
El último día antes de coger el avión que salía a las 17.00, decidimos dedicarlo al Templo de Zeus y al Museo Benaki.
El templo de Zeus es impresionante, su construcción duró casi 700 años, porque fue interrumpida varias veces, lo primero que vemos antes de entrar es el arco de Adriano del año 313 d de C, donde Adriano deja claro que Atenas es ahora suyo. El Templo conserva 16 columnas de las 104 originales, la altura de cada una de las columnas debe ser de más de 16 metros, son de estilo corintio y al parecer es la primera vez que aparece este estilo en la arquitectura helénica, en el recinto podemos visitar también una muralla romana, baños romanos, ruinas de casas y otros templos, el conjunto es maravilloso.
El Museo Benaki situado a la espalda del parlamento, es un edificio de estilo neoclásico que compró Emmanuel Benaki, sus hijos lo regalaron al estado en 1931, contiene obras de arte y objetos de toda la historia de Grecia, a mí me recordaba al Museo de Victoria y Alberto de Londres, nos llamó la atención los dos cuadros de El Greco, sin sus figuras típicas y un precioso salón de madera del siglo XVIII, también había preciosas joyas y retratos de la familia Benaki muy bonitos, la terraza y el café de la azotea son muy agradables, la tienda del Museo es preciosa allí compramos la lámina para nuestra colección, al salir del edificio nos sorprendió un óscar auténtico de Hollywood que recibió el director artístico de la película “Zorba el griego”.
Cruzamos por última vez la Plaza Sintagma y paseamos por Plaka, entramos en la misma tienda de mis pendientes y me compré el medallón a juego, todo me costó 87 €. En la confluencia de Areos con Adrianou contemplamos por última vez la biblioteca de Adriano del año 132 de C con columnas corintias y un amplio patio de mármol.
Nos dirigimos al Hotel sorprendidos por los numerosos perros que habitan en Atenas, al parecer en número de 150000 y de allí en Metro al aeropuerto, acabando nuestro precioso viaje. Nos gustó mucho la gente de Atenas, de aspecto poco helénico y sí turco, quizás debido a los 400 años de ocupación otomana, pero no nos gustó, aunque sea imposible cruzar en un tiempo la calle, ya que el semáforo verde para los peatones no dura apenas tiempo, la ciudad es un poco caótica pero es inolvidable el Partenón y el Ágora...